Es la ayuda humanitaria a un país que fue solidario con los niños ucranianos afectados por el accidente nuclear de Chernóvil y que, bajo la máxima presión de sucesivas administraciones estadounidenses, está de pie.
Pululan los burdos calificativos de Estado descastado, fallido, parte del axis of evil -eje del mal- de George W. Bush y también patrocinador del terrorismo. Donald Trump y su camarilla, que patrocina guerras y deportaciones, han arremetido contra la Revolución que solo pende de la legitimidad que le da su pueblo.
Medio siglo de neocolonia nos dejaron "500 000 obreros del campo en bohíos miserables (…) 200 000 bohíos y chozas; 400 000 familias del campo y la ciudad hacinadas en barracones, cuarterías y
solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud. Dos millones doscientas mil personas de nuestra población urbana pagan alquileres (...) y dos millones ochocientos mil de nuestra población rural y suburbana carecen de luz eléctrica" como denunció Fidel en La Historia me Absolverá.
La Revolución transformó esa situación, pero bajo condiciones de hostigamiento económico, comercial y financiero -además de un aislamiento diplomático- que no tuvo en sus 56 años la Cuba de la que algunos desmemoriados hacen una apología a ultranza. De la tiranía de España a la tutela estadounidense; de cientos de miles de víctimas de las guerras por la independencia y del Bando de la Reconcentración del capitán general Valeriano Weyler al constante enfrentamiento entre el pueblo y los gobiernos entreguistas y déspotas de 1902 a 1958 (dos intervenciones militares de Estados Unidos, el machadato y el batistato, la embajada estadounidense era el verdadero centro de las tomas de decisiones) dejando miles de mártires, no pocos bajo el lema de "tierra o sangre".
La diversión se acabó cuando el pueblo, convertido en un ejército rebelde, les arrebató el poder y lo tomó. Salud y educación para todos, cultura y deporte como derecho, independencia, ese es el legado de la Revolución que logró la anhelada vindicación de Cuba, conociendo muy bien la verdad sobre los Estados Unidos, alertada por José Martí al que, contradictoriamente, apelan los que piden una Cuba democrática desde "el Norte revuelto y brutal".
Nuestra historia demuestra que los reveses conducen a victorias, y que el destino que hemos escogido –forjado en el sacrificio– es el correcto. Podemos y debemos en Cuba solucionar nuestros problemas, y tener una vida próspera, a pesar de que nuestros enemigos hagan hasta lo imposible para impedirlo.
Cuba va, aunque el precio es altísimo. Ni la asfixia económica ni las campañas difamatorias, de la misma edad que la Revolución, logran su objetivo.
Tanto los imperialistas como los entreguistas esperan que Cuba caiga. Lo hacen desde el 1959. En esta Patria no ejerce la soberanía un “estado fallido” que ha siempre ha enviando médicos y no bombas. Cuán acertado fue Fidel al afirmar que “si la Revolución no tuviera la mayoría del pueblo sería bien sencillo deshacerse de la Revolución”.