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Cuando el talento se impone

25 October 2026 Escrito por 

Todos se conocen y se cuidan entre sí; comentan sobre los eventos y los rigores de integrar la preselección nacional o representar al país en escenarios académicos internacionales, con la misma vehemencia con la que otros de su edad hablan del tema musical de moda o los niveles vencidos en un juego electrónico.

Son muchachos como todos, para ellos, en cambio, la tecnología es herramienta para dominar al conocimiento y el afán por imponerse, desarrollarse, vencer obstáculos,  la mejor diversión, la manera de realizar sus sueños.

Comparten una historia común: la pasión por crecerse en complicadas pruebas teórico prácticas, que les nació desde la Secundaria, y se encauzó en el Preuniversitario, donde sus resultados y aptitudes les llevaron a ser parte del Centro de Atención al Talento (CAT), perteneciente al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Antonio Maceo.

Disfrutan el rigor y la fraternidad de un espacio en el que, como recalca la profesora Marisleydis Laffita, docente de Historia y coordinadora del colectivo de entrenadores, todo se pone en función del desarrollo de sus habilidades, la formación científica, y se tejen lazos con los centros de ciencia y la Universidad de Oriente.

Poner en alto el nombre de Cuba es para ellos el clímax de historias de esfuerzos que suman a entrenadores y familias.

Entre tensiones y algoritmos

Desde que estaba en 9no grado en la Secundaria Básica Espino Fernández, Daniel Alexander Dosil Alsina sabe muy bien sobrellevar las tensiones entre problemas y algoritmos.

 En los primeros topes con alumnos de otras provincias encontró la motivación por la Informática. Su deseo de participar en todos los eventos lo impulsó hasta el concurso nacional, la preselección.

Por eso cuando en el curso 2025-2026, después de un período de preparación intensa, la difícil coyuntura que atraviesa el país, derivada del cerco norteamericano, obligó a la cancelación del concurso nacional y con eso, de la posibilidad de asistir a las olimpiadas, su vida cambió de la ilusión a la frustración en tan solo un mes.

“Había pasado el verano estudiando como un loco, y me sentía con posibilidades de transitar por el ciclo con buenos resultados, así que cuando supe que no habría Olimpiadas sentí que ese era mi año y me lo habían quitado”; relata reviviendo horas amargas.

 Así anduvo hasta que tiempo después conoció que su consagración no había sido en vano, pues como premio a su desempeño había sido seleccionado para participar en la Olimpiada Iberoamericana de Informática 2026, que de manera online tuvo lugar en La Habana este verano.

“El día de la prueba fue el momento que más nervios he tenido en mi vida. Todo el tiempo sentía que no estaba haciendo lo suficiente, pero al final resultó que sí, pues logré obtener una medalla de bronce. Cuando salieron los resultados y me vi entre los ganadores, viví uno de los días más felices. En estos momentos me estoy preparando para ir a la Centroamericana, en noviembre de este año, y espero traer una medalla para Cuba, para Santiago”.

Su compañero en aquel equipo y en el CAT de la Vocacional, Ernesto Alejandro Salazar Coca, también consiguió acceder al podio en la Iberoamericana de Informática, y aportar otra de las siete preseas de bronce que le permitieron al team cubano ubicarse en el sexto puesto.

“En la Iberoamericana nos enfrentamos a preguntas muy complejas, que requerían de mucha capacidad lógica y la implementación de los algoritmos correctos. En esos eventos no se trata de resolver el problema completo, porque no siempre se puede, sino de alcanzar la mayor puntuación posible.

“También está la tensión del momento, sales y dices: wao, podía haber hecho esto otro y lo habría resuelto. El momento de más nervios es siempre al inicio de la prueba. Ves lo que piden y tienes que decidir cómo vas a distribuir el tiempo, pues cada segundo es crucial.

“Fueron cuatro problemas a resolver en cuatro horas; algunos eran tan complicados que no era efectivo dedicarle tanto tiempo, en fin, que además de los conocimientos, había que usar la estrategia. Esta fue nuestra primera competencia internacional, estuvimos muy tensos, pero pudimos defendernos y coger un buen resultado. A la próxima vamos con más experiencia”.

De la biología a las vacunas

A punto de cumplir los 18 años y dispuesto a formarse como bioquímico, David de Jesús Dominica Pérez, es otro que ha sabido imponerse entre el rigor de los certámenes internacionales, en su caso, desde la Biología.

El curso pasado, en su duodécimo grado, por la trayectoria fue escogido para participar en la Olimpiada Iberoamericana de esa asignatura, del 30 de agosto al 5 de septiembre, contra representantes de 16 países, tres de ellos cubanos, le permitió sumar a su trayectoria una medalla de bronce.

Desde su inserción en el CAT ha integrado la preselección nacional. En 11no, como parte del equipo a la Centroamericana en Santo Domingo, obtuvo medalla de oro y fue incluido en la representación a la Olimpiada Abierta de Rusia, en laque el país no pudo asistir.

“Las competencias tienen una sesión teórica y una práctica, que es la más complicada. Existe un sitio Web donde te dicen: el práctico va a ser de esto. Con ese contenido decides si montas una disección, miras el microscopio, mides distancias, sacas conclusiones; todo se evalúa. La prueba teórica incluye dos exámenes que se hacen el mismo día, con unas 60, 80 preguntas variadas. En la Centroamericana tuvimos una sesión de cuatro horas, media hora de receso, y cuatro horas más. Salimos agotadísimos”.

-¿Aquí en el Centro reciben este tipo de entrenamiento?

-Para nosotros aquí es complicado. Se pueden coordinar prácticas con la Universidad de Oriente, pero estamos muy afectados con la corriente, los materiales. En la parte teórica sí Cuba siempre ha estado fuerte, por eso los resultados son satisfactorios.

“La Biología tiene libros en PDF, consultarlos ahora se dificulta por el tema de la conexión, pero uno le pone su extra. Si llega la corriente por la madrugada, ya sabes que esa es la hora de estudiar”.

Dominica, como todos le llaman, siempre quiso estudiar Medicina, pero el estudio en profundidad de la Biología lo llevó a inclinarse por la Bioquímica, que estudiará en la Universidad de La Habana. “Quisiera dedicarme al área de la biotecnología, que me atrae mucho; por eso me desvié de la Medicina, porque aquí descubrí que lo que me gusta es la Inmunología, las vacunas, la producción de medicamentos…”.

Los orgullos del profesor Roberto

En esas certezas que exhibe con orgullo David de Jesús y otros tantos que han llegado a la cima desde la Biología, están el empeño y la constancia del profesor Roberto García Abreu, el actual entrenador principal de la asignatura, vinculado al Centro desde hace alrededor de 20 años.

Desde el año 2014 casi una decena de sus alumnos han sido galardonados en competencias internacionales. Al menos cinco de ellos, han obtenido medallas en Centroamericanas, cuatro en Iberoamericanas: dos platas, un oro y un bronce.

Tras ese average, hay años de entrega tenaz y silenciosa. Hoy, a punto de cumplir sus 81 años de vida, asegura que puede reconocer la calidad de un alumno con solo mirarlo y continúa retando las comunicaciones para seguir a sus muchachos cuando integran la preselección o viajan.

“Los llamo constantemente. Me intereso por cómo van, les doy ánimo, les pongo la precisa, los aconsejo, me preocupo por su alimentación allá. Mi interés más reciente estuvo en Erika Cobas Leyva, quien a finales de septiembre nos representó en Rusia, en la III Olimpiada de Cambio Climático y Ecología.

“Cuando hablamos me dijo: profe, sigo y seguiré aquí. Erika no era de Biología, concursaba por Español; un día se me apareció en un pasillo: ay, profesor yo quiero pasarme para Biología. A estas alturas eso es un fracaso, le dije, y me contestó: usted verá que no lo voy a defraudar. Y mira hasta dónde ha llegado. Alcanzó medalla de bronce. Después asistirá a la Centroamericana de Costa Rica, en noviembre».

Por historias como esa, el profe Roberto no esconde su orgullo. “Uno ve un muchacho bueno, le da tareas y recibe muchas sorpresas. La vida me ha dado la satisfacción de verlos tan capaces; siempre digo que yo no sé nada: ellos son los que saben”.

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Odalis Riquenes Cutiño

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