Muros de piedra, ladrillos artesanales y adobe, se levantan como la respuesta inmediata de familias que buscan un techo. Sin embargo, bajo esas viviendas palpita una realidad geológica ineludible: la falla Oriente, fuente de una alta sismicidad que exige mucho más que buenas intenciones.
El doctor en Ciencias Darío Candebat Sánchez, investigador titular y Jefe del grupo de Ingeniería Sísmica del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), advirtió con la claridad de los datos científicos sobre el peligro de construir a ciegas, especialmente cuando se opta por la llamada mampostería simple (bloques o piedras sin refuerzo de acero ni vigas de amarre). “Las edificaciones de mampostería simple no se recomiendan en zonas de alta sismicidad. ¿Por qué? Porque la mampostería tiene un comportamiento frágil. Los fallos se producen de manera súbita, no avisan, y pueden traer como consecuencia desastres importantes”, explica el especialista.
Sus palabras resuenan con la memoria reciente de los sismos del 10 de noviembre de 2024 (de magnitud 6.7 cerca de Pilón, Granma) y los posteriores en Imías, Guantánamo. Allí, el contraste fue demoledor: mientras las construcciones con pórticos de hormigón armado permanecieron indemnes, las viviendas de mampostería simple sufrieron grietas significativas y daños que, en muchos casos, las dejaron inhabitables o al borde del colapso.
Necesidad vs. Seguridad
Reconocer el esfuerzo gubernamental y local por buscar alternativas al déficit de materiales es un acto de justicia. En Tercer Frente, como en muchos rincones de la geografía cubana, las autoridades y la población buscan soluciones con lo disponible.
La producción local de materiales no es un capricho, es una estrategia de supervivencia y desarrollo territorial ante la crisis económica y el bloqueo. Sin embargo, el doctor Candebat enfatiza en que el ahorro de cabilla y cemento no puede significar ahorrar en seguridad estructural.
“No se trata de despreciar el uso de materiales locales. En Cuba tenemos una larga tradición: desde la época colonial se usaba el cuje en el adobe para darle flexibilidad. El problema es cómo los usamos ahora”, aclaró mientras precisaba que la ciencia ofrece un punto medio que permite construir con materiales locales sin renunciar a la vida. La clave está en el confinamiento y el refuerzo.
Técnicas como la mampostería confinada (muros reforzados con columnas y vigas de hormigón armado, aunque sea con menor cantidad de acero) o el uso de refuerzos interiores con madera o bambú (en el caso del adobe) no solo son viables, sino que han sido probadas con éxito en países de alta actividad telúrica como México y Perú.
“El doctor Eduardo Rafael Álvarez, de la Universidad de Oriente, ha demostrado con proyectos que se pueden hacer edificios de hasta tres niveles con mampostería reforzada, logrando un ahorro considerable de materiales deficitarios”, acotó Candebat.
Estos refuerzos, aunque no impiden que el barro o el ladrillo se agrieten durante un temblor fuerte, cumplen una función vital: evitar que la pared se desplome de golpe sobre sus ocupantes. “Lo que hacen el bambú o la madera es garantizar que, cuando el elemento se rompa, se quede en el lugar y no cause la muerte”, destacó el experto.
Criterios innegociables
Ante la realidad del difícil acceso a varios materiales, el llamado del Cenais es a construir con conocimiento. No se trata de prohibir, sino de normar y acompañar.
Aquí se recopilan, de la mano del especialista, los criterios básicos que deberían primar en cualquier iniciativa constructiva en la zona: Primero, evaluar la peligrosidad sísmica del terreno: No es lo mismo construir en una ladera inestable que en un llano firme. La Norma Sísmica Cubana del 2017 exige este análisis previo. Segundo, evitar la mampostería simple: Si se usa piedra o ladrillo, debe estar confinada (amarrada con estructuras de hormigón armado o madera robusta).
Tercero, la calidad de los materiales: Realizar ensayos al barro o al adobe para evitar contaminación con materia orgánica que lo debilita. Proteger los muros de la humedad y las lluvias con buenos recubrimientos, pues el clima caribeño es tan implacable como un sismo. Cuarto, conexiones robustas: El punto más débil de una casa de materiales locales es la unión entre el muro y el techo. Un techo liviano (de madera y teja ligera o zinc) bien anclado reduce el riesgo de aplastamiento.
Una conciencia que salva vidas
En Tercer Frente se construye hoy el patrimonio del mañana. Es justo y necesario apoyar todas las vías para que las familias tengan un techo digno, pero sería una negligencia histórica no advertir que un techo frágil en zona sísmica es una trampa mortal.
El Doctor Candebat concluye con una visión esperanzadora: “el Servicio Sismológico Nacional trabaja hoy con especialistas de Grecia, Chile y Estados Unidos en sistemas de aislamiento sísmico de bajo costo. Sabemos que hay que buscar soluciones económicas y locales, pero sin violar los principios de la ingeniería sismorresistente.
La disyuntiva para el Tercer Frente no es entre tener casa o no tenerla. Es entre construir de cualquier manera, o levantar edificaciones duraderas. La diferencia, según demuestra la ciencia, puede medirse en segundos durante un temblor... y en vidas