¿ESPIONAJE CONTRA QUIÉN Y POR QUÉ? PDF Imprimir
Escrito por Rafael Carela Ramos   
Diversas personalidades en el mundo han denunciado, en forma oral o escrita, las violaciones que se han cometido y cometen, desde el punto de vista legal, en el caso de los cinco cubanos prisioneros en cárceles estadounidenses. Cada día, son más los juristas, políticos, escritores, periodistas, religiosos y otros, incluyendo a norteamericanos, que exponen a la opinión pública el carácter injusto y prejuiciado del juicio y la condena que se les impuso a estos luchadores contra el terrorismo.

Uno de los cargos más cuestionados es el de conspiración para espiar contra Estados Unidos. Aunque a los cinco cubanos: Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González, se les califica públicamente como espías, sólo a los tres primeros se les imputó el delito de espionaje.
En el amañado juicio, que duró cinco meses de dura batalla argumental, en condiciones extremadamente difíciles y hostiles, los abogados de la defensa demostraron la falsedad de las acusaciones y, por tanto, la inocencia de los acusados.

Como subrayó Ricardo Alarcón en una conferencia a principios de este año, los acusados no habían realizado ninguna actividad de espionaje, no habían obtenido ni buscado información alguna relacionada con la seguridad, la defensa o cualquier otro interés de los Estados Unidos. Nada hicieron para causar daño a ese país o a sus ciudadanos. No fue presentada ninguna prueba inculpatoria. No apareció ningún testigo que pudiese sostener la acusación.

En tal sentido testimoniaron ex altos oficiales, antiguos jefes del Comando Sur y de distintas agencias, almirantes y generales que habían desempeñado importantes responsabilidades en las Fuerzas Armadas estadounidenses, incluso el general James Clapper, ex director de la DIA (Agencia de Inteligencia del Pentágono), quien compareció en el juicio como experto de la Fiscalía, y que reconoció que los acusados no habían hecho espionaje contra Estados Unidos.

La labor que habían realizado en tierras norteñas "se concentraba, exclusivamente, en infiltrar a grupos de terroristas e informar a Cuba sobre sus planes agresivos. En el juicio fue detalladamente comprobado que desde la Florida se llevan a cabo numerosas acciones terroristas contra Cuba, frente a las que nada hacen las autoridades de ese país y que en consecuencia, en ejercicio de un derecho inalienable, Cuba tiene la obligación de defenderse frente a actividades que, como también fue demostrado, han ocasionado además pérdidas de vidas y graves daños al pueblo norteamericano".

No olvidar que Estados Unidos ha acogido, preparado o han salido de ese territorio, los que derribaron un avión cubano en pleno vuelo, en el que perecieron 73 personas; los que han puesto bombas en hoteles; intentado asesinar a nuestros dirigentes, en particular a Fidel; realizado sabotajes contra la economía; introducido aquí agentes químicos y bacteriológicos que han ocasionado la muerte a personas inocentes, incluyendo a niños y niñas; infestado a animales y plantas, y hasta invadieron el país en abril de 1961.

Toda esa amalgama de violencia terrorista, con un saldo de 3 478 vidas y 2 099 incapacitados, fue denunciada por el pueblo cubano en una demanda al Gobierno de Estados Unidos, por daños humanos, el 31 de mayo de 1999.
Entonces, ¿cómo lograron condenar a los cinco héroes cubanos?

En las sesiones del tribunal quedaron demostradas numerosas violaciones de los procedimientos, que viciaron un proceso de por sí amañado y nulo desde el principio. Los abogados de la defensa, por ejemplo, no tuvieron acceso a la totalidad de las evidencias que sustentaban la acusación; la Fiscalía, en más de una ocasión, introdujo sorpresivamente centenares de páginas de nuevas pruebas o impidió el acceso completo de la documentación; algunos testigos fueron presionados abiertamente por los fiscales, delante de la jueza, a la vista de todos, amenazándolos con acusarlos a ellos también si revelaban determinadas informaciones.

En este sentido, merece un aparte el tribunal que los juzgó, totalmente parcializado, y que actuó en interés de la extrema derecha miamense. Sometido a la intimidación y presiones de la mafia, este se pronunció con desusada rapidez y, sin que mediara una pregunta, observación o duda sobre aspecto alguno del juicio, con un sospechoso veredicto unánime de culpabilidad.

No era para menos. Miami es demasiado peligroso para los que disienten o tienen criterios propios. En el ambiente de histeria creado contra estos cubanos revolucionarios, incluso muchos potenciales candidatos, fieles a la honestidad, hicieron dejación de integrar el tribunal, por miedo a una reacción violenta por parte del exilio cubano.
De este modo se consumó el hecho contradictorio de que en un país víctima de un brutal acto de terrorismo, el 11 de septiembre del pasado año, fueron condenados, injustamente, en un juicio con matiz político, cinco cubanos luchadores contra el terrorismo.

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