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Para salvar el presente

20 September 2026 Escrito por 

A la altura de 2026 los cubanos nos encontramos en una encrucijada muy similar a la de la Generación del Centenario, y que Fidel resumió en pocas palabras: “cruzarse de brazos y esperar o luchar era para nosotros el dilema”.

Las actuales circunstancias son dificilísimas y, en no pocas ocasiones, indescriptibles; solo la palabra genocidio puede describir, en su justa medida, a la política que el gobierno estadounidense impone a Cuba “para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Así lo definió, el 6 de abril de 1960 Lester De Witt Mallory, Vicesecretario de Estado Asistente para los Asuntos Interamericanos, en un memorándum secreto que se ha cumplido al pie de la letra y que hoy se aplica en su máxima expresión: en 2020 nos negaron hasta el oxígeno medicinal y hoy aplican miles de medidas, entre estas la de aplicar aranceles a quienes nos provean de combustibles.

Del bloqueo hemos escrito, denunciad y hablado muchísimo, en tanto sus efectos se manifiestan las 24 horas del día; pero que quede claro: hasta que sea levantado no dejaremos de hacerlo.

Dilatados apagones, hiperinflación y el deterioro de muchas infraestructuras aluden de alguna manera al “eterno retorno” que el filósofo Friedrich Nietzsche conceptualiza más allá de los acontecimientos que no solo se repiten, sino también “los pensamientos, sentimientos e ideas, vez tras vez, en una repetición infinita e incansable”.

El sentido del momento histórico que Fidel asumió para introducir su concepto de Revolución indica que las maneras de hacer y pensar -sin renunciar a los principios-, nos ha llevado a implementar 176 transformaciones económicas y sociales, que son perfectible y han de ser conducidas sobre la base de “qué más puede hacerse para justificar la confianza y el ejemplar respaldo de nuestros compatriotas, aun en medio de tantas necesidades, a no ser ingenuos ni triunfalistas, a evitar respuestas burocráticas y cualquier manifestación de rutina e insensibilidad”, tal y como convocó Raúl el 1 de enero de 2024 en el parque Céspedes.

Estamos en momentos definitorios, que deciden el presente y el futuro de la Patria. Fidel, en su mensaje a los estudiantes el 17 de noviembre de 2010, apeló a que “en cada ser humano hay una alta dosis de vergüenza (…) hay que ir a la crítica y autocrítica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, después en el municipio y después en el país.”

Al mismo tiempo, el Comandante en Jefe reconoció que “entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”. Y su impronta está en aprender de los errores, de ahí que, en su línea de pensamiento, orientó: “cero derroche. No somos un país capitalista, en que todo se deja al azar. Subsidios o gratuidades, solo en cosas esenciales y vitales. ¿Y con qué pagamos los costos?

Todo está a nuestro alcance, todo pertenece al pueblo, lo único no permisible es despilfarrar riquezas egoísta e irresponsablemente”.

El presente del país se decide en tierra de secano donde ya se cosecha arroz; en las industrias que obran a la manera de la Refinería de Petróleo Hermanos Díaz; en las escuelas y hospitales que no cierran sus puertas; en los vecinos que higienizan sus barrios. Se debilita en todo lo que nos desune, en las indisciplinas sociales, los hechos de corrupción y el descontrol.

Para salvar el presente tenemos el fundamento de la historia y su advertencia de que “quien no aprende de sus errores, está condenado a repetirlos; y en cada repetición, el costo es más alto y el tiempo más corto”; el no subestimar al enemigo (que no se le puede dar “ni un tantito así”); y -sobre todo- de actuar con sentido de urgencia, pero sin improvisaciones, analizando todas las aristas en función de lo que puede ser mejor para Cuba.

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Luis Alberto Portuondo Ortega

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