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El crimen de Barbados: ¿CONCIENCIA LIMPIA CON 73 VIDAS TRUNCADAS?

40barbados crimen ollerNo es que cada 6 de octubre la herida vuelva a abrirse. Es que nunca ha cerrado. Cuba desde aquella tarde del atentado a una nave de Cubana de Aviación en Barbados, jamás ha dejado de llorar a sus hijos, masacrados junto con norcoreanos y guyaneses en nombre del terrorismo y por el solo hecho de ser el nuestro un país digno, independiente, que no claudica.  

Sobrecoge una y otra vez, y así a lo largo de 39 años, la grabación de los últimos instantes a bordo del avión. Cuántos sueños se fueron al fondo del mar en medio de la desesperación, de la impotencia, de la entereza de la tripulación que trató hasta el momento postrero, de salvar la nave y su carga preciosa de vidas.

Duele más el Crimen de Barbados, porque casi cuatro décadas después, la ignominia de sucesivos gobiernos norteamericanos ha consentido que con lacerante impunidad, criminales confesos como Orlando Bosch y Posada Carriles insulten el sentimiento de familiares y de la nación cubana.  

Mucho antes de morir apaciblemente en Miami, en abril de 2011 a los 84 años, Bosch dijo en Estados Unidos que si tenía que hacerlo de nuevo (explotar otro avión cubano) lo haría; que en definitiva, dentro de la nave iba un grupo de negritas y negritos comunistas.

Jean Guy Allard, en “Cubadebate”, en agosto de 2004 recordaba que el Sustituto del Procurador General de USA, Joe D. Whitley, para nada simpatizante de Cuba, en mayo de 1989 negó a Bosch el asilo que solicitaba, al describirlo “como un terrorista, que durante 30 años, ha sido resuelto e intransigente en su abogacía de la violencia terrorista. Ha amenazado y desarrollado actos de violencia terrorista contra numerosos blancos, incluyendo naciones amistosas hacia los Estados Unidos y sus más altos oficiales. Sus acciones han sido las de un terrorista, exento de las leyes y la decencia humana, amenazando e infligiendo violencia sin consideración a la identidad de sus víctimas”. Y Whitley ordenó la deportación de Orlando.

Pero jamás Bosch, “cerebro del crimen de Barbados”, fue expulsado de USA y más bien en 1990 “recibió el perdón presidencial de George Bush (padre)”. Orlando aparece entonces “como posible cómplice de Luis Posada Carriles”, en la organización de los atentados en La Habana en 1997, que costaron la vida del joven italiano Fabio Di Celmo.  

Otro de los “asesinos de Barbados” sin castigo aún, es Luis Clemente Faustino Posada Carriles, quien a sus 87 años pinta tranquilamente en Miami, y a la vez no ha dejado nunca de atentar contra el pueblo cubano y otros países, algo que jamás ha ocultado. Él y Bosch prepararon el plan y hasta los explosivos que hicieron estallar la nave aérea en pleno vuelo, con 73 personas a bordo.

Por el motivo precedente, los dos: Orlando y Luis Clemente fueron enjuiciados en Venezuela, junto con Hernán Ricardo y Freddy Lugo quienes colocaron los artefactos explosivos en el avión.

Increíblemente, con un historial terrorista que asombra, Bosch es indultado y contra toda lógica, porque tenía cuentas pendientes con la justicia en USA, entra en ese país, siguió allí sus actividades terroristas, reconoció muchas veces lo que hizo en Barbados en 1976, y como ya señalamos, murió apaciblemente en el “paraíso de la indolencia”.

Faustino también hizo lo suyo: salió como “perro” por su casa por la puerta principal de la cárcel venezolana y desde entonces “ha trabajado” casi abiertamente contra Cuba y otros pueblos latinoamericanos; incluso detenido junto con otros terroristas en Panamá por planificar el asesinato de Fidel Castro, en el que por lógica perecerían cientos de estudiantes y profesores panameños, “olímpicamente” fueron indultados por la presidenta Mireya Moscoso, quien terminó en el istmo, se fue a Miami y allí ha dicho que llegado el momento los volvería a indultar. 

En fin, ahí sigue en USA el viejo Faustino, quien a los 87 años parece empeñado en ser artista de la plástica, quizás para retratarse él mismo con Dorian Gray en la memoria.

Esas posturas de las autoridades y la justicia norteamericanas en relación con terroristas confesos; esas palabras de la ex presidenta panameña laceran los sentimientos de los familiares de las víctimas y de todo el pueblo cubano.

Igual que llena de indignación saber que Freddy Lugo, hoy taxista en una ciudad venezolana, diga que tiene la conciencia limpia, como le expresó al periodista Simón Romero que lo entrevistó en Caracas para The New York Times. Dijo más: Que no siente  remordimientos por la muerte de 73 personas, incluyendo varios jóvenes del equipo de esgrima de Cuba. “Soy un hombre normal. Soy inocente. Ahora vivo tranquilo y tengo la conciencia limpia.”

Increíble hasta donde puede descender moralmente un ser humano. ¿Acaso cree que los 17 años de cárcel que cumplió enmiendan el crimen horrendo que cometieron él y Hernán Ricardo Lozano (ni se sabe el paradero de Hernán), al dejar en el baño de la aeronave, un tubo de pasta dental Colgate lleno de C4 que hundió en el mar la esperanza de 73 personas inocentes. Seguramente ya no le quedará un céntimo de los 16 000 dólares que cobraron por el “trabajo” para repartirse a partes iguales.

Pero como la Revolución cubana es tan inmensa y como la vida reserva tantos intríngulis, quién niega que Lugo en Venezuela, o Hernán donde esté, ante un padecimiento o urgencia de ellos o de sus familiares, tengan que ser asistidos por alguno de los miles de médicos cubanos que prestan su servicio en la Patria del inolvidable Hugo Chávez o en cualquiera de las decenas de naciones hasta donde llega la colaboración médica de este archipiélago caribeño al que Freddy, Ricardo, Bosch y Posada llevaron ese dolor eterno y permanente que nos invade desde la tarde del 6 de octubre de 1976.

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