El segundo acto por la efeméride fue la gala política y artística en el Salón de los Vitrales, presidido por Niurka Bell Calzado, integrante del Buró Ejecutivo del Comité Provincial del Partido y otros dirigentes y funcionarios.
El Partido y la Universidad de Oriente distinguieron a la Plaza con reconocimientos; Odexa Fuentes Medina, coordinadora de programas y objetivos del Gobierno, destacó la trascendencia histórica de este sitio, inaugurado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Una ofrenda floral fue colocada junto a la Llama Eterna que encendió Fidel aquel histórico octubre. En el túnel de acceso está la exposición fotográfica presentada por la M. Sc. Maciel Reyes Aguilera, especialista en arte de la Fundación Caguayo.
El Dr.C. David Silveira, jefe del Departamento de Patrimonio de la Universidad de Oriente, por qué este lugar es ya símbolo identitario de la ciudad: “al fondo las montañas, símbolo de rebeldía; identidad, paisaje; también, el cielo azul, y el monumento a Maceo, contentivo del espíritu de lucha; de combate; de la inteligencia y del llamado al combate”.
Edificar la ‘Antonio Maceo’ fue una proeza de cerca de nueve años; una proeza constructiva y también artística y cultural. De esta Plaza no se pueden deslindar ni la Fundación Caguayo ni sus grandes protagonistas: Lescay (autor del monumento ecuestre de Maceo), Guarionex (creador de los 23 machetes) y otros que cargaron con la responsabilidad de llevar adelante, y dirigir, este proyecto.
El otro homenaje
El primer acto de la efeméride ocurrió un día antes, el 13 de octubre, pero en un ámbito más íntimo: se reunieron los trabajadores y administrativos del centro en el Salón de los Vitrales. Fue un encuentro inolvidable, nacido de la iniciativa del colectivo.
Así fluyeron las historias del jardinero de la Plaza o las de René Bueno Caminero, el primer técnico de audio. Él puso el Himno Nacional en el acto masivo, cuando Fidel inauguró el lugar; habló Armando Pérez Marín para contar cómo aprendió habilidades con René y luego ocupó su puesto hasta hoy.
Tanto trabajadores de larga data, como los más recientemente incorporados, narraron vivencias y destacaron lo que representa para ellos laborar en un lugar cultural, pero con un enorme significado histórico.
A las intervenciones se sumaron representantes de escuelas vinculadas a este centro durante más de 20 años y de la comunidad circundante. Un nombre prevaleció todo el tiempo: Douglas Palancar, primer director.
Y así, cada trabajador al margen de su puesto, añadió un valor adicional a la actividad modesta, humilde, pero muy emotiva.
Entre ellos se distinguieron y se felicitaron por haber cumplido con la responsabilidad de mantener tan excelentemente un lugar que es historia viva y en cuyo “perímetro se puede reunir casi medio millón de almas”, nos dijo en una ocasión Douglas, mirando desde lo más alto del área presidencial de la Plaza.
Conservar la prestancia de lo edificado con arte; la solemnidad del Salón de los Vitrales; interiorizar que se trabaja y se camina dentro de un sitio histórico, es parte de lo que el colectivo ratificó en este aniversario 35: el compromiso de que el sitio sea un homenaje eterno a Santiago y al hombre de la Protesta de Baraguá, que sigue llamado al combate.