Gratitud y admiración infinita motivan estas líneas. Respeto por el valor, la entrega y la resistencia de nuestros profesionales de la Salud durante estos 17 meses de pandemia.
No puedo hablar de ellos sin que la emoción me colme, pues estoy convencido de que los sanitaristas cubanos son los mejores del mundo. Y no lo digo solo por sus logros en indicadores como la mortalidad infantil o la esperanza de vida, en los que este país se compara con las naciones desarrolladas; sino porque han dado muestras de cuánto bien puede hacerse cuando se pone la ciencia y el corazón al servicio de la humanidad.
Y eso lo decimos con orgullo, no para vanagloriarnos ni cerrar los ojos ante las dificultades que urge erradicar en los servicios médicos; lo decimos porque es justo reconocer la inteligencia, la sólida preparación, la voluntad y la resiliencia de las mujeres y los hombres que sostienen con su quehacer el sistema de Salud.
No es casual que en esta provincia transcurrieran con éxito las tres fases de ensayo clínico del candidato vacunal Abdala; que durante seis meses de 2020 nos mantuviéramos sin transmisión autóctona y con solo tres defunciones por Covid-19; que no hayamos llegado a niveles extremos de transmisión del coronavirus, a pesar de la circulación de cepas más contagiosas. Todo eso es fruto del sacrificio y la consagración de nuestros sanitaristas, y lo han hecho en medio de carencias materiales y de un bloqueo económico que ningún otro pueblo ha tenido que enfrentar.
Por eso, ahora que el virus azota con más fuerza, y el cerco estadounidense obstaculiza la importación de oxígeno y la adquisición de recursos para estabilizar la producción nacional, Cuba vuelve la mirada y el alma hacia su ejército de batas blancas.
Confiamos en sus conocimientos, en su responsabilidad y, sobre todo, en su amor por la vida y por la Patria. Cuando se sientan vencidos por el estrés y el cansancio, recuerden que son los protagonistas de una de las obras más hermosas de la Revolución. Con su labor impulsan un sistema sanitario que se distingue por su eficacia en la prevención, por su enfoque holístico y comunitario, por su humanismo a toda prueba, y por el alto nivel científico de sus profesionales.
Nuestros médicos, estomatólogos, enfermeros, tecnólogos, técnicos y estudiantes son el triunfo de la voluntad sobre la perfidia de quienes intentan doblegarnos por hambre y escasez. Y como van por el mundo sembrando vida mientras otros siembran terror y muerte, millones de personas los consideran símbolo de la virtud humana.
Sabemos que están trabajando en condiciones muy difíciles, con una sobrecarga importante... Como un soldado más en esta guerra, les pido constancia y fe en la victoria. Sigan luchando por curar también lo mal hecho, la insensibilidad, la indisciplina, la indolencia, el maltrato a los pacientes y el oportunismo, que tanto daño hacen.
En circunstancias tan adversas como las actuales aparecen los miserables de alma que intentan lucrar a costa del sufrimiento ajeno y de los recursos que el Estado pone a disposición de las instituciones sanitarias. También están los que violan protocolos, irrespetan al paciente; los que no están dispuestos a sacrificarse por el bien colectivo... sean implacables contra esas actitudes.
La labor asistencial exige devoción, entrega y principios éticos que un buen profesional jamás violará. La esencia de la medicina cubana es el servicio a los demás... es tocar al paciente, preocuparse por sus sentimientos, por sus necesidades; es cuidarlo como a un familiar... La palabra de aliento y la sonrisa de un médico, transmiten seguridad, optimismo... y eso también es buena praxis.
Un verdadero profesional de la Salud jamás mira por encima del hombro ni es descortés con ningún paciente.
Como nos enseñó Fidel, “ser médico requiere una sensibilidad exquisita, una gran calidad humana, gran capacidad intelectual y una moral a toda prueba”. Santiago no espera menos de su ejército de batas blancas: ustedes son los héroes de esta batalla.
Lázaro Expósito Canto
Miembro del Comité Central y Primer secretario del Partido en Santiago de Cuba