Fidel Castro Ruz sin cuestionamiento alguno fue el previsor y núcleo del liderazgo que forjó e institucionalizó el poder revolucionario y socialista en nuestra Patria, fruto de la voluntad soberana de un pueblo que nomina, elige y tiene todas las prerrogativas constitucionales para revocar a delegados, diputados y cuantos cargos estatales existen.
Tras la caída del llamado “socialismo real” sobrevivimos dada la unidad de la mayoría de los cubanos, de ahí que el Líder expresara: “Soy decidido partidario del voto unido (un principio que preserva el mérito ignorado). Fue lo que nos permitió evitar las tendencias a copiar lo que venía de los países del antiguo campo socialista, entre ellas el retrato de un candidato único, tan solitario como a la vez tan solidario con Cuba. Respeto mucho aquel primer intento de construir el socialismo, gracias al cual pudimos continuar el camino escogido.”
De manera que tras los procesos eleccionarios de los años 90 el voto unido garantizó la continuidad. El Comandante advirtió en aquel entonces “¿cuál habría sido el resultado si la Revolución no tuviera la mayoría del pueblo? Pues, sencillamente, aquellos que están contra la Patria, contra la Revolución y contra el socialismo, habrían anulado de una forma o de otra, tachándolas o depositándolas en blanco, la mayoría de las boletas”.
En todo caso, nosotros no ejercemos el derecho al voto por el mero hecho de respaldar a nuestro Partido Comunista y mucho menos para mantener el statu quo de sector alguno. Lo hemos hecho -y lo haremos- a partir del “importante concepto de que el Partido ni postula ni elige. Un sistema social y político como el nuestro solo puede sostenerse por el consenso del pueblo, por el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo”.
Como las amenazas son heterogéneas y hay que atajarlas en los ámbitos nacional e internacional, son vigentes y se adecuan a los tiempos porque los propósitos son los mismos, hay que ponerles mucho asunto a las palabras del Jefe: “El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse”.
A Cuba se le han negado muchos derechos: España la gobernó con “un brazo de hierro ensangrentado” y Estados Unidos, a estrenos de los 60 en un memorándum secreto del Departamento de Estado, resolvió acabar con nosotros porque “el único modo previsible de restarle apoyo interno (a Castro) es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales (…) hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba (…) una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.
El voto unido no puede ser definido como necesario sino como imprescindible, él ha sido garante principal de nuestro sistema al que, desde fuera, le han negado todo y que, asombrosamente, como dijo Fidel “le ocurre que cuando ya había hecho muchas cosas, cuando había alcanzado extraordinarios logros, ahora tiene que luchar por salvar lo que hizo, ahora tiene que luchar por sobrevivir como Revolución”.
Votaremos por gente humilde, por negros, mulatos; por mujeres, por jóvenes, por un grupo de candidatos tan heterogéneo como la sociedad y tan cubanos como Martí y Fidel.