Para librar una nueva batalla que la hace trascender como pueblo, está en pie de lucha la Mayor de las Antillas desde el 20 de junio de 2001, cuando fue hecha pública en la prensa nacional la verdad sobre la conducta heroica de cinco patriotas cubanos en las mismas entrañas del imperio.
Imposible es guardar silencio ante la injusticia contra esos jóvenes, declarados culpables en fraudulento y cínico proceso por cumplir el sagrado deber de prevenir a su pueblo de acciones terroristas de la mafia cubano-americana, con la tolerancia y complicidad de las autoridades de los Estados Unidos.
Después de casi tres años de anónimo y ejemplar heroísmo, desde el arresto hasta la indigna decisión del jurado amañado, prejuiciado y bajo presión de autoridades del gobierno, los medios de comunicación y la venenosa atmósfera de Miami, Cuba consideró que había llegado la hora exacta de divulgar la verdad y convocar a la lucha por su liberación.
Una de las primeras demostraciones de hidalguía de los patriotas, fue enviar un conmovedor y valiente mensaje al pueblo de los Estados Unidos, en el cual confesaban su inocencia y revelaban que nunca tuvieron la intención de dañar los valores del pueblo estadounidense ni su integridad, más bien obraban en su defensa.
Ellos constituyen un quinteto de gigantes, según los calificó el presidente cubano Fidel Castro, en una de las primeras Tribunas Abiertas de la Revolución dedicadas a reclamar su libertad, durante la que hizo énfasis en las virtudes de esos hombres cultos, de elevados conocimientos, y profundas convicciones morales y revolucionarias.
Estos compatriotas son René González Sehwerert, instructor de vuelo y especialista en técnica de aviación; Ramón Labañino Salazar, licenciado en Economía, graduado con diploma de oro en la Universidad de La Habana; Fernando González Llort, licenciado en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa; Gerardo Hernández Nordelo, licenciado en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa, y Antonio Guerrero Rodríguez, ingeniero civil en construcción de aeródromos.
Al mirar a cada una de las esposas, madres e hijos de René, Gerardo, Fernando, Ramón y Antonio y comprobar la firme esperanza que sienten de reencontrarse más temprano que tarde con sus seres queridos, recordé los versos de Neruda, cuando escribió: Será dura la lucha/ la vida será dura/ pero vendrás conmigo.
Cronista excepcional del proceso, se convirtió René con su diario -por medio de las cartas que enviaba a su esposa Olga-, al revelar al pueblo de Cuba los pormenores del juicio, y de todo el odio político de los fiscales hacia ellos mediante las condiciones de confinamiento, la manipulación de las evidencias y hasta el uso y abuso de la propia familia para chantajearlos.
Entre ellos hay un poeta de honda sensibilidad y lirismo, Antonio, que escribió en situaciones difíciles su libro Desde mi altura, conocido gracias a la gestión de su madre, Mirtha Rodríguez, y de su novia Margarita. De esa cosecha es Regresaré, toda una profecía.
Gerardo es un caricaturista de fino humor, cultura y juicios críticos en sus obras, y guarda con celo en la celda, entre las cosas más queridas, fotos de Ernesto Che Guevara y Nelson Mandela. Atesora, igualmente, un verso del Héroe Nacional cubano José Martí, enviado por su esposa Adriana, que lo tiene de estrella y almohada y lo retrata de cuerpo entero: "Para los fieles, vengan tarde o temprano, guarda Cuba todo su amor. Para los incapaces de amarla y servirla, basta con el olvido".
Con elevada sensibilidad, disfrutan escuchando las canciones del cantautor cubano Silvio Rodríguez, y han hecho de El dulce abismo y El necio, himnos de amor y combate, por exaltar la fidelidad y el optimismo del que ellos son vivo ejemplo, como bien ha confesado Ramón en cartas a su esposa Elizabeth.
Sus poemas, diarios, cartas llenas de amor, caricaturas, nacidos durante el cruel cautiverio, resultan un arma letal para quienes no conocen de la honra y el decoro.
De hueco en hueco, después de 16 meses de aislamiento y siete meses de juicio amañado, han sido condenado tres a cadenas perpetuas y dos a largas penas de prisión. Y ante tal injusticia, sin precedente en la historia, ellos respondieron con alegatos como Walt Whitman en Canto a mí mismo: "Ahora, en ese punto, me yergo con mi alma robusta".
Cada uno tiene su especial simbolismo; René insinúa: "Seguiremos apelando a esos valores y a la vocación por la verdad del pueblo norteamericano con toda la paciencia, la fe y el coraje que nos puede infundir el crimen de ser dignos".
Gerardo tiene esperanza de que la razón y la justicia prevalezcan sobre los prejuicios políticos y los deseos de venganza. "Pero si así no fuera, me permitiría repetir las palabras de uno de los más grandes patriotas de esta nación, Nathan Hale, cuando dijo: 'Solo lamento no tener más que una vida para entregar por mi Patria´".
"Porque al final reposaremos libres y victoriosos, frente a ese Sol que hoy nos ha sido negado", proclamó Antonio en su alegato, después de citar al poeta uruguayo y universal, Mario Benedetti: "...la victoria estará como yo, ahí nomás germinando..."
Fernando aseguró: "En los años de presidio me acompañará siempre la dignidad que he aprendido de mi pueblo y de su historia", y Ramón dijo: ¡Llevaré el uniforme de recluso con el mismo honor y orgullo con que un soldado lleva sus más preciadas insignias!, como muestra de que son inocentes, y no tienen de qué arrepentirse.
No obstante el cruel encarcelamiento, su posición es inclaudicable, y en cada fecha memorable para la nación ahí está su mensaje de aliento y confianza. Con motivo del 43. aniversario del triunfo de la Revolución reconocían: "No puede haber para nosotros mayor honra que ser parte de nuestro pueblo y fruto de nuestra rica historia".
Y agregaban: "Nos guían las palabras del general Calixto García, el 24 de febrero de 1895, cuando desde su exilio en España anunció su incorporación a la lucha libertaria de Cuba: "... Soy ante todo cubano, y por nada ni por nadie sacrifico mis ideales, que son los de mi Patria..."
Las Tribunas Abiertas de la Revolución son sus trincheras de ideas, que valen más que las de piedra, como vaticinó el insigne patriota de la isla José Martí. En una de ellas, efectuada en el capitalino municipio de Regla, Irma Sehwerert, madre de René, afirmaba convencida, como la Mariana Grajales de estos tiempos difíciles: "Nuestros hijos supieron cumplir el sagrado deber de defender a la Patria".
Un momento excepcional para Cuba ocurrió en diciembre de 2001, cuando en sesión extraordinaria y solemne de la Asamblea Nacional del Poder Popular se acordó otorgarles a los cinco compatriotas el Título de Héroe de la República de Cuba, otro motivo para adentrarse en lo más hondo de los corazones de los cubanos que tenemos el raro privilegio de convivir con hombres de su estirpe.
También fueron condecoradas las madres que los engendraron y educaron, Carmen Nordelo Tejera, Magali Llort Ruiz, Irma Sehwerert Mileham y Mirtha Rodríguez Pérez con la Orden Mariana Grajales, por ser tan patriotas y ejemplares; y con la Orden Ana Betancourt a las esposas, Adriana Pérez O' Connor, Elizabeth Palmeiro Casado, Rosa Aurora Freijanes Coca y Olga Salanueva Arango, que con su amor contribuyeron a forjar esa voluntad de acero que los caracteriza.
El presidente cubano Fidel Castro, colocó en sus pechos esos galardones, en ocasión del 8 de Marzo de 2002, Día Internacional de la Mujer, cuando Ramón, en nombre de sus cuatro hermanos, envió un mensaje de admiración y cariño, "en especial a la mujer primera, la de todos los cubanos, nuestra Patria, Cuba. Por esa dama suprema, continuaremos en combate por la verdad, la justicia y la paz del mundo", advirtió desde su celda 328, en la Unidad Charlie Bravo (C.B).