Santiago de Cuba,

Los ojos de la felicidad

11 October 2026 Escrito por 

Nuestro empeño es acercarnos a la vida de una oftalmóloga que es añorada por decenas de pacientes que cada día la esperan en el Centro Oftalmológico, anexo al Hospital General Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso, en Santiago de Cuba.

La historia de la Dra. Tania Yelina Silva Chil es muy interesante. Para muchos de sus compañeros de la secundaria básica José Maceo, en San Luis, ella tenía un futuro asegurado en la Cibernética o las Matemáticas porque era ‘un lince’ resolviendo ecuaciones y problemas matemáticos.

De cómo llegó a ser oftalmóloga; además de su amor por los ancianos, su pasión por el baile, su orgullo por Claudia; la sorpresa de ser la Mejor Trabajadora del Hospital General Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso. Con estas y otras interrogantes en la agenda vamos a su encuentro.

“Nací en 1970, en un pueblito que está en las inmediaciones del central Rafael Reyes, antigua Unión. Ahí fui a la escuela rural, la primaria Romilio Betancourt; después, pasé a la secundaria José Maceo, y el preuniversitario, en la Vocacional Antonio Maceo.

“De niña siempre fui muy activa. Me gustaba no solo aprender materias escolares sino las artes y participar en todo. “Mi mamá vive conmigo y es mi compañía en la casa. Tengo una hermana, Ana María, que siempre ha sido la que ha estado en la retaguardia, cuidándome, apoyándome. Siempre se ha encargado de la familia y eso facilitó mis estudios y formarme bien.

“¿Por qué oftalmología? Cuando estudiaba Medicina fui alumna ayudante de Cirugía y la Mejor Graduada de mi Facultad. Cuando nos ofertaron las especialidades no venía cirugía, pero dentro de las quirúrgicas estaba oftalmología, que me había gustado mucho cuando roté en el quinto año. Una compañera me dijo:

Tania, tú que eres miope ¿por qué no te haces oftalmóloga?”. “Hoy te puedo asegurar que lo mejor que me ha pasado en mi vida es ser oftalmóloga.

No creo que hubiera sido tan feliz como cirujana general. La maravilla de devolverle la luz a las personas es insuperable. Son historias muy lindas de pacientes que llevaban años ciegos, se operaron y recuperaron la visión.

“El momento más triste para un oftalmólogo es cuando un paciente pierde la visión, y sobre todo, cuando pierde el globo ocular porque además de quedar ciego se le daña la estética. Duele mucho.

Es el instante más temido para nosotros que siempre tratamos de salvar el ojo y el poquito de visión que puede quedar. Es muy triste, sufre el paciente, sus allegados, nosotros”.

Conozco a Tania prácticamente desde sus inicios como profesional de la Medicina. Quienes disfrutan de su amistad, inmediatamente la adoran, y ella corresponde con igual cariño y esa sonrisa que jamás abandona su rostro.

“Siempre he querido ayudar a las personas. Trabajo en un lugar donde los que acuden necesitan afecto, comprensión y resolver su problema de salud o el de su familiar.

“Cuando roté por la Colonia (Hospital Pediátrico Sur) como residente de oftalmología, me pusieron “cara de cumpleaños” porque siempre me estaba riendo. Y esa sonrisa uno la transmite al paciente.

Esa paz, esa tranquilidad, esa confianza cura a veces más que los medicamentos. De ahí mi empeño en que la gente que llega hasta mí se sienta bien. “Dirijo el Centro Oftalmológico donde se atienden unas 4 000 personas en un mes y unas 50 000 al año. Te imaginas toda esa gente satisfecha porque fue atendida con cariño, con una sonrisa”.

“Estoy en un colectivo que me ha seguido y siento una gran admiración por ellos. Siempre buscamos una solución; mis compañeros de trabajo han sido mi familia.

“Soy Máster en Longevidad Satisfactoria; siempre sentí placer por atender a los ancianos. A mi lado tuve por un buen tiempo, a mis dos abuelos maternos y a mi abuela paterna. Esta última falleció con 99 años y los otros dos con más de

80; mi mamá tiene más de 80 años; tengo dos viejitos maravillosos que son como mis otros padres, Margot y José, y me da tremenda satisfacción poder cuidarlos como ellos hicieron conmigo. En los ancianos hay que buscar ese mar de experiencias que tienen y con ellos aprender.

De hecho, “me fajo” a veces con los familiares que vienen y dicen ‘no, él está muy mayor para operarse’. “¿Qué si de niña quería ser médica? no, eso no lo sabía yo. Eso lo sabía mi padre.

A mí me gustan mucho las matemáticas siempre pensé que iba a ser matemática o cibernética. Pero desde niña también curaba a mi papá y él me decía que yo iba a ser médica. Lamentablemente, mi papá murió cuando yo tenía 13 años.

En su funeral le juré que iba a ser médica como él quería; también, que cumpliría misión internacionalista. Él había regresado recientemente de Angola a donde fue en dos ocasiones cuando la guerra. Se llamaba Silvino Silva, era oficial de las Far.

Un hombre maravilloso, íntegro, muy cariñoso y responsable. Llegó a ser Vanguardia Nacional y yo sentía una admiración increíble por él, y por mi mamá también, muy buena trabajadora, Vanguardia en su sindicato. Realmente, los dos fueron un ejemplo para mí.

“A partir de la muerte de mi papá comencé una lucha por salir bien todo el tiempo. En la carrera no solo era graduarme de médica sino ser buena para que mi papá se sintiera orgulloso.

“Son incontables los recuerdos de la Facultad No. 2, allí hice los estudios básicos, pero la parte clínica, a partir del 3er. año, casi todo lo hice en el Hospital Ambrosio Grillo, un centro que me encanta. Pasé por tres hospitales puntales en el ámbito civil; también estuve en el Hospital Militar. Pero me formé como médica en ‘Grillo’, con profesores maravillosos.

Hoy cuento con la amistad de la Dra.C. Nilia Escobar, Heroína del Trabajo, otra madre para mí.

“Al graduarme fui a trabajar al Hospital Saturnino Lora. La residencia de oftalmología la hice vía directa. También me une un gran recuerdo al ‘Lora’, donde trabajé desde 1994 hasta el 2004 en que comienza la Misión Milagro y me traslado al ‘Juan Bruno Zayas’. Con el ‘Lora’ quedó una relación maravillosa. Ya han pasado más de 20 años y cuando voy de visita es increíble el recibimiento que me ofrecen los trabajadores de allí; yo era la secretaria general del Comité de la UJC y en verdad es un hospital que quiero mucho, un hospital escuela”.

“Llevo varios años en funciones médicas asistenciales y en labores administrativas.

Es complejo porque el ‘Juan Bruno Zayas’ es un hospital inmenso. También lo es el Centro Oftalmológico con su Cuerpo de Guardia, una sala de 22 camas, para pacientes de oftalmología; una unidad quirúrgica; un área de consultas muy grande: 22 consultas. Que todo esto funcione requiere un esfuerzo enorme para conseguir los recursos. En verdad se hace difícil llevar las dos funciones.

Formamos un gran equipo”. “Yo estuve en el Instituto Cubano de Oftalmología, en la acreditación de glaucoma, en el año 2007 y en 2010 llega aquí al hospital, la orientación de que se iba a abrir, por primera vez, una clínica privada en convenio de nuestro país con otro, precisamente Angola; que se estaba organizando un equipo con médicos de toda

Cuba para inaugurar ese centro y que el Grupo Nacional de Oftalmología había dado mi nombre para ir a cumplir esa tarea. Mi mamá me recordó el compromiso con mi padre y qué mejor lugar que el país donde él estuvo”.

“En Angola la mayoría del pueblo defiende a Cuba; no han olvidado su historia, por suerte. Pero me chocó el sistema rivado; que la gente llegara y yo solo pudiera resolver lo que el paciente pagara. Nunca me adapté porque soy muy solidaria. Pero solo podía atender a los que facturaban. Fue difícil para mí”.

“La salud de la oftalmología no está tan óptima en estos tiempos, porque nosotros iniciamos la Misión Milagro en 2004 y el país se equipó con la mejor tecnología del mundo, en todos los centros oftalmológicos que se inauguraron en cada provincia de Cuba alcanzamos fama internacional, porque, digamos en Santiago se llegaron a operar 38 000 personas.

Y si nos remitimos a otras estadísticas de la Misión Milagro, entre todos los oftalmólogos aquí en el país y en misión en el extranjero, se llegaron a operar más de 3 000 000 de personas en muy poco tiempo.

Aquí trabajamos en varios horarios siempre con la satisfacción de ver a los pacientes recuperar su visión, que era el milagro de esa misión. Pero llega este período de tanta escasez, de tanto bloqueo, y la especialidad ha bajado mucho porque necesita tecnología. El oftalmólogo no puede diagnosticar como el clínico, con sus manos. Nosotros necesitamos equipos para hacer un diagnóstico y en estos momentos los recursos escasean.

En verdad, haría falta un impulso a la especialidad, nuevamente. Pero ya le digo: depende de tecnología y de recursos que por el bloqueo norteamericano no es posible. Además, hay que priorizar otros perfiles para garantizarle la vida al paciente”.

“Tengo una familia pequeña: una hija, Claudia Beatriz, que tiene 21 años y estudia Medicina. Ella es mi admiración; ha seguido mis pasos. Le digo a todo el mundo que es mejor que yo: muy disciplinada, muy responsable, trabajadora...

Ya inició el 5to. Año de la carrera; es ayudante también de oftalmología y vicepresidenta de la Feu en la Universidad de Ciencias Médicas. Su padre, Félix Castellanos, lamentablemente falleció hace cinco años pero también le inculcó valores muy importantes para su vida futura.

Y creo que al igual que yo, ella tiene la encomienda de ser buena para que él se sienta orgulloso dondequiera que esté. En Félix tuve un pilar para formar y preparar a Claudia; también, fue un puntal para mí desde mis últimos años de estudiante y durante mi formación como oftalmóloga y como trabajadora.”

“Porque los médicos nunca dejan de estudiar. Cada segundo sale una noticia nueva sobre salud; hay que estar actualizados”.

“Me sorprendió eso de Mejor Trabajadora del ‘Bruno Zayas’, porque aquí hay tantos trabajadores consagrados para que el hospital funcione, que esa declaración llena a uno de orgullo. Esa selección no la veo como algo personal sino colectiva, es un reconocimiento general.

“Mis ojos son verdes y ese es mi color predilecto. El verde es esperanza. Desde mis ojos, veo la vida llena de esperanza. ¿Los ojos más bellos? Los que transmiten felicidad. Esos son los ojos más lindos. No importa el color; lo que importa es lo que transmiten”.

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MSc Miguel Angel Gainza Chacón

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