Amén de libros, documentos desclasificados, fotos y videos de casinos, vidrieras, calles transitadas por Ford y Chevrolet, y libertinos clubes nocturnos, detrás de la imagen de prosperidad y desarrollo subyacían el tratado permanente de arrendamientos de bases navales y carboneras, además del "derecho" de intervenir militarmente cuando lo consideraran necesario.
Si alguien se atreve a afirmar que aquel era el sueño de los mambises, el ideal de república soñada y peleada por Martí, Gómez y Maceo, y lo que necesitaban los cubanos, sin dudas será una persona desarraigada, con poca autoestimas y menos patriotismo; aquello sí era un sueño pero para anexionistas, terratenientes, empresarios norteamericanos radicados aquí, y españoles negados a ver a su antigua colonia libre.
Hoy sigue en la palestra el tema, esta vez con comparaciones oportunistas que pretenden descontextualizar la realidad de este momento histórico concreto, desconocer el impacto de 67 años viviendo cuesta arriba contra asedios, amenazas y el bloqueo, y como si fuera poco una línea más dura aún que pretende hacer sucumbir a la nación ante la sequía energética.
Me atrevo a decir que los de hoy son los mismo anexionistas del pasado pero evolucionados, montados en plataformas tecnológicas modernas para hacer guerras solapadas en busca del mismo objetivo de ayer; contra eso debemos tener presente la historia para que no se repita, porque aquella fue una república para recordar no para celebrar.