En esa ocasión el Gobierno de Eisenhower le prohibió a la comitiva moverse más allá de los límites de Manhathan y el hotel Shelbourne, por su ubicación geográfica, traspasaba esos límites.
En un ejercicio de amor propio, de dignidad, el Líder Histórico de la Revolución Cubana, respondió a ese ultraje y fue hasta la sede de las Naciones Unidas, hizo la denuncia de tal imposición y dijo que si era necesario la delegación acamparía en los jardines de la ONU.
Como se conoce todo terminó en el barrio de Harlem, donde fueron acogidos de corazón y atendidos por Malcom X, líder defensor de los derechos de la raza negra. Allí se inscribió una página de dignidad y decoro.
Este hecho trascendió en la historia, como también este 22 de septiembre cuando la delegación de Cuba abandonó la sala durante la intervención del presidente Trump, debido a su contenido irrespetuoso, ofensivo y carente de argumentos.
La salida de esa sala fue una muestra de dignidad, y reafirma la frase de que a palabras necias oídos sordos. Sí, porque era imposible quedarse sentado escuchando que Cuba “es un estado absolutamente fallido”; que “está fracasando como nunca antes”; que “caerá”; que Cuba cultiva “vínculos con grupos subversivos y radicales”; que “el comunismo nunca llegará a Estados Unidos pero la libertad llegará a Cuba”, que Cuba es una amenaza para ellos…
Parafraseando a Eduardo Galeano, solo los tontos creen que el silencio es un vacío, pero desconocen que a veces la mejor manera de comunicarse es callando, y en este caso, se afianzó con la posición de no responderle y además dejar los asientos vacíos.
Estoy segura de que esa misma sería la actitud de Fidel. Porque a Cuba se respeta.
Posteriormente, y como era de suponer, muchas fueron las muestras de apoyo, de exigencia del levantamiento del bloqueo, a lo que seguramente el gobierno de Trump seguirá haciendo caso omiso, porque el hueso está trabado en esa garganta y ya no sabe qué hacer ni qué decir.
Le siguieron respuestas contundentes como la del presidente Miguel Díaz Canel-Bermúdez al expresar que ese discurso fue “totalmente arrogante, prepotente, injerencista”, y afirmó que expresa “ese pensamiento genocida, criminal y de desprecio que hay hacia Cuba”.
También la del canciller Bruno Rodríguez Parrilla al decir desde la red social X que “el gobierno de Estados Unidos resulta incapaz de aceptar que Cuba es, y tiene el derecho a ser, un país plenamente independiente y soberano”,
Ambos hechos, enlazados en el tiempo y con posiciones de principio, reafirman las palabras de Fidel en aquella jornada del 60 cuando subrayó la necesidad que tenía Cuba -y tiene- de su autodeterminación, de la defensa de su soberanía y de su desarrollo.
La posición está clara y fue fijada en su histórico discurso en esa sesión de la ONU: “Desaparezca la filosofía del despojo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra (…) Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso”.
Y desde el programa radial Criterio Compartido –que salió al aire por primera vez esta semana- el presidente Díaz Canel la ratificó al expresar: “La libertad de Cuba llegó el 1ro. de enero de 1959 con esta Revolución, y esa libertad no la vamos a perder, la vamos a defender”.