Otros lo anuncian en espacios públicos o ante autoridades escolares como mecanismo de presión social; a primer golpe de lectura parecen argumentos correctos o entendibles, sin embargo, no podemos perder de vista qué significa la escuela para un niño o adolescente, y en ese sentido llamo la atención.
Es en la escuela donde las nuevas generaciones reciben los conocimientos que le harán entender el mundo, aprender como transformarlo en favor de ellos y de la sociedad, formar nuevas relaciones y constituir redes sociales e interactuar con otros miembros de la heterogénea sociedad en la que viven.
Todo eso ocurren en un periodo de crecimiento intelectual y físico del menor, y es esencial para su normal desarrollo como ser social, que en el futuro asumirá responsabilidades en las familias ascendientes y descendiente, la comunidad, el centro de trabajo, entre otros espacios.
Por lo tanto, pienso que sería provechoso tener en cuenta esos elementos, antes de privar a infantes y adolescentes de ir a la escuela, cuando en realidad lo justo sería esforzarnos todos en casa para que lo más importantes sea la asistencia diaria y la interacción constante de sus tutores con el personal docente.
En el contexto socioeconómico que vivimos los cubanos, en ocasiones la impotencia ante la incapacidad para resolver determinada situación, nos lanza a la búsqueda de culpables y esa avidez puede afectar a los más vulnerables en el tejido social: los niños.
Analicemos juntos: cuán culpable es un niño de que no se disponga de pan (por la libreta) en los horarios, la frecuencia y con la calidad requerida; cuánta responsabilidad tiene en el desabastecimiento de combustible y alimentos, o en la situación general del país. Entonces ¿Por qué los castigamos?
Si los adultos proyectamos las necesidades y frustraciones, que nos hacen más difícil cumplir con la tutela y responsabilidades sociales para con nuestros hijos, además de ser un facilismo, es una forma de convertirlos en víctimas, culpables y castigados al mismo tiempo.
Y más pérfido aún, utilizar a los menores como punta de lanza cuando queremos expresarnos en espacios públicos o ante las autoridades no pasa de una actitud cobarde e irresponsable. ¿No es la familia la primer barrera protectora para los niños? ¿Cómo es posible que algunos miembros los usen como escudo? Solo los invito a reflexionar.