Cuando en el 2015 el campesino Eduardo Álvarez Chacón, un hombre sencillo, de campo, poco hablar y de mucho trabajo, se decidió emprender la cría intensiva de patos para la producción de carne, no tuvo la menor duda de que los marcados objetivos hacia esa noble iniciativa estaban en correspondencia con la intención de aportarle al pueblo mayores beneficios alimentarios.
Desde su Finca 17 de Mayo, ubicada en el Consejo Popular (CP) Mayarí Arriba, promovió esa atrevida propuesta consciente de que era considerado el pato pekinés una de las aves domésticas más útiles, versátiles y agradecidas a un vehemente cuidado y atención esmeradas.
Manifiesta con orgullo, que asumió el reto de su crianza intensiva como una actividad con considerables perspectivas económicas, fuente de empleo para los pobladores de la zona y soporte alternativo de entrega de proteína animal de calidad al país.
Los meses iniciales del 2015, marcaron el inicio de esta compleja ocupación, exactamente en un sitio colindante con la carretera que conduce hacia la demarcación de Mícara Militar. Allí, en una superficie de 0,2 hectáreas (ha), junto a otros cinco trabajadores -de ellos dos mujeres- desafía las ventajas que se tornan obvias cuando se reconoce en estas aves la capacidad de vivir en condiciones ambientales desfavorables, resistir enfermedades y parásitos y producir una carne excelente.
Este destacado productor -con más de dos décadas dedicadas a los quehaceres del campo- es conocido popularmente en la zona como Tin Tin. En la Unidad los resultados económicos del pasado año fueron muy favorables, al sobrepasarse todas las expectativas. En ese sentido sobresalió la ceba de unos 20 000 animales, que aportaron alrededor de 420 000 pesos, mientras con mayores experiencias y consagración al trabajo se enfrascan en hacer del 2019 una etapa superior en todos los aspectos del trabajo.
Con solamente un día de nacido llegan cada dos meses y medio más de 5 000 patos procedentes de la provincia de Las Tunas a ese centro de cría, donde son atendidos en su engorde mediante el uso de una rústica tecnología acorde con la minimización de los costos y la obtención de utilidades económicas. Cabe destacar que concluido el ciclo del proceso de desarrollo se comercializan las aves con peso promedio de 4,5 a 5 libras
En pleno quehacer laboral encontramos a las jóvenes Yudith Lago Marcine Núñez y Maidelin Rodríguez Zapata, de 19 y 25 años, respectivamente, quienes a pesar de tener poco tiempo integrada a esta actividad, ya se identifican íntegramente con el esmerado manejo y cuidado exquisito de las aves, además de su alimentación y salud.
Es un trabajo complejo y muy interesante, entretenido y de mucha identificación con los animales, comenta Yudith quien argumenta estar contenta y sentirse útil al igual que su compañera Maidelin. Estamos contratadas y no escatimamos esfuerzos para emprender en un momento determinado otras tareas como moler caña para preparar el pienso criollo.
Expresa Tin Tin, que los resultados económicos de la cría de patos redundan en buenos salarios promedio de los trabajadores, quienes además reciben sus estimulaciones, así como una mejoría ostensible en su atención integral. Esos resultados van muy a tono con la mortalidad animal en cero, garantía de la base alimentaria y un sentido de pertenencia del colectivo, perteneciente a la Empresa Agroforestal Segundo Frente.
Coinciden los trabajadores, en que la actividad reclama de muchos esfuerzos y sacrificios particularmente durante los primeros 15 a 20 días de vida de los patos. A decir de Tin Tin se llega todos los días a las cuatro de la mañana, otras veces a media noche mientras se regresa a casa ya acaeciendo la tarde, aquí no hay domingos porque esas aves necesitan permanente atención ya que si como apunta el dicho “el ojo del amo engorda al caballo”, entonces los de Tin Tin también engordan los patos.
Hacia nuevos proyectos apuesta la “17 de Mayo”, que aspira abrirse novedosos horizontes hacia la crianza de ovinos caprinos, como fuentes de producción de carne. En sus campos se fomenta la moringa, la letonia y la caña, que garantizan y consolidan una fuerte base alimentaria.
Por el momento, Tin Tin sigue sonando al compás del croar de los patos y el empuje de su gente, que no deja de afirmar que el empleo de los recursos propios de la tierra aporta a la vida de los seres humanos.
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