Había arribado a Santiago unas horas antes, en tren y en compañía de su amigo José Luis Tassende, “con el estómago paralizado por la emoción, y viviendo los minutos más largos de su vida…” al conocer los detalles de la acción, como el mismo contaría años después.
De aquel encuentro entre los dos hermanos no se sabe mucho, sí, que solo con la mediación de Tassende el joven Raúl Castro consiguió que Fidel le permitiera ir al Moncada, y que fue enviado al grupo dirigido por Lester Rodríguez, que desde la azotea del Palacio de Justicia debía apoyar el asalto al Moncada.
Recoge la historia que fue el primero en bajar del carro entre los seis soldados de la pequeña escuadra. En la misma entrada del Palacio le quitó la pistola a un cabo, derribó de una patada una puerta, desarmó y encerró a otros soldados sorprendidos por su acción.
Ya en la azotea, abrió a tiros la puerta de acceso, mas como una pared le impedía disparar hacia el cuartel, por iniciativa propia decidió cubrir la retirada del grupo. Baja solo en el ascensor, y al llegar al primer piso encuentra que guardias armados tienen encañonados a sus compañeros; sin pensarlo dos veces le arrebata el arma al jefe militar, y entre todos neutralizan a los soldados. Así, a golpe de coraje, el imberbe soldado mostró su verdadero potencial.
En el juicio de la Causa 37 por los hechos, ante la pregunta de un fiscal sobre si su hermano lo había embullado a participar en la acción, respondió con la misma vehemencia de aquel amanecer en el Palacio de Justicia: “Si hubiera sido porque mi hermano Fidel me embullara, no hubiera venido, porque nunca lo hizo. Yo vine a Santiago por resolución propia…”
Aquella convicción sería certeza y compromiso, siempre junto al hermano: durante los años de reclusión en el Presidio Modelo, en México y el desembarco del Granma, en las horas aciagas de Alegría de Pío, en jornadas de optimismo y esperanza en Cinco Palmas; en los días de coraje y guerrilla en la Sierra; tras las nuevas responsabilidades en la fundación del II Frente Oriental Frank País, la proclamación del Triunfo del Primero de Enero, las más de seis décadas de luchas en y por la Revolución, siempre juntos.
Y es que lealtad, entrega y firmeza, definen la trayectoria de Raúl Modesto Castro Ruz, el cuarto de los siete hijos de Ángel y Lina, nacido en Birán el 3 de junio de 1931, y a quien los que le conocen definen como un hombre que combate, exige, cumple promesas, pero también un hombre de sensibilidades, buenos amigos y afectos eternos.
El propio Fidel delinearía su huella de la mejor manera. “Raúl es mi hermano doblemente: hermano en toda esa lucha y hermano en las ideas. (…) no ocupa un cargo en esta Revolución porque sea mi hermano de sangre, sino porque es mi hermano de ideas y se ha ganado ese lugar con su sacrificio, con su valentía, con su capacidad”.
A punto de cumplir 95 años, sigue siendo ese muchacho impetuoso, que aún se mantiene en pie de lucha por su Patria, fiel al legado de su hermano de la vida y el combate; un líder legendario, a quien siguió desde su niñez y al que protegió con el pecho y con las ideas, hasta el último de sus días.