Cultivarlo, alimentarlo, fortalecerlo, hacerlo grande de tamaño y en el tiempo, es tarea de dos. ¿Difícil? Puede ser, pero no imposible.
La vida diaria, los pequeños detalles, la convivencia, la aspiración de lograr una familia, procrear, educar, guiar, son momentos del amor en pareja que van formando ese mundo particular que también requiere que busquemos -dentro de toda la vorágine cotidiana-, el espacio único, ese entorno que nos da seguridad y confianza mutua.
Aún conservo en un pequeño autógrafo surgido en la adolescencia una frase escrita por una gran amiga y guía -a pesar de la diferencia de edad- que dice: “Ama hoy como si fueras a morir mañana”. Amar y entregar amor todos los días, es la mejor receta de vida, no solo para la pareja, sino a quienes nos rodean. Así surge la diferencia entre la rutina y la felicidad.
Sigamos apostando -a pesar de los pesares- por el amor. Ese sentimiento que nos hace soñar despiertos cuando es verdadero y que nos conecta desde el afecto, el cuidado y la empatía. No olvidemos que “va más allá de la pasión, implicando respeto, apoyo mutuo, compromiso y la aceptación de las imperfecciones del otro”.
No hay fórmulas mágicas. Es imprescindible la confianza, vivir con la certeza de que tu pareja te ama y nunca te hará daño intencionalmente; aceptar a tu pareja como es; y por último, respetar el espacio de cada uno.
Así, sencillo, fuerte y embriagador, es el amor. ¡Felicidades!