El comandante Ernesto Che Guevara afirmó, además, que a partir de ese combate la moral guerrillera se acrecentó, al igual que la decisión y esperanzas de triunfo. “Estábamos- dijo - en posesión del secreto de la victoria sobre el enemigo”, al tiempo que vaticinó esa acción como el sellaje de la suerte de los pequeños cuarteles situados lejos de las agrupaciones mayores del ejército batistiano.
En su relato sobre este combate, en Pasajes de la guerra revolucionaria, el Che fija en 53 los defensores del cuartel de El Uvero y en unos 80 los de la guerrilla. Y un testimonio de la crudeza de la lucha, lo dan por sí solas las cifras de bajas de ambas partes. Los ocupantes del cuartel tuvieron 14 muertos, 19 heridos y 14 prisioneros. Sólo seis soldados lograron escapar. Los atacantes tuvieron 15 bajas, entre ellos siete muertos.
En ocasión de cumplirse el aniversario 48 de la crucial victoria rebelde, los restos de cinco de los caídos en El Uvero fueron depositados definitivamente en el Mausoleo de los Mártires de la Revolución, en el cementerio Santa Ifigenia, cercano al recinto que atesora los de nuestro Héroe Nacional, José Martí.
Emiliano Díaz Fontaine, Gustavo Moll Leyva, Francisco Soto Hernández, Anselmo Vega Verdecia y Emiliano Rigoberto Sillero Marrero, descansan en este lugar, custodiados por su pueblo. En su natal Artemisa, están los restos de Julio Díaz González y allí recibe él también –al igual que aquí- el homenaje sentido de todos los cubanos. El cadáver del otro caído, Eligio Mendoza Díaz, no apareció nunca. Fue recogido por el ejército de Batista y trasladado junto a sus muertos hacia Santiago de Cuba, destino al cual no llegó, lo que hace presumir su lanzamiento al mar. Pero Eligio, el campesino que sirvió de práctico a la guerrilla y murió combatiendo en El Uvero, tiene también su tumba en el corazón del pueblo.
Heridos resultaron el entonces capitán y luego Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, en el brazo y pierna izquierdos; los tenientes Félix Pena y Miguel Ángel Manals, además de los combatientes Mario Maceo, Manuel Acuña, Enrique Escalona, Hermes Leyva y Mario Leal.
El entonces capitán y hoy General de Ejército Raúl Castro, afirmaría luego que “Almeida fue el alma del combate y el Che comenzó a destacarse allí como guerrillero
En el combate fueron ocupadas varias armas, entre ellas 45 fusiles – 24 garand semiautomáticos y 20 marca springfield, además de un fusil ametralladora browning y unas 6 000 balas calibre 30.06, junto a otros pertrechos de guerra. Así lo atestigua el máximo jefe guerrillero, el compañero Fidel.
El Ejército Rebelde continuaba así desarrollando una tradición iniciada en La Plata y que sería una constante durante toda la guerra: su principal fuente de abastecimiento de armas sería el arrebato de éstas al enemigo. Poco a poco, las viejas escopetas de cacería cedían su lugar, en las manos de los combatientes, a las armas mejor adecuadas para la lucha. “Cuando aprendimos a quitarles las armas al enemigo- diría Fidel- habíamos aprendido a hacer la Revolución, habíamos aprendido a hacer la guerra, habíamos aprendido a ser invencibles, habíamos aprendido a vencer”.
Hoy. A 69 años de la victoria rebelde en El Uvero, va nuestro recuerdo agradecido a los caídos aquel día, a los que vertieron su sangre y continuaron la lucha. Y a los que de la guerrilla, forjaron al Ejército Rebelde, embrión de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias, escudo infranqueable de la Revolución.