Luis Alberto Portuondo Ortega
Que aerolíneas y empresas extranjeras cesen sus operaciones y negocios en Cuba se ha vuelto casi cotidiano. Es una realidad que se firma parte del guion para dejarnos sin fuentes de ingresos y aumentar la escasez y el resto de las penurias que tienen su principal e indiscutible causa en una política de estado que los norteamericanos llaman embargo pero que en su cruel práctica es, literalmente, un bloqueo económico, comercial y financiero.
En septiembre de 1958 la aviación batistiana bombardeaba indiscriminadamente las montañas orientales; su objetivo no solo eran los rebeldes sino el campesinado que los apoyaba de manera irrestricta. En uno de esos criminales actos resultó herida la niña Ana María Poll, sangraban su frente y una de las piernas.
Con la conclusión exitosa, el pasado domingo, del proceso de refinación de 20 000 toneladas de crudo nacional, el colectivo de la Refinería de Petróleo Hermanos Díaz de Santiago de Cuba logró "con resultados superiores a la primera corrida de esta fase piloto, la producción de la nafta solvente para nuestros pozos y fuel-oil".
Hay decenas de sitios que son gestionados, en su inmensa mayoría, desde Estados Unidos y que analizan e informan sobre temas cubanos con la lupa del sinsentido. No es más que manipular un hecho actual o del pasado desde una perspectiva que obvia lo positivo y ensalza la etapa neocolonial, añade elementos negativos al proceso revolucionario -no pocos sin fundamento histórico verificable-, y desmonta al bloqueo como la principal causa de los males que nos agobian.
Son innumerables las anécdotas de los santiagueros relacionadas Raúl, y no sería exagerado afirmar que en cada uno de nuestros municipios el General de Ejército haya dejado su impronta; todavía se escucha y tararea aquellas contagiosas melodías de Cándido Fabré: "los que no son de Fidel, esos no son de Raúl", y las no menos famosas "deja que Raúl se entere".
Como digno homenaje a José Martí, en el aniversario 131 de la caída en combate por la independencia de Cuba, una representación del pueblo santiaguero -encabezada por las principales autoridades de la provincia-, se dirigió hasta el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, Mausoleo que atesora sus restos mortales.