El entonces Comandante Raúl Castro "fue el que me encomendó tan inmensa responsabilidad, yo era un joven que se había integrado al II Frente Oriental como parte del primer grupo que Frank País envió para reforzar la lucha guerrillera; yo la asumí como una acción combativa más, la más importante de mi vida, porque ya el Comandante en Jefe nos había advertido -en la noche del día anterior-, que la Revolución empezaba ahora, que no sería una tarea fácil, que sería una empresa dura y llena de peligros".
Los días por venir fueron decisivos "para consolidar los vínculos entre nosotros, en especial de Fidel, con el pueblo, y principalmente con los sectores más humildes. En Palma Soriano y Jiguaní las multitudes nos aclamaban, incluso la gente se agolpaba a ambos lados de la Carretera Central, en la noche ya estábamos en Bayamo y el día 3 en la ciudad de Holguín", rememoró el guerrillero.
El también Héroe del Trabajo de la República de Cuba precisó que "Fidel siempre estuvo atento a cada palabra, gesto o abrazo de miles de niños, mujeres y hombres; igualmente ratificaba que el compromiso era solo con el pueblo. Continuamos rumbo a Las Tunas y en horas de la mañana del día 4 llegamos a Camagüey, trasladándonos hasta el Regimiento No. 2 Ignacio Agramonte".
El Jefe de la Revolución -recuerda Vázquez-, "sostuvo encuentros con Camilo Cienfuegos y con el Che. Luego partimos hacia Ciego de Ávila y Santa Clara, en el parque Vidal fue multirudinaria su alocución. También fuimos a Cienfuegos, allí Fidel rememoró el legado de los mártires del levantamiento del 5 de septiembre. En la provincia de Matanzas estuvimos en Colón, Cárdenas -donde visitó a la madre de José Antonio Echevarría, yel cementerio donde repisan sus restos-,y otros poblados, hasta llegar a capital de ese territorio".
El hoy director del Complejo Histórico de Museos del II Frente Oriental Frank País García, tampoco olvida el trayecto final hacia La Habana y el emotivo encuentro de Fidel con su hijo, "eso fue en la zona del Cotorro, ya era 8 de enero y el pueblo de La Habana nos recibía con regocijo; el Ejército Rebelde no solo había entrado a Santiago -cuales mambises del siglo XX-, sino que tomaba la capital del país".
Para Vazquecito, como cariñosamente le dicen, "el ejemplo de Fidel es necesario para Cuba y para el mundo, sobre todo por su fe inquebrantable en la victoria. En el año de su Centenario, la lucha continúa bajo la bandera de sus ideas y tiene en mí a un soldado dispuesto a dar su vida".