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La sensibilidad escondida detrás de la autoridad de una mujer santiaguera

08 March 2026 Escrito por  Teleturquino

Ella es mujer, es también la primera directora general de la televisión santiaguera. Sheyla Catá Navarro reflexiona sobre el liderazgo femenino, el encargo social de la prensa en tiempos complejos y la familia que se construye detrás de cámaras, cuando celebramos hoy, el Día Internacional de la Mujer.

Marzo es, para Sheyla, un mes de doble significación. A pocos días del 8 de marzo y en vísperas del aniversario 63 de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la directora general de TeleTURQUINO se sienta a conversar sobre lo que implica ser mujer y periodista en un país complejo, y sobre todo, dirigir un telecentro que lleva el nombre de la mayor altura geográfica de Cuba.

Ella es la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de la televisión santiaguera. Y lo dice sin aspavientos, pero con la conciencia de lo que significa: «Todos los que habían dirigido desde la fundación de Tele Rebelde eran hombres. No pasaba por la mente de muchos que una mujer pudiera dirigir el canal. Faltando a la modestia, tengo que decir que soy la primera mujer directora general de la televisión santiaguera y creo que ya el camino está abierto para que muchas más dirijan».

Cuando se le pregunta por el equilibrio entre la autoridad que exige su cargo y la sensibilidad femenina, Sheyla no duda en romper el esquema: «… la dicotomía entre autoridad y sensibilidad es, quizás, el primer prejuicio que debemos terminar de derribar».

Para ella, la autoridad auténtica se construye sobre la inteligencia emocional. «Durante años se nos vendió la idea de que para dirigir en televisión había que adoptar códigos masculinos: ser dura, impenetrable. No estoy de acuerdo. He logrado ejercer el cargo con firmeza no a pesar de mi sensibilidad, sino gracias a ella».

Explica que esa capacidad de observación es la que permite entrar a un control de emisión y, antes de mirar las pantallas, sentir la tensión del equipo. «La autoridad no es sinónimo de autoritarismo. Mis decisiones las tomo con la cabeza fría, pero con la convicción de que detrás de cada cámara hay personas. Eso no es debilidad, es resiliencia».

Ser la primera también ha implicado demostrar más. Y Sheyla lo narra sin victimismo, pero con la crudeza de quien lo ha vivido: «Un hombre joven con talento es una promesa. Una mujer joven es una ‘niña’ a la que hay que ver cómo se desempeña. A un colega hombre se le perdona un arrebato de mal genio porque ‘es un carácter fuerte’. A nosotras, si levantamos la voz, somos ‘histéricas’ o ‘difíciles’. Él es firme; nosotras somos ‘quisquillosas’. Ese doble rasero es real y lo sufro hoy».

Reconoce que ha tenido que llegar más preparada a las reuniones, anticiparse a las preguntas, saber que sus criterios serían puestos en duda con más frecuencia. Pero ese «demostrar de más» la ha templado. «Me ha dado la responsabilidad de asegurarme de que las mujeres que vienen detrás no tengan que demostrar el doble para llegar a la mitad. Eso, para mí, es también hacer cima».

Detrás de la directiva, hay una mujer que conserva varios deberes familiares, deberes que ha tenido que desempeñar durante años al mismo ritmo que su desempeño profesional.

¿Cómo se desconecta? Sheyla sonríe: «Esa pregunta no viene en los manuales de dirección». Y cuenta que ha aprendido a poner límites físicos: «Después de la cena, el teléfono deja de ser una extensión de mi mano. Al principio sentía que el mundo se iba a derrumbar, pero el equipo aprende a resolver. Eso también es liderar: confiar».

Su hogar es su refugio, pero también un espacio de corresponsabilidad. Su familia, su hijo, sus padres, su hermana, es la red que la sostiene.

«Cocinar, donde no cocina la directora, sino la mujer que disfruta el olor del ajo; leer un libro; ver una novela romántica. O simplemente, sentarme en mi sala con un café y no hacer nada. En esa meditación, a veces, es donde una se reencuentra».

Como miembro de la UPEC, Sheyla asume con orgullo la responsabilidad de contribuir a la prensa santiaguera. «Santiago de Cuba es una plaza compleja, hermosa, rebelde y profunda. Contribuir a su prensa es asumir el reto de contar su realidad con la misma altura que exige el nombre de nuestro telecentro».

«Nuestro principal encargo es no perder de vista para qué estamos ahí. Ser la ventana de los santiagueros implica contar la realidad con honestidad, sin edulcorantes, pero también sin caer en el derrotismo. Mostrar los problemas, pero también visibilizar al que resiste, al que inventa, al que pone el hombro».

A las jóvenes periodistas que hoy se abren paso en las redacciones, la directora de TeleTURQUINO les envía un mensaje claro: «No duden de su talento, no duden de su lugar, no duden de que su mirada es necesaria. Que no se dejen amedrentar por los que les digan que es un oficio de hombres. Adelante, con la libreta y el corazón».

Reconoce que las nuevas generaciones tienen una preparación técnica envidiable, un dominio de las nuevas tecnologías que a veces abruma a los de más experiencia. Pero insiste en la esencia: «Que no pierdan la pasión por contar la realidad cubana. Que entiendan que el periodismo se hace en la calle, con el sudor y el cansancio, compartiendo con la gente».

A lo largo de estos años, Sheyla ha vivido momentos críticos: el huracán Sandy, la pandemia, la pérdida de compañeros, los sismos, la situación energética, la reducción de presupuestos, el bloqueo. Pero también ha cosechado satisfacciones inmensas.

Una de ellas ocurrió durante el huracán Sandy. Ella era subdirectora en aquel momento. El telecentro, como servicio imprescindible, no podía parar. Las condiciones eran extremas, el techo filtraba agua, y muchos compañeros habían perdido sus casas.

«Recuerdo a Kikito, Gerónimo Izquierdo, que tenía su casa inundada, sin techo. Se me acercó para decir que se iba, y yo pensé ‘con razón’. Pero no se fue a su casa. Salió media hora y volvió con café y galletas para todos. Dijo: ‘Si vamos a estar despiertos, que sea con el estómago lleno’. Esa noche entendí que el deber cumplido no era solo mantener la señal al aire, sino haber construido una familia».

«Muchos no se dan cuenta de que pasamos mucho más tiempo en el trabajo, nuestra segunda casa, que en la propia. Por eso los lazos de afecto que se desencadenan, esos valores que somos capaces de construir: honestidad, lealtad, cariño, respeto. Eso me lleva a decir con total sinceridad que son mis amigos, mis hermanos y hermanas. Ah, eso sí, donde comienza el deber termina todo lo demás. Se tiene que trabajar y sentirse cómodo en un ambiente de camaradería, unidad y confianza».

La directora, además, envía su mensaje a las mujeres del canal y de la prensa cubana: «No duden. Cada programa que asesoran, cada reportaje que filman, cada guión que escriben, construye un relato más verdadero de este país. Un relato que necesita de su sensibilidad. Ustedes demuestran que el periodismo que se hace desde esta sierra tiene un corazón que late con fuerza, y ese corazón, muchas veces, tiene nombre de mujer».

A sus compañeros de trabajo, el agradecimiento: «Por cada minuto de su tiempo, por cada madrugada en control maestro, por cada nota en el campo bajo el sol o la lluvia, por cada gesto de solidaridad. Ustedes son la columna vertebral de esta casa».

«Hay dificultades, sí», concluye, «el camino es largo, pero la meta es hermosa. Que nadie nos diga que no podemos. Porque si algo hemos demostrado en estos tiempos de limitaciones, es que con este canal se puede contar».

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