Escribirte una carta quizás sea repetirme entre tantos testimonios de afectos, sin embargo, me resulta imposible negártela, justamente cuando cumples 46 octubres aislado, pero a la vez muy cerca de todos los que te aman.
Las palabras en la pluma de esta periodista apasionada no están escogidas al azar, cada línea es el sentir de tu pueblo, el amor de santiagueros, cubanos, amigos y hasta desconocidos que aguardan tu regreso, para verte una vez más sonreír, como solía hacerlo aquel ingeniero en construcción de aeródromos devenido en héroe, juzgado y condenado a un infierno.
¡Ya comencé! ... entonces ¿qué decirte?
Que tu Santiago sigue siendo el mismo: rebelde, hospitalario y heroico siempre, pero no por parafrasear una cita hecha historia, sino porque sus hombres y mujeres continúan derrochando valentía y sacrificio; porque sus calles y muros siguen siendo pedestal de un héroe; porque no hay puerta que se cierre al llamado de la Patria; porque no hay rincón que no evoque tu regreso, reclamando justicia.
Te contaré, que los anhelos de Mirtha, esa tierna mujer que te dio la vida y que está dispuesta a entregar hasta la suya, por defender la libertad que preservabas, son compartidos por cientos de madres que en el mundo te sienten hijo, y esperan de ti esa firmeza mantenida por seis años de encierro.
A favor o en contra podrán soplar los vientos que acompañan la decisión de los jueces del onceno circuito de apelaciones de Atlanta, sin embargo, por más crudo y fuerte que sea tu destino, los sueños que defendiste siguen libres, y se dibujan en rostros felices de niños como Rey, Félix o David, mis pequeños príncipes, que te esperan para ganarte una partida de ajedrez, igual a la jugada esta semana a pesar de la distancia, con 36 pioneros de la Escuela de Talentos, o para declamarte uno de tus poemas, esos que han sido musicalizados por prestigiosos intérpretes y recorren el mundo como un canto de paz y esperanza.
René, Fernando, Gerardo, Ramón y tu Antonio, serán el ejemplo de esta juventud que se levanta, que tiene el privilegio de reír, que no ha vivido en carne propia los designios de la guerra, porque ustedes velaban nuestro sueño sin importar cuán grande y poderoso fuera el monstruo.
A ti Antonio, hombre sin guerras, Guerrero de apellido, pero lleno de paz, como profesas en uno de tus versos, te sobrarán años para reconstruir anhelos, recuperar ausencias, reanudar planes; vivirás muchos octubres con matices diferentes, donde este aniversario será parte de una historia, que pretendió culpar a cinco inocentes, cuando paradójicamente connotados terroristas eran absueltos.
Para entonces, no tendré que escribirte nuevamente una carta, porque confío en que regresarás y en un abrazo, te haré sentir que has estado estos años al mismo tiempo próximo y distante, pero siempre presente.