Están jugando al Monopolio. La suerte no sonríe a uno de ellos, pues en cada lance debe ir a la cárcel. "¡Contra, papi, tú siempre caes preso!", lamenta el hijo".
De pronto, el "reo" levanta una tarjetica: Usted ha sido puesto en libertad, dice. El muchacho reacciona veloz: "¡Corre, papi, vamos a ver al oficial! ¡Estás libre!"
El padre ríe la ingeniosidad del hijo. Hace cinco años que no se ven y, a pesar de todo, ambos son felices porque están juntos otra vez.
La escena tiene lugar a mediados de mayo pasado en la penitenciaría de Florence, estado de Colorado, una de las seis prisiones de máxima seguridad (super max) de Estados Unidos, donde han confinado a Antonio Guerrero Rodríguez.
El mundo es nuestro.
"Era muy serio, respetuoso, lo que se dice un caballero", dice con su voz musical esta mujer, cuyos encantos embrujaron al joven hace 20 años.
Delgy Cabrera Puente conoció a Antonio Guerrero en el Kiev verde y romántico de fines de los 70, cuando estudiaba Economía del Trabajo y él, Ingeniería Civil en Construcción de Aeródromos.
En las vacaciones de 1980, Tony vino a Santiago de Cuba a conocer a los padres de su novia. Al año siguiente, ya estaban casados.
La boda fue muy sencilla, dicen las fotos de entonces. Pusieron flores en el mausoleo a Lenin en la Plaza Roja de Moscú y en la tumba al Soldado Desconocido. Se besaron en medio de la calle y tomaron un trolebús de regreso.
"Era dirigente de los estudiantes cubanos en la ciudad. Primero, responsable de Deportes y Recreación; y luego, Jefe de Ciudad.
"Decía que como esposa suya debía dar el ejemplo y me arrastraba a cuanta actividad organizaba. Hasta en un equipo de baloncesto tuve que jugar".
El amor de los jóvenes trajo a Antonio Guerrero a vivir a Santiago de Cuba en 1983. El aeropuerto santiaguero fue su estreno laboral.
Tras varios intentos infructuosos, la primavera de 1985 puso en brazos de Delgy y Antonio la razón por la que, a pesar del naufragio de su amor, hoy tienen motivos comunes de preocupación y felicidad.
"El día que nació Tonito, Tony estaba loco de contento. Hasta hubo que sacarlo del salón de parto, no sé cómo pudo entrar allá".
¿Siempre quiso un varón?
"Siempre. Y con su nombre. Yo le decía: 'Vamos a ponerle Marco Antonio'; y él que no, que sólo Antonio".
¿Y qué tal como padre?
"Se las manejaba de lo mejor. Fue un padre de lavar y planchar paños, de preparar biberones, llevar al círculo infantil y traer.
"Y muy preocupado por Tonito, que era asmático y alérgico, siempre tenía algo.
"A veces se llevaba al niño para el zoológico con su pomo de agua y todo lo demás, mientras yo estaba de quehaceres en la casa. Se las arreglaba muy bien".
En 1989, la relación conyugal se disuelve y al poco tiempo Tony regresa a la capital cubana, donde su madre, hermana y otros familiares.
Por 1991 -Delgy no puede precisar-, "a las seis de la tarde me llamó por teléfono. Ese mismo día se iba del país y quería saber de su hijo.
"En verdad, mientras permaneció en Santiago, luego de nuestra separación, llamaba todos los días para saber del niño".
Siempre ileso.
El hijo santiaguero de Antonio Guerrero apenas tenía cinco años cuando su padre retorna a Ciudad de La Habana. Volvería a verlo por unos pocos días en 1997, en ocasión de su visita a Cuba.
Y siete días en mayo pasado, en la penitenciaría de Florence, Estados Unidos.
Ha sido, sin embargo, un padre siempre presente. Gracias al teléfono, la unidad entre las familias habanera y santiaguera. Y... Delgy.
"En todos los casos siempre le ponía ejemplos de cómo hubiera actuado su padre, en la casa o en sus deberes sociales.
"Sin conocer aún la labor de Tony en el exterior, mucho antes de que fuera declarado Héroe, consideré que sus cualidades de responsabilidad, seriedad, laboriosidad, carácter cariñoso, ayuda a los demás, debían guiar a Tonito.
Mérito de una madre, empeñada en alimentar en su hijo el recuerdo y las virtudes del padre, aunque para casi todos quienes le conocieron -y de ella misma, por supuesto-, Antonio Guerrero había renunciado a su vida revolucionaria anterior.
En el propio septiembre de 1998, Delgy conoció de la detención de Antonio con quien había hablado por teléfono días antes.
"Él no quería que Tonito supiera lo que estaba pasando. Las veces que podía llamar hacía como si no pasara nada y el niño -entonces con 13 años- ajeno a todo.
"Estuvo mucho tiempo sin llamar -17 meses en el hueco- y Tonito, ajeno. Pero llegó un momento en que no soporté más esa situación y le conté lo que podía".
Tú eres.
La verdad apuró la madurez de Tonito Guerrero, ahora con 17 años, joven comunista desde marzo de este año y alumno de undécimo grado en el preuniversitario santiaguero Cuqui Bosch.
Tiene predilección, dice, por las Matemáticas, Física e Inglés. Reconoce que debe leer más -y es un compromiso con el padre- y asumir más en serio la Computación. Quisiera estudiar alguna ingeniería.
Es aficionado al baloncesto y al ejercicio físico en general. Mide 1,78 m y está musculoso. También le gusta la música de moda y tiene muchos amigos "... y amigas", enfatiza.
Cuando el padre lo abrazó el mes pasado, quedó impresionado por su figura: "¡Mira a mi hijo!", "¡Este es mi hijo!", decía Tony, loco de contento y asombrado por el estirón de aquel muchachito, a quien vio por última vez cuando terminaba el sexto grado.
"Él me preguntaba de todo. La escuela, si ayudaba a mami. A él siempre le han interesado mis cosas, le gusta saber de mí, cuál va a ser mi destino. Yo le cuento lo que me pasa y él me ayuda y aconseja".
Di "por favor"siempre, Mira a los ojos de las personas, Admite tus errores, Guarda los secretos, Aprende a tocar un instrumento musical, Baila, Saca la basura; Si tienes que pelear, pega primero y duro; Aprende a identificar las flores, los pájaros y los árboles, Respeta y ama a tu mamá, ...
Es apenas una mínima parte de lo que el propio Tony tituló "Guía para mi hijo y de muchas formas mi profesor", y a quien el Héroe prisionero considera su continuidad, su ser más allá.
No te defraudaré.
"Él ve por los ojos de Tonito. Es pura devoción", me dice Mirta, la madre, quien crió a sus hijos "en un espacio de amor y relaciones humanas muy buenas, en contacto con mucha gente".
Hurgamos en las causas que hicieron de Antonio Guerrero un "padre maravilloso", como lo califica Irma, su ex suegra santiaguera.
"Siempre fuimos una familia muy unida y alegre. La armonía es una tradición, desde las generaciones anteriores", recuerda Mirta, que el mes pasado cumplió 70 años.
"Y su padre fue también magnífico. En materia de educación, aprobaba mis decisiones. Yo me iba de guía de pioneros con la escuela de los muchachos y también respetaba la autoridad de los maestros".
El padre de Tony muere cuando el niño apenas tiene 11 años. Pero su huella ha prendido en el hijo, que responde con amor al amor recibido en la infancia.
Ya condenado a prisión perpetua, Tony remonta sus recuerdos y dedica todo su lirismo a aquel que tus sueños llevaba de la mano y a mi firmeza pongo tu renombre (No te defraudaré, 18 de junio de 2001).
...hay futuro si te creces.
Los días entre el 4 y el 19 de mayo pasados, Mirta y Tonito pudieron compartir con Tony, en la penitenciaría de Florence.
¿Cómo está tu padre?
"Está bien. Dice mi abuela que lo encontró mejor que cuando estaba en Miami. Aquí ha cogido sol, hace ejercicios y está más repuesto físicamente.
"Tiene un radiecito, pero es casi imposible escuchar emisoras cubanas. Comparte la celda con otro cubano. Hay como 40 cubanos allí. Ellos lo respetan y lo cuidan.
"Dispone de 300 minutos para llamadas telefónicas al mes, que distribuye entre mi abuela, su novia Maggy, los compañeros de Washington, mi hermanito Gabriel -en Ciudad de Panamá- y yo".
"Gabriel Eduardo nació en la misma fecha que Tony, el 16 de octubre", agrega Mirta, "ahora va a cumplir 10 años".
"Aún no lo conozco, pero he hablado con él por teléfono. Mi hija sí. Ella lo ha visitado varias veces. Duerme, juega y habla bastante con el niño, a quien le gustan mucho los dibujos que Tony le manda, pero pregunta por qué su papá no va a verlo".
¿Cómo pasa sus días?
"Lee y escribe mucho. Creo que escribe un poema todos los días. Está trabajando en la lavandería.
"Ahora sí, es muy bueno en ajedrez y algunos presos lo reconocen.
"Recibe muchas cartas".
Háblame de la prisión.
"Es grandísima. Las visitas son todos los fines de semana. Los viernes de 5:30 a 9:00 p.m. y sábados y domingos de 7:00 a.m. a 3:00 p.m.
"No permiten entrar ni sacar nada. Un poema que le hizo a mi abuela por el Día de las Madres tuve que aprenderlo de memoria y luego transcribirlo en el hotel.
"Usan un uniforme beige con tenis, pero para recibir visitas deben cambiarlo por uno azul y sandalias. Desde que llegamos hasta poder verlo pasa casi una hora, por los trámites y chequeos de seguridad".
¿Cómo se sintió con la visita?
"Él sabía que yo iba. Me puse una ropa suya, de cuando vino en 1997, para que se diera cuenta de cuánto había crecido.
"Conversamos de todo, me preguntó de todo. Y llegamos a varios acuerdos. Me hizo prometerle que tendría de novias a buenas muchachitas, que leería al menos una página diaria y comería muchos vegetales.
"Él se comprometió a estar toda la vida con Maggy, leer lo más posible, comer más y cuidarse mucho.
"Me dijo que concluiría su parte de acuerdos y enviaría la lista para que yo agregue los míos.
"Nos sentimos muy felices. En la despedida, yo estaba medio triste, pero él nos dijo que debíamos sentirnos unos triunfadores por habernos podido encontrar".
Este domingo, Tony y su padre podrán decirse mucho. Podríamos hasta anticipar ese diálogo:
Hijo: ¿Cómo estás?
Padre: Sigo en pie por amor, por cosas mías
Hijo: Te echo de menos
Padre: No creas que al volver antes estuve
ausente de tu verde pradera,
yo he vivido en tu cielo y en tu nube
soñando sin cesar que estoy volviendo
y al despertarme igual no me sorprendo
de andar por tus caminos todavía.
Hijo: Estoy esforzándome por cumplir lo que acordamos
Padre: Vive un millón de amores cada día
levántate al clarín que da la vida
en tu enorme sonrisa se confía
para seguir la obra acometida
Hijo: Te quiero mucho
Padre: Tú eres mi mano,
si a lejanos amigos no puedo saludar.
Tú eres mi voz,
si en tribunas de ideas no puedo denunciar.
Tú eres mi risa,
si a la hora más pura no puedo consolar.
Tú eres mi sueño,
si llegado el momento no puedo soñar.
Hijo: ¡Felicidades, papá!
NOTA Todos los versos corresponden al poemario Desde mi altura, de Antonio Guerrero, Editorial José Martí, 2001.