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Una mujer a la altura de estos tiempos

16 April 2026 Escrito por  Luis Ernesto Busto Sosa (estudiante de Periodismo)

En tierras del cauto hay personas que aman y fundan, que construyen con su dedicación el futuro de cientos de niños que transitan por los salones de los círculos infantiles. Una de ellas es Vildemia Díaz-Milanes, maestra desde 1979 y que a sus 65 años desconoce la existencia de otra pasión que no sé enseñar.

Al hablar del Círculo Infantil "Amiguitos de Camilo", sus expresiones afirman el sentido de pertenencia y el cariño por los pupilos que ha de formar: "Entre a la enseñanza de Círculos Infantiles por la necesidad que había de educadoras, pero a tantos años creo que fue por el amor a los niños y aún en edad de jubilación no he encontrado valor para irme, está al igual que para los niños también es mi casa.

"Nunca me he desvinculado de aquí, no solo por la cercanía que tengo, sino porque me gusta y siempre estamos en estrecha relación, fíjese que aún pertenezco a este núcleo Partido. Trabaje durante 40 años y como es lógico me jubile, pero al cabo de los cinco años conversaron conmigo para ver si estaba de acuerdo a reincorporarme y le dije que sí, hasta que pudiera. Y aquí estoy ya hace un año y pico, siempre activa", comentó.

Por su consagración fue seleccionada para integrar otras responsabilidades en los secretariados de disimiles organizaciones políticas y de masas, así como el representar a su terruño en eventos de relevancia nacional: "Solamente no fui educadora, tuve otras responsabilidades, fui secretaria del núcleo de aquí por mucho tiempo, pero también era del Comité Municipal y del Provincial del Sindicato de Educación, luego estuve en el Comité Municipal del Partido, fui al octavo congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, siendo la única delegada del municipio. O sea que solamente no fui educadora de niños también, de adultos".

Díaz Milanés acumula en su expediente laboral más de cuatro décadas de trabajo con los más pequeños en el Círculo Infantil Amiguitos de Camilo, pero en gran medida ese cariño por los infantes le fue transmitido desde sus años de estudiante por sus profesores y por Vilmes Espin, de la que aún guarda hermosos recuerdos del día en que se hizo maestra.

"Yo me gradué en la verdadera escuela de educadoras, en el 1979, graduación en la que participó Vilma Espin, y compartimos con ella todo ese tiempo en el festejo. Ella se familiarizó mucho con nosotros, conversamos, intercambiamos conocimientos, aunque teníamos poca experiencia porque éramos recién graduadas, pero que alegría poder compartir con ella todo ese tiempo, todavía lo recuerdo con mucho agrado", señaló.

Reconoce que aún queda mucho por hacer por la enseñanza de los infantes, pero sabe que con esfuerzo y dedicación se puede lograr que la educación en Cuba siga siendo un ejemplo ante el mundo. "Nunca uno debe conformarse con lo que tiene, siempre debe de hacerse un esfuerzo por mejorar, una de las cosas que falta, que la incrementar, es la preocupación por la autopreparación sobre lo que nos corresponde con nuestra enseñanza, para que las actividades sean más educativas, que los niños alcancen conocimientos amplios y de calidad.".

Esta docente dotada de inteligencia es un vivo ejemplo de amor por la educación, por los niños, pero sobre todo por Cuba, porque en vez de estar en casa disfrutando de la tranquilidad que sus 65 años necesitan, se encuentra firme y regalando sus experiencias a los más pequeños de casa.

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