En Baraguá, Antonio Maceo protestó contra lo pactado en El Zanjón, allí se proclamó una brevísima Constitución (todo en el 1878) e inició la Invasión a Occidente por parte del mismo Lugarteniente Mayor General Antonio Maceo el 22 de octubre de 1895.
Para los santiagueros es un privilegio que los Mangos de Baraguá estén en nuestra provincia y que desde allí el Comandante en Jefe haya predicho que “el futuro de nuestra Patria será un eterno Baraguá” y, en consonancia, más de 8 millones de cubanos firmamos el Juramento. Éramos menores de edad pero también fruto de la Revolución; emocionadas estaban las mellizas, Roxana, Mercedes, Yindra, Carlitos y Abel así como los otros 30 miembros de mi destacamento, acompañados por los padres y la maestra Isabel Santana.
Fidel dijo en aquel momento que “los pretextos para un conflicto armado entre Estados Unidos y Cuba es lo que más desean los traidores anexionistas. Esa superpotencia solo es poderosa en el campo de las armas. En el de las ideas es huérfana y está indefensa. Con inteligencia y con ideas lograremos nuestros objetivos”. Acertadísimo fue “el Jefe”, y sus preclaras ideas hoy tienen vigencia.
Como en el 2000, yo, un hombre formado bajo los preceptos del Líder Histórico de la Revolución Cubana y seguro de la unidad de la mayoría de mis compatriotas en torno al proyecto de sociedad socialista que construimos, retomo la idea fidelista de que “tenemos derecho a la paz, al respeto de nuestra soberanía y nuestros intereses más sagrados. Cuarenta años de infamia no han podido doblegar nuestra voluntad de lucha. No nos hemos cansado ni nos cansaremos”.