Cada vez que me dispongo a botar la basura en el contenedor de 3ra, esquina L, del Reparto Sueño, siempre recibo la ayuda de los barrenderos de la brigada responsable de higienizar el área.
Sus rostros, más allá de reflejar apatía o cansancio por la labor que realizan, muestran disposición a colaborar, a adelantarse a una solicitud, a atender con prontitud y con minucioso proceder cada metro donde aún queden desechos o suciedad.
Y lo realizan con una sonrisa sincera en el rostro, con la piel curtida de sol a sol; con la mirada que sostiene humanidad. A veces no cuentan con todos los recursos ni con todas las remuneraciones que necesitan, pero sí con la voluntad de levantarse cada día a repetir tareas, sabiendo que de estas depende el cuidado y embellecimiento del entorno.
Por esta razón, cuando sobra empeño en medio de escasez, hay que ser más consecuentes y apreciar lo bueno. Contribuir con el orden y la limpieza de las calles, no arrojar desechos fuera de los carritos o algún cubalse o caja para colocarlos temporalmente, previniendo roedores y enfermedades; y por qué no, brindarles un café o vaso de agua, por solo poner ejemplos, como muestra de nuestro aprecio a ellos.
La felicitación y admiración para esta noble labor y sus protagonistas; que sigan inspirando a muchos cuando siembran jardines en la vía pública, o chapean la maleza. Toda la gloria, en un grano de maíz.