Y es que entre las contradicciones y encrucijadas que enfrentamos los santiagueros a diario, la del acceso a productos y servicios a través del pago electrónico es una de las más recurrentes.
Un informático explicaría que cobramos en código binario (010101) no en CUP, por eso el salario está expresado de forma digital en una tarjeta magnética con las aplicaciones EnZona y TransferMóvil como interfaces de usuarios para ponerlo en valor.
Y ahí está una de las posibles explicaciones para que lleguemos al fin de mes haciendo magia para comer y utilizar los medios de transporte, conservando aún una parte del salario; porque extraerlo de la tarjeta se convierte en una odisea, en la que luchamos contra bestias y dioses al más contemporáneo estilo troyano.
Sin embargo, cuando escuchas a trabajadores por cuenta propia y dueños de Mipymes explicar, que para adquirir materias primas y los productos terminados, sus proveedores (también privados) no siempre admiten pagos electrónicos, el fenómeno se convierte en una cadena que rompe en el eslabón más vulnerable: el trabajador estatal que recibe su salario en una tarjeta magnética.

Lo anterior -no podía dejar de decirlo, aunque ponga la bola en aparente terreno de nadie-, quizás sea una de las causas por las que la gestión de los organismos de control estatal sea tan poco efectiva al respecto; en esta materia también hay que hacer referencia a la poca responsabilidad social de muchos comerciantes de bienes y servicios que son “como el azadón”.
Y son precisamente estos irresponsables sociales los que esgrimen los argumentos más irrespetuosos hacia el pueblo y las instituciones estatales cuando justifican con: “no acepto transferencia porque cuando fui a verificar mi estado de cuenta no tenía nada y hace meses que el banco no me da respuesta” o “yo no pongo nada en la cuenta esa porque el gobierno está esperando que caiga el dinero para robárselo”.
Sé que muchos de los lectores tienen un rosario de otras justificaciones, y muchos vendedores se verán reflejados en este comentario, porque el contenido cambia tanto como el vendedor y sabemos que son muchos los intentos para tener éxito con unos que limitan la cantidad a pagar a una cuantía irrisoria teniendo en cuenta los precios, y otros que solo admiten la transferencia para los artículos más caros y menos imprescindibles, y casi nunca es posible adquirir por esta vía aseo, arroz, azúcar, frijoles, entre otros.
Mientras las cosas van y vienen, seguimos viviendo en nuestra sociedad una especie de “unidad y lucha de contrarios”, categoría filosófica que expresa una necesaria contradicción entre los aspectos opuestos de un mismo fenómeno, lo que debe ser superado cuando se alcanza un estadío superior y así sucesivamente. Es la esencia de la dialéctica.