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El gran día de Enero

01 January 2026 Escrito por  Acn

"La noticia, primero temerosa, que crece, que gana confianza, 'huyó Batista', luego los disparos, las cárceles abiertas, 'huyó Batista, huyó' (...), gente comprimiéndose en las avenidas, sin saber bien a dónde ir, pero estando allí, comprimiéndose unos a otros".

Es la descripción, atrapada en una crónica, de aquel primer instante estremecido por la conmoción de la victoria.

Despachos noticiosos marcados por la premura hablan de "jeeps y camiones, empañados por el barro rojo de la Sierra, que llegan a la capital, atestados de guerrilleros sucios, peludos, barbudos (...) y entra la columna de los blindados, lenta, cansina, seguidas las esteras y las gruesas gomas de las tanquetas por el grito de un millón de personas, en la vanguardia, Fidel..."

Multiplicada en 66 años, la obra transformadora que tuvo su punto de partida en aquel instante estremecedor del primer día de 1959, se materializó en realizaciones no solo de un enorme alcance material, sino también hacia la hondura del ser social y la propia condición humana de quienes habitamos esta tierra.

 

Alcanzada la victoria revolucionaria, Cuba muy pronto se pobló de escuelas; las cartillas y el saber invadieron campos y montañas en manos de los alfabetizadores que iluminaron con la luz de sus faroles las sombras de la ignorancia en que vivían miles de personas.

La Reforma Agraria, paso primigenio y trascendental, transformó la existencia del campesino, librado de la explotación y ahora devenido propietario de su tierra. Nuevas posibilidades iluminaron así las vidas de quienes antes fueron sometidos al atropello, el desalojo y la peor miseria.

Aun cuando la agresión estadounidense asomó muy pronto su garra sombría y asesinó con brutalidad y saña a quienes se entregaban al noble empeño de enseñar, y quemó círculos infantiles, cañaverales y tiendas expropiadas a la burguesía, estas acciones radicalizaron el proceso revolucionario.

El arma más destructiva empleada por Estados Unidos contra Cuba ha sido el bloqueo económico, comercial y financiero, un cerco a la materialización del bienestar y el desarrollo que solo un pueblo como el cubano, forjado al calor de las batallas revolucionarias y nutrido de las enseñanzas de Fidel, ha podido enfrentar hasta hoy.

A despecho de presiones y amenazas, en poco tiempo país mejoró sus índices de mortalidad infantil en los niveles de las naciones más ricas del planeta; avanzó en la industrialización, y a lo largo y ancho del territorio nacional la creación de las granjas del pueblo borró la imagen del latifundio explotador sobre vastas regiones que durante la república neocolonial saquearon monopolios agrarios estadounidenses.

 

La salud y la educación cubanas se convirtieron en ejemplo para el mundo. Médicos y maestros cubanos acudieron a las regiones del desamparo impulsados por la conciencia solidaria que ha sido paradigma de la nueva sociedad.

Educados en ese principio que cimentó la Revolución, hijos de esta tierra regaron con su sangre la tierra africana en gesto de gratitud y altruismo que simbolizó el más hermoso desagravio a nuestros ancestros esclavizados.

El desarrollo científico, materialización ejemplar de la visión de Fidel, se convirtió en escudo y espada en defensa de la salud y la vida. Investigaciones realizadas en laboratorios cubanos permitieron obtener inmunógenos de efectividad probada frente al azote de la mayor epidemia de la contemporaneidad y salvar con ellos miles de vidas.

Pero sobre todas estas verdades, y otras tantas, hechas realidad en la nación cubana en más de medio siglo de humanismo bienhechor y enseñanzas fundamentadas en la verdad, está la forja del hombre y la mujer que hoy somos.

Algunos se preguntan el porqué de la resistencia y el espíritu de batalla mantenido por este pueblo ante las tantas adversidades y carencias impuestas por las circunstancias que propiciaron el desencadenamiento de la actual crisis económica.

Existe una respuesta inequívoca, y es la clara conciencia de que somos víctimas de un cerco económico que pone barreras a todo empeño de nuestro Gobierno por encaminar el desarrollo del país, como también está arraigada en cada cubano digno la convicción fidelista de que tenemos que "resolver nuestros problemas por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos".

Sabemos, igualmente, que hay que buscar las soluciones en la comprensión de que es necesario corregir errores y deformaciones en el modelo económico que nos hemos empeñado en construir, con la voluntad, participación y juicio crítico de todos los ciudadanos.

El actual liderazgo cubano enrumba su trabajo, en el propósito de "cambiar cuanto deba ser cambiado", pero sin destruir uno solo de los soportes históricos ni ignorar las enseñanzas fidelistas que han educado a los revolucionarios cubanos en el principio de que es necesario ascender a la sabiduría popular como fórmula insustituible del éxito en cada decisión.

Volver la mirada al gran día de enero y retomar el aliento de aquel instante de victoria que transformó para siempre a la nación, ha de ser nuestro estandarte para enfrentar los nuevos retos y marchar con pasos más seguros en el Año del Centenario de Fidel.

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