La intención fue muy buena, pues el ciclo era su medio de transporte para trasladarse de un extremo a otro de la ciudad y llegar a su trabajo, y ya sabemos lo que puede ocurrir donde hay aglomeración de personas.
Pero cuál no sería su sorpresa cuando, al regresar, vio que la puerta de la vivienda había sido violentada y ya no estaban ni sus pertenencias ni otros artículos del propietario.
Lo llamativo es que esto ocurrió sobre las 11:00 a.m. en uno de los barrios de Santiago de Cuba donde sus habitantes permanecen sentados en las aceras y esquinas en diálogo franco.
La pregunta ante este caso y otros tantos que ocurren a diario es: ¿pero nadie vio nada? Muchos pensamos lo mismo: ¡Imposible! Y es eso lo más preocupante pues la “protección”, la complicidad o el temor a lo que suceda después, son las peores actitudes que se pueden asumir ante un hecho delictivo.
Recuerde, un criterio, un detalle de algo que pueda aportar a la investigación ayuda.
Hoy fue esa persona, pero otro día puede ser alguien conocido, un familiar y hasta usted mismo, que con sacrificio durante años ha adquirido los bienes disponibles para la vivienda.
En el enfrentamiento al delito y las ilegalidades se conjugan las acciones de los organismos competentes y de la población.
Es cierto que muchas personas afectadas no logran recuperar los bienes personales robados, pero otras tantas sí, los vemos a diario en las publicaciones en redes sociales.
No podemos admitir esas actitudes de pasividad ante algo que no es correcto, no es normal y es un delito. Esos ciudadanos que pretenden vivir a costa del sacrificio de los demás deben sentir la vigilancia y el rechazo de la población. Esta es una acción que compete a todos.