González es director del Centro Regional de Manejo del Patrimonio Natural y Cultural Subacuático y de la Galería de Arte Santiago (al lado de la emisora CMKC Radio Revolución), en esta ciudad, pinacoteca especializada en muestras de pinturas y fotografías del mundo marinero y submarino.
Pero además, Vicente es un buceador de larga data, experimentado, e internacionalmente calificado, con cientos y cientos de inmersiones en Cuba y en el extranjero. Por eso él conoce los fondos marinos de numerosos sitios del planeta... y como resumen, y en buen cubano, es un avezado “león marino” tanto por encima de las olas como por debajo de estas.
Siempre, la gente de mar siente con especial sentimiento tragedias como la ocurrida en Maldivas, y por lo regular, tiene mayor comprensión sobre qué pasó en ese laberinto de cuevas sumergidas a 60 metros de profundidad (un edificio de 18 plantas como los de la Avenida Victoriano Garzón, mide 58 metros de altura).
Aun a más de 16 000 kilómetros de Cuba, aquí el hecho ha sido traumáticamente impactante, y se ha lamentado mucho el infortunio de los submarinistas italianos Monica Montefalcone, 51 años, reconocida bióloga marina y docente de Ecología Marina Tropical en la Universidad de Génova; su hija Giorgia Sommacal, de 20; Muriel Oddenino, investigadora; Gianluca Benedetti, instructor y capitán; y Federico Gualtieri, natural de Borgomanero, y del buzo maldivo, el sargento Mohamed Mahdhee, del equipo de rescate, que pereció al tratar de localizar los cuerpos.
Vicente González no oculta su pesar por la suerte de sus homólogos europeos. Mas, antes de reflejar las palabras de González Díaz quiero dejar claro nuestra perplejidad ante un detalle tan primario, tan elemental cómo es, aventurarse a entrar a una oscura cueva submarina que usted no conoce completamente, y prescindir de una guia (cuerda que lo ayudará a regresar por el camino correcto). Y hasta parece que algunos submarinistas dejan al margen ese método tan elemental, al confiar ciegamente en su experiencia y hablidad subacuática. Aunque dolorosamente, la vida demuestre lo contrario, una y otra vez.
Maldivas con sus cerca de 1 200 islas, de estas 203 habitadas, en medio del Océano Indico y a casi medio millar de kilómetros de la India, es un paraíso para el buceo contemplativo, y para el técnico también, por sus fondos coralinos. Pero allí, como en cualquier sitio donde se practique el submarinismo, hay que cumplir reglas. Y ese fue el tema del diálogo con el buzo Vicente González.
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“A ver: el buceo, la inmersión tiene requerimientos y requisitos que son inviolables. Entonces hay actitudes y procederes que evidentemente son premisas de accidentes. Por ejemplo, violar la profundidad.

“En Cuba, la profundidad para el buceo contemplativo, turístico, son 25 metros. Allá donde ocurre el accidente (Maldivas) es 30 metros. Uno puede decir: cinco metros más...Pero ellos estaban a 50, a 60 metros. Y a esa profundidad ya el buceo es técnico y requiere mezcla de gases. No es lo mismo bucear con aire comprimido normal, que bucear con ese mismo aire enriquecido; es diferente para el buceador, para el soma; automáticamente, los procesos son diferentes. Y ellos violaron varias cosas. La primera: por la información primaria sobre el hecho, violaron la profundidad, y entraron en una cueva, en una espelunca.
“No tengo claro las características de la cueva pero cuando tú vas a bucear en una cueva ya es otra cosa: se convierte en un buceo técnico especializado, mucho más si la cueva está a 50 o 60 metros de profundidad. Ahí ya estás a expensa de un accidente hiperbárico. Y más si no tienes toda la experiencia.
“Ahora, supuestamente eran buzos certificados. Pero qué suele ocurrir, especialmente en ciudades medterráneas de Europa, que están lejos del mar: hay personas aficionadas que se certifican, hacen un curso, alcanzan una certificación pero la cantidad de inmersiones son pocas. Entonces, tienen la certificación pero no tienen la experiencia.
“Otro detalle: había una alerta amarilla por mal tiempo. O sea: era un buceo con características difíciles donde se viola la profundidad. Y hay una alerta amarilla por mal tiempo que también se viola. Evidentemente, detrás de ese accidente muy triste, hay violaciones y fallas técnicas en la planificación de la inmersión. Y reitero: una inmersión a 50 a 60 metros lleva un equipamiento especializado. No lleva el mismo equipo que se utiliza para bajar a 20 o 25 metros. Además, lleva mezcla de gases para tú protegerte de una narcosis. Porque te tengo que decir, que a esas batimetrías hay enfermedades... el organismo humano está sometido a determinadas características de enfermedades hiperbáricas, cuando hay altas presiones. Entonces, fíjate: la narcosis de la profundidad es una cosa que empiezas a caer en ella si no la conoces; si no tienes ese conocimiento empiezas a sentir una euforia porque es una intoxicación a partir del nitrógeno... Empiezas a sentir una satisfacción, una euforia, una alegría; empiezas a identificarte con el medio y no te das cuenta que estás en extremo peligro. La única cosa que se puede hacer ante esto es subir, salir de esa profundidad para que se alivien o desaparezcan los síntomas.
“Pero ocurre que empiezas a sentir los síntomas y te empiezas a sentir bien; a sentir euforia y terminas hasta quitándote la boquilla tú mismo. Es algo que si no hay experiencia...
“Ahora bien, en relación con el caso tan triste de los italianos hay un detalle: no conozco la cueva pero sobre todo en el mar, las cuevas están sometidas a los cambios de marea, de una cavidad a otra, cuando hay un estrechamiento de la cavidad, hay corrientes muy grandes de una cavidad a otra. Y tú tienes que hacer la inmersión conociendo eso para saber en qué sentido está la corriente porque te puedes embarcar. Uno tiene que conocer bien la espelunca o caverna sumergida, para saber en qué horario, en qué momento, que característica tiene la cavidad, para dónde va la corriente...
“Te repito: es muy triste, muy triste lo que pasó con los italianos y el buzo de rescate en Islas Maldivas. Evidentemente, se transgredieron requerimientos para el buceo técnico. Quizás no fueron con el equipo adecuado: quizás todos no tenían el conocimiento adecuado; quizás no todos tenían la experiencia necesaria; había mal tiempo y alerta amarilla y no adoptaron medidas ante estas circunstancias. Es triste el resultado de lo que ocurrió”.
Preguntamos a Vicente González por casos similares en Cuba y asegura que en el país ha habido eventos así y recordó que hace muchos años, en el Hotel Bucanero, en una actitud irresponsable de un turista, este se fue de profundidad a más de 60 metros, en un canto de veril, en uno de los sitios de buceo. El turista se descantiló.
“Y detrás de él fueron los dos instructores cubanos. No pudieron rescatar al turista y además ellos hicieron un accidente hiperbárico y tristemente, a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron... Primero fueron llevados ya con los signos de descompresión, al Hospital Provincial Saturnino Lora donde se hicieron algunas maniobras pero ninguna surtió efecto porque en ese momento no había cámara hiperbárica ni allí ni en la ciudad. Y lo indicado es cámara hiperbárica.
“Fueron montados en un helicóptero y salieron para La Habana a baja altura, a muy baja altura. Pero ya habían pasado muchas horas y también, aunque el piloto era muy diestro, no siempre se puede mantener la nave a tan baja altura, y mientras más alto es el vuelo estás terminando con la vida del paciente. Aquello también fue muy triste porque los dos regresaron muertos.
“El turista desapareció pero lamentablemente ellos también fueron negligentes porque en una circunstancia así tú haces un esfuerzo grande porque el ser humano trata de salvar a otro. Pero ellos sabían que a la batimetría que estaba el turista, no podían salvarlo y ante una situación así hay que abortar el rescate. Ellos no lo hicieron. Llegaron a salir pero ya tenían un daño muy grande”.
No conocía del caso del turista en el antiguo Hotel Bucanero, en Santiago de Cuba pero le referí al Dr.C. Vicente González, un hecho similar al de Maldivas, o sea en una cueva, donde perecieron cuatro submarinistas cubanos...
“Eso fue en Pinar del Río. Fue un accidente muy triste también. Y en ese caso tuvo que ver lo que te expliqué de una corriente de un a cavidad a otra en una espelunca. Eso hay que tenerlo en cuenta porque después no puedes virar. No tienes aire para virar. Son cavidades inundadas y no tienes otra posibilidad. Se te agota el aire y pierdes la vida”.
De nuevo con el caso de las Maldivas, ante nuestra interrogante Vicente señaló:
“Ellos llevaban equipos de circuitos abiertos con aire comprimido pero el normal para inmersiones a 25 o 30 metros”.
Pedimos al experimentado buzo, referencias de los protocolos en Cuba y dijo:
“Todas las medidas que te he detallado se siguen, y se exigen en Cuba. A ver: siempre puede haber un negligente pero la inmersión aquí, la inmersión contemplativa, turística es a 25 metros. No más. Y certificado... o sea, cuando tú tienes certificación. Nadie puede bucear si no tiene certificación. Esta es la que acredita que tienes el conocimiento, la preparación, a la que se suma la experiencia necesaria para hacer una inmersión a mar abierto. Y ya te epliqué: en el caso del turismo, del buceo contemplativo, en Cuba es a 25 metros. Nosotros, que no somos turistas, que es nuestro trabajo, bueno creamos condiciones para hacer buceo técnico”.
El ´Merrimac´ es una nave estadounidense, hundida en el interior de la bahía de Santiago de Cuba, cerca de la llamada ´boca del Morro´. Esa acción puede considerarse parte de las ocurridas en la batalla naval de 1898 entre España y USA. Y Vicente explica:
“Una inmersion en el´Merrimac´, que está solo a 23 metros de profundidad, se complica poque las condiciones de visibilidad son muy pobres. A los primeros 10 metros ya tú no te ves las manos. Entonces hay que tomar medidas para hacer una inmersión segura para ti y para las personas que van a bucear contigo. Esa misión lleva medidas: bucear en el momento más adecuado; antes del paro de marea; que el sitio arqueológico esté lo más limpio posible; hay que bajar unidos, porque puede haber una desorientación de alguien y salir para otro lugar porque no puedes ver a nadie; hay que bajar tomados de la mano a través de una cuerda... como ves hay medidas de seguridad para un buceo técnico que requiere determinada experiencia, para evitar un accidente, porque tú vienes bajando y como la visibilidad es tan pobre puedes chocar con la estructura del pecio que es de acero”.
Ante nuestra curiosidad sobre los pecios de las naves españolas hundidas a lo largo de la costa de Santiago de Cuba, hacia el oeste, Vicente dijo que el “Cristóbal Colón”, la nave hispana que más lejos llegó perseguida por el fuego de los buques norteamericanos, “está a 37 metros en el lecho marino pero el ancla está a 40 metros. El sitio arqueológico es más... no es solo el navío pues hay piezas diseminadas en un perímetro y los especialistas tienen que bajar a veces más de 40 metros y ya eso tiene otros requerimientos. Hay una tabla... hoy el buceo moderno tiene ordenadores que te ayudan mucho.
“Pero una tabla dice, por ejemplo: estar determinado tiempo a una determinada profundidad para no caer en descomprensión”.
-- ¿Uno puede desmayarse allá abajo por la descompresión?
-- No, no. Caer en descompresión es un término que usamos para decir que ya tienes que adoptar protocolos, procedimientos antes de salir a la superficie. Tú tienes que desaturarte en los últimos metros del ascenso: 9 metros, 6 metros, 3 metros... poque empiezan determinados gases que a la presión normal tú los eliminas por la expiración, empiezan a incorporarse al torrente sanguineo y se convierten en una burbuja y vienen los procesos de trombolismo. Esa burbuja de aire lo mismo está en el cerebro, que en una articulación, que en cualquier parte del cuerpo. Y ahí vienen los daños.
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-- ¿La cámara hiperbárica sigue funcionando en el Hospital Militar?
-- Sigue funcionando y siempre está dispuesta, lista para enfrentar cualquier accidente hiperbárico. Esa es su función esencial: salvar una vida. La cámara hiperbárica es la única posibilidad de salvar al inmersionista, ante un accidente importante de descompresión. .
-- Fin del cuento. Gracias, Dr.