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Santiago de Cuba, 15 feb.- El desarrollo de tecnologías que podrían optimizar el enfrentamiento a significativos problemas de salud en Cuba es prioridad del Centro de Biofísica Médica, uno de los principales del polo científico santiaguero.
Dos líneas de investigación emergentes, puntean actualmente el ritmo de trabajo en esta institución, única de su tipo e el país.
Uno de estos estudios consiste en la creación de exoesqueletos que favorezcan el proceso de fisioterapia hasta la recuperación del control nervioso y muscular, explicó el Doctor Alberto López Delis, investigador del proyecto.
Se trata de una tecnología dirigida a los procesos de rehabilitación muscular que coadyuvaría al tratamiento de las consecuencias del ictus, los accidentes automovilísticos o el acelerado envejecimiento poblacional, así como a la atenuación de los costos que estos eventos generan.
Las enfermedades cerebro-vasculares constituyen la segunda causa de discapacidad y demencia en la población mayor de 65 años a nivel mundial. En Cuba ocurre un accidente automovilístico cada 49 minutos y, en consecuencia, una persona resulta lesionada cada 68 minutos, apunta un estudio de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez. Hacia el 2025, declara el diario Juventud Rebelde, si el comportamiento demográfico se mantiene invariable en nuestro país, ocuparemos el primer lugar en la lista de países con elevado índice de envejecimiento: desde 1970 hasta el 2011 el porcentaje de adultos mayores en la población cubana ha aumentado del 9.0 al 17.9 por cada mil habitantes.
Esta tecnología se encuentra en una fase “pasiva” de aplicación, en la cual la presencia del fisioterapeuta es imprescindible para programar la rutina de ejercicios en el microcontrolador -tipo, velocidad y amplitud del movimiento, número de repeticiones.
Más adelante se pretende disminuir la necesidad de presencia humana, mediante el desarrollo conjunto entre Biofísica Médica y la Universidad de Oriente de un exoesqueleto activo para miembros superiores e inferiores, con la capacidad de detección y codificación de la intencionalidad de movimiento a partir de electromiografía.
Sin embargo, la “era de los robots” es aún ciencia ficción: resulta imposible sustituir completamente al ser humano y su inventiva. La utilización de este software y la mecanización de este proceso garantizan mayor precisión en la ejecución de los movimientos durante el proceso de rehabilitación, además de un menor esfuerzo del fisioterapeuta con lo cual aumentaría su productividad, pero sigue siendo imprescindible la vigilancia para el control de los efectos sobre el organismo como el dolor o la fatiga.
Mucho se ha trabajado, pero es mucho también lo que queda por hacer para los investigadores: algunos de los retos inmediatos se enfocan en la validación médica, en lo cual resultaría útil la retroalimentación entre sus dos componentes -médico y mecánico- mediante su implantación simultánea en alguna institución de salud y el Centro de Biofísica Médica, permitiendo además la valoración comparativa del proceso en sus formas manual y automatizada.
Por otro lado, la gratuidad de los servicios médicos y el amplio acceso a equipamiento avanzado, provoca en ocasiones su utilización desmedida. Es el caso de la tomografía computarizada, un método de extrema precisión pero no siempre imprescindible para el diagnóstico clínico, y cuyos efectos secundarios sobre la salud pueden ser significativos.
Otra de las líneas está dirigida a implementar métodos de reducción de la dosis de radiaciones en el empleo de tecnologías de resonancia magnética.
El método ha sido pensado desde un enfoque sistémico que contempla todas las variables implicadas en el proceso, tales como las características del paciente, la modulación del parámetro, los avances tecnológicos disponibles – algunos de ellos producidos por el propio Centro como el sistema “Imagis”, del que recientemente se presentó una segunda versión –, así como los requisitos de calidad de imagen clínica.
El mayor riesgo en el empleo de esta tecnología radica en que, a diferencia de los rayos X tradicionales, la utilización de una mayor dosis de radiaciones, implica una mejor imagen; por tanto, hay una tendencia a priorizar la calidad de esta con el consiguiente aumento del riesgo de mortalidad por la exposición a las radiaciones.
La inclusión y generalización de equipos de rayos X digitales en la red asistencial implica también un aumento en la exposición a mayores dosis de radiaciones, pues a pesar de que es menor la dosis en cada exposición, la facilidad del proceso provoca ciertas negligencias y la sumatoria final de las exposiciones, suele superar las recibidas mediante el antiguo método.
La cifra de reducción es significativa porque los niveles utilizados en Cuba suelen ser muy elevados. Algunos experimentos han demostrado la posibilidad de reducir esta dosis en un 65% para determinados tipos de estudio como las tomografías craneales, disminución que también implica una mayor vida útil del tubo de rayos X lo cual representa un significativo ahorro.
Hoy resulta un imperativo convertir el debate científico en un debate económico, sin que resulte precisamente un enfoque economicista. Los proyectos investigativos deben estar pensados también en función del mercado, tanto por los requerimientos para su desarrollo como por el aporte que pueden significar para la economía del país y nuestras pretensiones de alcanzar la soberanía tecnológica.
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