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El amanecer de la Patria

10 October 2026 Escrito por  Odalis Riquenes Cutiño

-“Llámelos a todos…”, ordenó el ilustre abogado bayamés al mayoral del ingenio Demajagua, con la sobriedad de quien se impone en trance sobre sí mismo, y en aquella incitación iba todo el ímpetu y la convicción de sus 49 años.

Amanecía el 10 de octubre de 1868 y en la costa manzanillera el mar cercano, tal vez mostraba la azul quietud que precede al torbellino.

Solo y enfrentado a sí mismo en la sala de la lujosa casa señorial, entre los muebles tallados y los altos puntales, harto de las vacilaciones de los compatriotas, urgido por las circunstancias, el hombre: vigor físico, espíritu cultivado y pasión por las bellas letras, asumía la responsabilidad del despertar armado de la nación, que desde entonces llevaría tatuado en el alma el sentimiento de lo cubano.

Tres días atrás, el propio Capitán General de la Isla había enviado la orden de arresto a los principales líderes de la conspiración en Bayamo. Informes recientes daban cuenta incluso de tropas españolas avanzando hacia el ingenio.

Por eso, el 9 de octubre Carlos Manuel de Céspedes decretó el alzamiento.

En la audaz disposición no había vanidad ni espíritu aventurero, como pensaron muchos, sino el convencimiento de que “(…) ya no había paciencia para más tributos, ni mejillas para más bofetones…”, como diría José Martí al describir años después la situación cubana en vísperas de aquella jornada de octubre.

Ahora, con el alba del 10, el Síndico, en la mano el Manifiesto redactado la noche anterior, caminaba con paso firme hacia el portal de su hacienda, convertido en pórtico de la historia, frente al cual le esperaban unos 500 hombres a la expectativa de su decisión, entre ellos los esclavos, a los que en unos minutos haría libres.

Ante el total silencio arengó: “Ciudadanos, este sol que veis alzarse por la cumbre del Turquino viene a alumbrarnos el primer día de libertad e independencia para Cuba (...) hasta hoy habéis sido esclavos míos. Desde hoy, todos sois tan libres como yo (…) Cuba necesita de todos sus hijos para conquistar la independencia (…)”, les diría a quienes habían sabido de látigo y sol en sus campos.

Acto seguido, aquellos hombres con apenas 37 armas de fuego, algunas lanzas de púa y los machetes de cortar la caña, partirían hacia los campos de Cuba, a conquistar, con su honor y con su sangre, la libertad de la Patria.

A 158 años de aquel gesto que sintetizó el ideal de independencia y justicia social cubano, su significado late en las reflexiones del Comandante en Jefe Fidel Castro, en el Centenario del acontecimiento.

“¿Qué significa para nuestro pueblo el 10 de octubre de 1868? Significa sencillamente el comienzo de cien años de lucha, el comienzo de la revolución en Cuba, porque en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868. Y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes”.

Y es que a la luz de aquel sol de octubre que pugnaba por salir, aún se empina la Patria.

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