Como periodista y usuaria o consumidora, en no pocas ocasiones de la vida se está ante circunstancias en las que no se escapa de sufrir de ciertos males. Así aconteció en la mañana del lunes 12 de enero -alrededor de las 11:30 a.m.-, cuando me disponía a efectuar la compra de dos paquetes de hígado en la Mipyme que radica en la bodega La Maraca, ubicada en Corona, esquina San Germán, Centro de Ciudad en Santiago de Cuba.
Ante la interrogante retórica de si aceptaban transferencia -porque quienes son TCP o Micro pequeñas y medianas empresas tienen la obligación de recibir dinero digital, y nada excusa lo contrario-, la respuesta no se hizo esperar de la dependienta llamada Claudia: ‘no’.
Acto seguido pregunté si existía alguna situación con las comunicaciones -cosa que no es porque las entidades bancarias lo notifican a todos los usuarios con antelación y razones-; o si carecían de códigos QR de las cuentas fiscales, o no habían habilitado aún varias vías de pago en distintas plataforma como Transfermóvil y EnZona (lo que tampoco sería razonable ya que es una violación a los requisitos para instaurar un negocio particular); o hasta tal vez pensé que aludiría a que el responsable de chequear la realización de la operación estuviera fuera de su puesto -otro móvil injustificado-; pero no.
Inquirió que el horario de aceptar era hasta el mediodía -aún no eran las 12-; con prontitud repliqué con respeto si existía alguna circular que estableciera horarios para eso. De ahí con una actitud negativa me pidió identificación y exigió que quién era yo para indagar sobre esas cuestiones.
Por supuesto que me presenté y dije ser periodista, lo que claro está que cuando salgo a hacer mis pendientes del hogar no porto el carnet ni tengo un letrero en el rostro que exhibe mi profesión.
Ante eventos como estos, y para cortar su multiplicación, es imprescindible que los inspectores sean más y actúen en consecuencia y con prontitud en todos los espacios. Y existen muy buenos ejemplos, que no son flexibles ni sobornables ante razones.
De igual forma, en lugares como el Mercado El Alambre, ubicado en Santo Tomás, esquina a San Germán, dependientas como Dunia, siempre aceptan transferencia -no a mitad ni niegan esa posibilidad-, en su totalidad.
Ser implacables con el delito y las ilegalidades constituye una tarea de primer orden en nuestra provincia; esta máxima no solo cuida lo escrito en decretos, decretos-leyes, leyes y resoluciones, sino que la vida diaria de nosotros como pueblo depende de su cumplimiento.