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Cuando las sanciones golpean con tanta fuerza como las bombas

24 May 2026 Escrito por 

Este 19 de mayo, en la 79ª Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra, la Dra. Tania Margarita Cruz Hernández, Viceministra Primera de Salud de Cuba, lanzó una denuncia que retumbó en el salón de sesiones: “Provocar escasez y penurias extremas a millones de personas no es otra cosa que genocidio y merece la condena de todos los miembros de la OMS”.

Sus palabras, lejos de ser una hipérbole diplomática, son el reflejo exacto de lo que hoy documentan -con rigor y alarma- los organismos internacionales: el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba se ha convertido en un bloqueo directo contra el sistema de salud de la Isla, y sus consecuencias ya se miden en vidas humanas.

Los datos oficiales, corroborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), dibujan un panorama sanitario aterrador: Más de 100 000 pacientes en espera quirúrgica, de los cuales al menos 12 000 son niños, como consecuencia directa de la falta de combustible y suministros; la tasa de mortalidad infantil se ha duplicado, alcanzando 9.9 por cada 1 000 nacidos vivos al cierre de 2025. Un estudio del Center for Economic and Policy Research (CEPR) concluye que si esta tasa se hubiera mantenido estable, aproximadamente 1 800 bebés no habrían muerto.

La supervivencia de niños con cáncer ha caído del 85 % al 65 % en apenas unos meses, 3 000 pacientes dependen de hemodiálisis y 16 000 requieren radioterapia, servicios que demandan una estabilidad energética que hoy es imposible garantizar.
Ante esta realidad, la OMS ha sido categórica. El director de Gestión Humanitaria, Altaf Musani, tras una visita a la isla, confirmó que “la falta de combustibles está impactando directamente la salud pública” y que la crisis energética está obligando a suspender servicios médicos esenciales, perjudicando especialmente a mujeres embarazadas.

El propio director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, hizo un llamado a que el acceso a la sanidad en Cuba no fuera rehén de la geopolítica.
A nivel nacional, el impacto es devastador, pero en provincias como Santiago de Cuba, la situación adquiere un rostro concreto y descarnado. Aquí, el bloqueo no es una abstracción estadística, sino una realidad que se siente en cada consultorio y en cada hogar.

Las autoridades sanitarias santiagueras han informado que se refuerzan los programas materno-infantil, oncológico y de hemodiálisis, atendiendo incluso a pacientes de provincias vecinas como Guantánamo y Granma, pero con enormes dificultades logísticas y materiales. El Hospital Oncológico provincial mantiene su actividad quirúrgica y ofrece radioterapia a los pacientes en un contexto de severas restricciones.

En el Hospital Infantil Sur, el principal centro de oncopediatría de la región oriental, los médicos se ven obligados a modificar los protocolos de tratamiento por la imposibilidad de adquirir tecnologías de vanguardia y citostáticos, lo que afecta directamente la efectividad de las terapias y la calidad de vida de los menores.

Esta situación se repite en el Policlínico del Distrito Abel Santamaría, donde la falta de reactivos y medicamentos de última generación es una lucha diaria para los profesionales de la salud. La atención a las embarazadas de alto riesgo se ha reforzado con el ingreso en hogares maternos a partir de las 26 semanas de gestación, en un intento por mantener bajo control la tasa de prematuridad.

La comunidad internacional no ha permanecido en silencio. El 29 de octubre de 2025, la Asamblea General de la ONU aprobó por 32ª vez consecutiva una resolución que exige el fin del bloqueo, con 165 votos a favor y solo siete en contra. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, denunció en febrero de 2026 que las medidas coercitivas unilaterales “violan los derechos humanos de millones de personas” y puso el foco en el impacto directo sobre las unidades de cuidados intensivos, las salas de emergencia y la cadena de frío de vacunas y medicamentos.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) también ha visto limitada su capacidad de operar en la isla, a pesar de tener suministros médicos disponibles en el puerto de La Habana, precisamente por la falta de combustible para distribuirlos. Incluso se ha documentado cómo la administración estadounidense llegó a denegar visados a representantes cubanos para participar en el Consejo Directivo de la OPS, en un intento de silenciar a la isla en los foros internacionales.

A pesar de todo, el sistema de salud cubano se sostiene sobre la resiliencia de sus profesionales y la optimización de recursos, como señaló la viceministra Cruz Hernández ante la OMS. Cuba, que en 2014 envió tres brigadas médicas a combatir el ébola en África Occidental, continúa ofreciendo cooperación sanitaria a otros países del sur. Santiago de Cuba es un ejemplo vivo de esa resistencia: sus 42 policlínicos y 1 143 consultorios médicos permanecen abiertos y sus profesionales redoblan esfuerzos para llevar la atención primaria hasta el último rincón de la provincia.

El bloqueo contra Cuba no es solo una política de asfixia económica; es, como lo definió la propia Dra. Cruz Hernández, un acto de “extrema gravedad” que ya configura un castigo colectivo contra los más vulnerables: niños, ancianos y enfermos. La salud del pueblo cubano es hoy la principal víctima de una guerra que no se libra con armas, pero cuyas consecuencias son igual de letales.

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Daniela Verdecia Castillo

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