El ingeniero ecuatoriano Italo Navarrete comparte con participantes en la VI Conferencia Internacional de Peligrosidad, Riesgo geológico e ingeniería sísmica y de desastres vivencias del terremoto que sacudió su país el pasado 16 de abril.
Fuera del programa oficial, en improvisados intercambios con colegas, el experto residente en la ciudad de Porto Viejo, capital de Manabí, la zona más golpeada por la descomunal sacudida, muestra en su teléfono celular fotos de aquel panorama devastado y comenta, aún estremecido, algunos recuerdos.
Docente de la Universidad Técnica de esa provincia, Navarrete evoca que ese día, minutos antes del temblor, se preparaba con su familia para partir hacia la playa y justamente en el recorrido planeado se quebraron edificios y se abrió la tierra en diversos tramos.
Por suerte, no lamenta la pérdida de familiares cercanos ni daños considerables en su vivienda, pero se refiere a casos de personas conocidas que atravesaron esas situaciones, como un colega que estaba en Cuba en acciones de superación profesional y desde aquí conoció la muerte de sus padres.
"Lo primero que hice fue buscar a mi familia, incluida mi madre de 92 años. Sentí que el suelo se movía a ambos lados y que de momento me lanzaba. Una experiencia tremendamente horrible: golpes, ruidos, algo estrepitoso", agrega el ingeniero eléctrico que cursa su doctorado en la Universidad de Oriente.
Rememora la caída de edificios muy cerca de su casa y aunque pudieron influir problemas constructivos en algunos casos, considera que el impacto fue demasiado fuerte para la resistencia de los inmuebles.
El técnico ecuatoriano se refiere al terreno de una finca de unas cuatro hectáreas que se abrió como unos 30 metros; a un puente cercano a Porto Viejo que al expandirse "se tragó" varios vehículos y a una parroquia rural donde algunas casas fueron partidas en dos.
Las inundaciones que acompañaron los negativos sucesos de aquel sábado complicaron más la situación e hicieron que la superficie de la tierra fuera más susceptible aún ante la veleidad de sus profundidades.