Por nuestras calles, montañas, costas y valles estuvo en numerosas ocasiones para oxigenarse “porque aquí recuerdo los días gloriosos de la Sierra Maestra”, tal y como afirmó el 26 de julio de 1988. Pero su vínculo con Santiago data de la infancia; luego vino el Moncada, su alegato de autodefensa La Historia me Absolverá, la lucha guerrillera, el triunfo, y los años sucesivos a 1959.
Solamente en ese primer año después de la victoria, el Líder Histórico de la Revolución nos visitó 14 veces; siempre en contacto con el pueblo, sosteniendo encuentros con las madres de los mártires, al tiempo que chequeaba programas y proyectos de beneficio social.
De manos de Fidel, Santiago de Cuba recibió la estrella de oro acreditativa del Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo. Aquí mereció reconocimientos nacionales e internacionales, como la Orden Angkor, distinción del Estado de Kampuchea; el escudo de la Ciudad y la Medalla Conmemorativa por el 50 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Presente en cada proceso eleccionario porque, como diputado, siempre nos representó en el Parlamento; las sesiones del IV Congreso del Partido; la tribuna abierta del 8 de junio de 2002 en la Plaza de la Revolución y cuya imagen acompaña estas líneas, cuando ni la lluvia intensa de toda la madrugada y la mañana impidió que el pueblo acudiera a esa cita con la Patria y con Fidel.
Y para sellar ese nexo entre el hombre y la ciudad, tras su desaparición física y con un dolor indescriptible, recibimos sus cenizas en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, con la misión imperecedera de honrarlo y custodiarlo, muy bien descrita por la pluma de Mirna Figueredo: “y aquí estás, de nuevo en el camino, vuelto polvo de estrellas, fetiche para no olvidar que un día estuviste con nosotros y nos contagiaste un sueño muy parecido a la verdad, tu especial modo de recrear la vida, de ser un don”.
El don de tener a Fidel
Santiago se regocija de tener a Fidel. Sus más de 100 visitas nos enorgullecen y ,sobre todo, el privilegio de que, desde su eterna tribuna en Santa Ifigenia -muy cerca del Maestro-, deviene en recordatorio sempiterno de que “Revolución es unidad”, forjado sobre el ejemplo de un hombre cuya vida y obra celebramos.