Y la familia del médico…

Categoría: Especiales
Escrito por Milagros Alonso Pérez/Foto: Tomada de Internet
Visto: 380

medicoMaría se levanta todos los días, un poco demorada por el agotamiento del día anterior. Ella es educadora, una de las dos profesiones que desempeña aparejado con ser madre, pues, aunque la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba   -como todas las instituciones educacionales del país- no se desarrolla en presencialidad, enseñar en la distancia mediante las nuevas plataformas tecnológicas es tarea de titanes.

Ella tiene dos niños: uno adolescente y la otra apenas cuenta con tres años. En esta época de proezas y grandes hombres, tras estas verdades también se hallan otras aún más admirables. La protagonista, una santiaguera de carne y hueso cuya historia puede encontrar ecos en cualquier parte de la provincia, del país, o más allá de nuestras fronteras, es la esposa de un médico.

El padre de sus hijos desde el día cero de la pandemia del nuevo coronavirus no ha tenido descanso. Se despierta a primera hora de la mañana, le da un beso rápido a sus tres amores, y se dirige a atender a sus pacientes.

Un día normal para él constituye un sinfín de efectuar test de antígeno en tiempo real, diagnosticar pacientes por la especialidad de Medicina Interna, y realizar jornadas interminables de igual número de horas. También ha estado en Zona Roja y, aunque es un doctor joven pero de experiencia, a veces le confiesa a María, su compañera de vida, que parece la historia de nunca acabar.

Sus nervios de acero han sido testigo de todo cuanto hace un sistema de salud sin suficientes recursos materiales para solucionar a cuatro manos la vida de cada individuo, a merced de una enfermedad que se comporta como si no tuviese fecha de vencimiento. En tanto la esposa escucha con paciencia, y calla sus propias preocupaciones.

Esas que le cuenta a esta reportera como si fuesen, más que consternaciones, anhelos: que su familia siempre preserve la salud, volver pronto a las aulas con la vacunación al 100 % en la población cubana, la erradicación de casos positivos al virus, no más fallecimientos por Covid-19, y que su esposo vuelva a sonreír, a no lamentarse más por algún paciente perdido.

En tanto María espera, calla, no se impacienta, enjuga lágrimas, malestares emocionales, aconseja y a la vez, educa, cocina, lava, limpia, friega, plancha, amamanta, comparte con sus hijos los juguetes, las ilusiones, y la inocencia de la infancia. Pero sobre todas las cosas, espera al médico, al ser humano, a su esposo, su familia, su otra vida…

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar