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Movilizar todas las voluntades para avanzar

10 October 2026 Escrito por  Indira Ferrer Alonso

Santiago de Cuba mira al 2030 con una estrategia de desarrollo territorial aprobada y con potencialidades que nadie discute: un puerto de nivel uno, una infraestructura ferroviaria y aeroportuaria que rebasa las necesidades del territorio, y un sector industrial único en el oriente del país. Pero el camino no está exento de obstáculos.

Sobre cómo sortearlos, y el papel que debemos jugar los santiagueros, Sierra Maestra dialogó con el Dr.C. Reynier Limonta Montero, profesor e Investigador Titular de la Universidad de Oriente y director de Desarrollo Territorial del Gobierno Provincial de Santiago de Cuba.

Cuando hablamos de desarrollo y de proyecciones hacia el 2030 en Santiago de Cuba, ¿a qué nos referimos exactamente?

Si lo pensáramos solo en términos de proyecciones, lo acotaríamos a la

Estrategia de Desarrollo Territorial de Santiago de Cuba, aprobada para el período 2024-2030, y en el caso de los territorios, también para un período similar. Es un instrumento de gobierno que, creo yo, es resultado en primer lugar de un trabajo serio de científicos, especialistas y economistas que mapearon las potencialidades de los nueve municipios, las oportunidades, el escenario, el contexto, y diseñaron una ruta a transitar tanto por los directivos y las administraciones como por los sujetos económicos.

¿Cuáles son las potencialidades fundamentales de la provincia con la mirada puesta en el 2030?

En primer lugar, la infraestructura. Santiago es una provincia rica en infraestructura: portuaria, ferroviaria y aeroportuaria, que rebasa con creces las necesidades de los 6 222 kilómetros cuadrados que componen el territorio. Cuando hablamos del Puerto Guillermón Moncada, hablamos del oriente del país. Es considerado un puerto de nivel uno, y por tanto constituye una potencialidad clara para los cuatro millones de habitantes que vivimos al este del río Cauto.

Lo mismo ocurre con el aeropuerto, la terminal ferroviaria, las estaciones de carga y la planta industrial. Recordemos que es el único lugar del oriente del país donde hay una refinería, con toda la implicación que eso tiene, a pesar de las circunstancias. Pero la capacidad instalada es enorme: hablamos de plantas procesadoras como la de soya, grandes industrias de hormigón y piezas, siderurgia, fundición, empresas de electrónica y comunicaciones, producción de alimentos, de rones… Una gama donde el sector secundario de la economía -el sector industrial, para que nos entiendan- tiene un rol fundamental. Y eso es una potencialidad, porque no habría que hacer la inversión completa: la planta existe y las facilidades también.

¿Cómo ha impactado el recrudecimiento del bloqueo en esas potencialidades?

Hay una disminución sensible de las oportunidades. En algún momento decíamos, al analizar la estrategia, que el nudo de estrangulamiento se dirigía más hacia lo financiero. Si antes era el tema económico, ahora, cuando usted realiza una inversión en materia prima de cualquiera de las industrias que hemos mencionado, las formas de pago no están disponibles: los medios para acceder a la plataforma Switch, a los bancos, al entramado de entidades que hacen posible una operación financiera, están vedados para el país.

Eso es un impacto grande, porque muchos inversionistas pueden venir y desafiar las sanciones, pero luego no hay una manera efectiva de repatriar capitales o de hacer una inversión efectiva. Y es una limitación muy fuerte en el sector industrial.

A eso se suma que este se coloca en el mercado internacional, en la cadena global de valor, y por tanto requiere certificaciones a las que Cuba también accede con mucha dificultad.

Nosotros no podemos pensar de ninguna manera en un modelo autárquico. Tenemos que insertarnos en las cadenas globales, porque son estándares internacionales. Y como somos una economía abierta, necesitamos acceso a divisas internacionales para reaprovisionar la cadena de producción del país.

Hasta la misma infraestructura se ve afectada: hablamos de transporte, pero el transporte no tiene combustible. Y las últimas medidas que limitan el acceso de navieras al país han golpeado también la potencialidad del puerto. En el sector no estatal, que atendemos desde la dirección de desarrollo, cerca de 400 contenedores de alimentos se vieron impedidos de entrar solo a Santiago de Cuba. Y lo más grave no es que no entraran, sino que, por decisiones del comercio internacional, los proveedores comenzaron a retornar esa mercancía al origen, lo que hace prácticamente imposible que el actor cubano vuelva a acceder a los precios que habían sido negociados.

¿Es el bloqueo lo único que atenta contra el desarrollo territorial de Santiago de Cuba?

Es muy interesante lo que planteas, porque al final del día es una de las preguntas que más se hace la población, e incluso los actores económicos. Hay un primer escenario: no es normal que para comerciar con usted se necesite una licencia de un país extranjero. Eso de ninguna manera es normal, ni en un escenario jurídico internacional ni en un escenario económico internacional. Esa es una primera anomalía que constituye la política de bloqueo puro y duro.

El otro elemento es que usted tenga que pasar por la overcompliance, como le dicen los norteamericanos, que tiene que ver con la sobrerregulación. O sea, no se trata del banco que ha sido sancionado, sino del banco que no quiere entrar en la regulación por negociar con Cuba y por tanto se abstiene de realizar negocios de ese tipo.

Ese es un segundo elemento. Y la tercera parte es una verdad como un templo: todavía quedan muchas reservas en el país que debemos y tenemos que movilizar, y que no tienen que ver esencialmente con el contenido directo del bloqueo. El inmovilismo, por ejemplo, en materia de desarrollo se paga en años de no avanzar en los indicadores previstos para un municipio o una provincia. Y en el caso nuestro tenemos que seguir avanzando, rompiendo lógicas burocráticas, esquemáticas y de subordinación, dándole mayor brecha a la separación entre funciones administrativas y empresariales, formando empresarios que asuman riesgos, que sean conscientes de que el mercado es rápido, de que se necesita celeridad y prontitud para asumir la solución de determinados elementos. Y eso no necesariamente tiene contenido extrínseco del bloqueo: necesita de un contenido intrínseco que tenemos que seguir resolviendo entre los actores cubanos, tanto administrativos como empresariales.

Para ponerte un ejemplo muy claro: el mercado no espera porque tú no puedas producir una tuerca, porque rápidamente aparecen otras que la cubren. Entonces no es posible que el modelo de dirección empresarial espere diez años para que se produzca ese sustituto.

Ahí hay otro factor: las transformaciones que otorgan mayor independencia a empresas y municipios, pero las personas no están acostumbradas a actuar con esa autonomía.

Falta que la gente se inserte en la dinámica, pero el cambio no puede esperar a que la gente esté preparada psicológicamente. No tenemos tiempo para eso. Hay un proceso de creación de capacidades, y no me refiero a la capacitación ordinaria, que conocemos bastante bien. Se trata de cambiar la mentalidad, de formar una mentalidad rupturista, disruptiva, de pensar fuera de la caja.

En un escenario donde los convencionalismos no le son posibles a Cuba, necesitamos un modelo de empresarios públicos y privados que rompa constantemente lo esperable, lo posible. ¿Por qué? Porque usted hace tres transacciones y ya tiene fácilmente el impedimento para la cuarta.

Por tanto, tiene que asociarse, construir redes, a lo mejor no acceder al mismo mercado seguro, transformar la materia prima que viene… Y esas son decisiones que se tienen que tomar constantemente.

En ese contexto, ¿qué papel juegan la ciencia, la tecnología y la innovación?

Ya que no tenemos tantos recursos ni acceso a ellos, el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación nos tiene que llevar a buscar esa potencialidad hacia adentro. ¿Hasta qué punto hemos aprovechado las capacidades que tenemos en las universidades, en los centros de investigación, en los tecnológicos, en los profesionales, en los científicos, en los innovadores?

Ahí hay un potencial enorme que no siempre se conecta con los problemas reales de la producción y los servicios.

La estrategia de desarrollo territorial tiene que ser, en esencia, una estrategia de innovación. No podemos seguir pensando que la solución viene de afuera, de un barco que llega con todo lo que necesitamos. Eso no va a ocurrir. Tenemos que aprender a producir aquí, con lo nuestro, con nuestra inteligencia, con nuestra capacidad creadora. Y ahí la Universidad de Oriente, los centros de investigación, los polos científicos, tienen un rol protagónico que todavía no hemos terminado de explotar.

¿Cómo se articula todo eso con la participación de la gente, que usted ha mencionado como esencial?

Es que sin participación no hay desarrollo posible. Y cuando digo participación no me refiero a que la gente vaya a una asamblea a escuchar un informe. Me refiero a que la gente se apropie de la estrategia, la sienta suya, la discuta, la critique, la enriquezca y en la práctica diaria.

Porque si la gente no participa, no se siente parte de la solución. Cada santiaguero tiene un lugar en esa ruta del 2030. Y no nos queda otro reto fundamental que lograr que la gente conozca la estrategia para que se apropie de ella. Ahí está otra de las grandes palancas para saltar los efectos del bloqueo y caminar hacia el desarrollo.

No se trata solo de las personas que están en las empresas o en las instituciones, sino también de la gente de la calle. Es imposible construir el desarrollo de un municipio o de una provincia sin las comunidades, sin los grupos, sin las personas.

¿Y dónde están esas reservas que hay que movilizar?

Están en la gente, estén donde estén: jubilados, en el sector privado, en el sector estatal, en una institución, en una unidad presupuestada, en la esquina. Todos esos son agentes de desarrollo. Porque la estrategia no tiene que ver solamente con producción y lugares: tiene que ver con un impacto que debe llegar a lo social.

Si vemos el fin último del desarrollo, al final es el bienestar de las personas. Que la gente sea feliz en el lugar donde nace, donde crece, donde hace su vida social. A eso le llamamos desarrollo social ascendente e inclusivo, y esa es otra de las metas por las que trabajamos.

¿Cuál es el principal desafío para Santiago de Cuba?

En una oración: movilizar todas las voluntades posibles de santiagueros para saltar los efectos del bloqueo y enrumbarnos en la senda del desarrollo. Todas las voluntades son necesarias.

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