Orlando Guevara Núñez
El combate de El Uvero, el 28 de mayo de 1957, al decir del Che, marcó la mayoría de edad de la guerrilla, integrada para esa fecha por sobrevivientes de la expedición del yate Granma, campesinos y obreros incorporados durante los días posteriores al desembarco, más un grupo de combatientes que en marzo de ese mismo año habían subido a la Sierra Maestra, enviados por el héroe de la lucha clandestina, Frank País García.
Antes de 1959, en Cuba se celebraba el 20 de mayo como día de la independencia nacional. Se nos decía en las escuelas que ese día había nacido la República independiente, que había cesado el dominio español y desde entonces teníamos la más plena libertad. Todo eso, se agregaba, gracias a la “generosa ayuda” del gobierno de los Estados Unidos, a quien debíamos eterno agradecimiento.
No hay más que un medio de vivir después de muerto: haber sido un hombre de todos los tiempos, o un hombre de su tiempo”. En esta aseveración martiana pensamos al conocer el fallecimiento del revolucionario santiaguero Carlos Sarabia Hernández. Porque él fue, antes y después del triunfo de enero de 1959, un hombre de esos dos tiempos. Y en ambos nos legó una lección de ideas transformadas en acciones y de acciones traducidas en obras para la construcción y defensa de la Revolución.
No es casualidad que el imperio yanqui. en su demencial propósito de destruir la Revolución cubana, acuda otra vez al engañoso argumento del pluripartidismo como símbolo de democracia. Y no se cansan de fabricar “ héroes” de la contrarrevolución, escogiendo para ese fin las peores materias primas.
Este 3 de mayo se cumplen 68 años del nombramiento de Fidel como Comandante en Jefe de la Revolución cubana. Ese histórico acontecimiento tuvo como escenario la Sierra Maestra, en plena lucha guerrillera.
Hoy, cuando las generaciones presentes de santiagueros –y de todo el país- lean estas líneas, les costará trabajo admitir que en la Cuba de antes de 1959 pudiesen existir ignominias como las aquí narradas. Ofensa grande para José Martí, quien expresó su deseo de que la ley primera de la república fuera el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.