“Querida tía perdóname si no te había escrito antes… de mí te diré que estoy en Lubango…”
A principios de noviembre de 1958, luego de haber propinado una aplastante derrota a la ofensiva de la tiranía batistiana, el Ejército Rebelde iniciaba la batalla decisiva en Oriente, cuyo punto final debía ser la ciudad de Santiago de Cuba.
Con esas palabras concluyó José Martí un patriótico discurso, el 17 de febrero de 1892, en Hardman Hall, Nueva York, ante emigrados cubanos, luego de un recorrido por Tampa y Cayo Hueso. Por eso, esta pieza oratoria pasó a la historia como La oración de Tampa y Cayo Hueso.

