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Lo que quiere devolvernos el Gobierno de los Estados Unidos

31 January 2026 Escrito por  Orlando Guevara Núñez

Cuando Cuba padecía bajo la tiranía de Fulgencio Batista, el gobierno de los Estados Unidos decía que vivíamos en un país próspero. Entonces no nos acusaba de violación de derechos humanos ni de falta de democracia ni de tener dictadura. Cuba no era agredida ni bloqueada ni amenazada ni acusada de ser peligro para la seguridad de los Estados Unidos.

En este trabajo, pretendo solo citar algunas cifras que retratan a la Cuba de antes del Triunfo de la Revolución, al “paraíso” capitalista, apoyado con armas y asesores yanquis. El mismo gobierno que trató de evitar que el Ejército Rebelde, bajo el mando de Fidel, asumiera el poder después de haber derrotado a la tiranía.

Algunas de estas cifras fueron citadas por Fidel, el 16 de octubre de 1953, ante el tribunal que los juzgaba por los hechos del 26 de julio de ese año.
No son todos los números. Pero bastarán para llegar a una conclusión. Juzgue el lector.

El 85 % de los pequeños agricultores cubanos pagaba renta y vivía bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas estaba en manos de monopolios extranjeros.

Doscientas mil familias campesinas no tenían una vara de tierra donde sembrar alimentos para sus hijos. En manos de poderosos intereses, cerca de trescientas mil caballerías de tierras productivas sin cultivar.

Estaban registradas 159 000 fincas. Y el 20 % de los propietarios tenía menos del 1 % de las tierras. El 1 %, tenía el 46 %.

Unos 33 000 agricultores eran aparceros, es decir, trabajaban una parcela sin ser dueños y tenían que pagar a sus propietarios, mientras que 13 000 eran precaristas asentados en tierras del Estado, sin proceder legal. Otros 46 000 trabajaban como arrendatarios y 6 987 como subarrendatarios.

Más de 200 000 familias vivían en bohíos miserables, solo el 9 % disfrutaba del servicio eléctrico, 96 de cada 100 familias no consumían carne habitualmente, menos del 1 % comía pescado, apenas el 2 % tenía el huevo en su alimentación y un 89 % no contaba con un decisivo recurso dietético como lo es la leche.

Más del 94 % de los establecimientos industriales tenían menos de 100 empleados, mientras que más del 50 % de los trabajadores de esa rama pertenecían al sector azucarero. Las industrias productoras de materias primas y recursos básicos, representaban solo el 0,1% de las inversiones al margen de la industria azucarera, la que, en su mayoría, estaba en manos de monopolios extranjeros.

La situación del desempleo era realmente agónica. A los 600 000 cubanos sin empleo en aquellos momentos, se unían los 500 000 obreros del campo que solo trabajaban tres o cuatro meses al año, pasando el resto sin tener dónde ganar su sustento.

La mujer era particularmente discriminada. En 1958, solo estaban empleadas 194 000, el 70 % en labores domésticas. Unas 100 000 mujeres tenían la prostitución como único medio de vida.

En 1953, el 23,6 % de la población mayor de 10 años era analfabeta, mientras que solo el 55,6 % de los niños entre seis y 14 años estaban matriculados en las escuelas, aunque muchos se veían obligados a abandonarla para incorporarse al trabajo como medio de subsistencia.

Un millón y medio de habitantes mayores de seis años no tenían ningún grado escolar aprobado, al tiempo que la matrícula sólo registraba el 52 por ciento de los niños de siete años, el 43,7 por ciento de los de ocho y el 36,6 por ciento de los de nueve.

Entre los 15 y 19 años, en la flor de su juventud, solo el 17 % de los cubanos recibía algún tipo de educación, mientras que el grado cultural promedio de los mayores de 15 años no llegaba al tercero.

En el país existían solo 53 464 graduados universitarios, entre ellos 37 292 en la capital del país, con una población analfabeta de seis a nueve años que llegaba a 44,5 % en La Habana, al tiempo que en Oriente alcanzaba un 81,2 %, llegando a un 89 % en las zonas rurales.

El presupuesto asignado a la salud era realmente una vergüenza. Unos 25 millones de pesos, de los cuales políticos y funcionarios corrompidos se robaban gran parte. La mayoría de esos recursos se concentraban en la capital, cuya población representando el 22 % del total del país, contaba con el 61 % de las camas.

En Oriente la situación era más trágica. La Región Oriente Sur de Salud Pública -actuales provincias de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo- contaba

con un presupuesto de solo 1 300 000 pesos.
La mortalidad infantil cubana superaba la tasa de 60 por cada mil nacidos vivos, aún cuando muchos niños no eran siquiera registrados en su nacimiento por residir en lugares rurales donde la asistencia médica no llegó nunca durante la etapa pre revolucionaria.
Miles de niños y adultos morían cada año víctimas de enfermedades curables.

En el propio año 1953, una epidemia de gastroenteritis mataba dos niños cada día en Santiago de Cuba. Las autoridades achacaron la enfermedad a la mala calidad del agua y los alimentos, pidieron apoyo al país, y como respuesta recibieron unas pocas camas y cuatro cajas de medicamentos, lo que ni siquiera contribuyó a aliviar el mal.

El país contaba con unos 6 000 médicos, la mayoría en la capital cubana y otras grandes ciudades, mientras que gran parte de ellos ejercía la medicina privada. Las 131 casas de socorro existentes en el país, eran realmente una grotesca caricatura de atención sanitaria, y una gran mayoría de quienes recibían asistencia médica, se quedaban con las recetas en los bolsillos, al no poder comprarlas por falta de recursos. La atención estomatológica era ínfima. Una intervención quirúrgica era un lujo que pocos podían satisfacer. Eso explica que, en esa época, la expectativa de vida de la población anduviera por los 55 años.

Santiago de Cuba contaba con solo 198 médicos
Es esto lo que quiere devolvernos el imperio yanqui. Y si hasta ahora no lo ha logrado, es por la existencia aquí de un pueblo dispuesto, con la defensa de nuestro socialismo, a seguir siendo lo que somos y no regresar jamás a lo que fuimos.

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