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Un corazón sano es el que late con un propósito

03 February 2026 Escrito por  Anyelina González Labrada (Estudiante de Periodismo)

La Dra. Anabel Rivera Labrada es médico del servicio de Cardiología del hospital provincial “Saturnino Lora” en Santiago de Cuba. Su misión, plenitud. Un corazón sano, concluye, no es solo el que late con ritmo,
sino el que late con propósito.

Con una sonrisa que desdramatiza la bata blanca, asegura que cada latido es una historia de esfuerzo, emoción y supervivencia. Para ella, este órgano es mucho más que una máquina perfecta; es la brújula
que guía el bienestar integral de la persona.

Desde su experiencia, observa con preocupación cómo la vida moderna impone un ritmo antinatural a nuestros corazones. Señala el estrés crónico y la desconexión del cuerpo como los nuevos factores
de riesgo, tan peligrosos como el colesterol.

La paradoja, apunta, es que en la era de los relojes inteligentes, hemos olvidado cómo escuchar las señales más básicas. Un dolor sordo, una fatiga persistente o un sueño inquieto son, a menudo, los primeros gritos de auxilio que el corazón logra emitir.

Frente a esto, la Dra. Rivera aboga por una medicina preventiva arraigada en los hábitos cotidianos. Su receta no es compleja: priorizar el sueño reparador, incorporar el movimiento natural a la rutina y alimentarse con consciencia. Hace especial hincapié en la gestión de las emociones y en cultivar espacios de calma. Un paseo junto al río, afirma, puede ser tan terapéutico como un medicamento para muchas
hipertensiones leves.

Con un tono franco y pedagógico, desmonta el mito de que los problemas cardíacos son exclusivos de la tercera edad. Los jóvenes, advierte, no son inmunes; las secuelas de los malos hábitos se acumulan desde la adolescencia. Por eso, insiste en que la verdadera
cardiología debe ejercerse en las escuelas y en los hogares, fomentando una cultura de autocuidado. La prevención, subraya, es el acto de justicia social más eficaz en salud.

Para finalizar, su mensaje trasciende lo puramente clínico y se torna casi filosófico. Anabel Rivera convida a entender la salud cardiovascular como el cuidado de la propia capacidad para vivir con plenitud.

Un corazón sano, concluye, no es solo el que late con ritmo, sino el que late con propósito.

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