Santiago de Cuba,

Del vociferar, a ser objeto de escándalo

03 March 2025 Escrito por  Periódico Granma

Javier Milei pasó casi sin escalas de rol de estrella de rock al de Augusto (aquel que en la tradición del circo es el «tonto», el sumiso, el que recibe las bofetadas del jefe, el «cara blanca»).

Hace un tiempo, Milei llegaba a los foros internacionales de la extrema derecha y encarnaba el discurso del odio y la violencia. Ahora lo sigue encarnando, pero se le confunde con el rol del felpudo.

Su última actuación en Washington, cuando participó de la Cumbre de la Conferencia de Acción Política Conservadora (cpac), lo encontró en este nuevo papel, haciéndose el gracioso, regalándole una motosierra (símbolo de sus crueles políticas antipopulares) a Elon Musk, y apareciendo siempre en un obsecuente segundo plano de Donald Trump.

Ahora bien, más allá de la vergüenza que produce tener un presidente de tan baja estofa, otro análisis posible tiene más que ver con el pragmatismo.

La Argentina ha tenido, por lo general, gobiernos liberales, neoliberales y entreguistas. Uno de ellos, fue el de Carlos Menem, en los años 90. Era un momento crítico, para Cuba y para el mundo. Acababa de caer el Muro de Berlín, el socialismo real en la Unión Soviética y Europa del Este, había caído el sandinismo en Nicaragua, y muchos países latinoamericanos habían elegido presidentes neoliberales: el ya mencionado Menem, en Argentina; Luis Alberto Lacalle, en Uruguay; Fernando Collor de Melo, en Brasil; Carlos Salinas de Gortari, en México; Carlos Andrés Pérez, en Venezuela; Alberto Fujimori, en Perú…

Margaret Thatcher había dicho: «es el liberalismo o el abismo». Y Francis Fukuyama (asesor de George Bush padre) había decretado el «fin de la historia» y «la muerte de las ideologías».

En aquel contexto, Carlos Menem encaró un programa económico neoliberal, con privatizaciones generalizadas y una política exterior total y absolutamente alineada con Estados Unidos. Aunque siempre la combatimos, y sin compartir nada de aquellas políticas, es posible reconocer un grado de pragmatismo en ellas, ya que Estados Unidos se había convertido en la potencia hegemónica mundial.

Hoy la situación es absolutamente distinta. Estados Unidos es una potencia en franca decadencia, y el mundo es mucho más multipolar, con China y Rusia a la cabeza, con los Brics y muchos países de África y Asia que empiezan a levantar la cabeza. Por eso, la genuflexión de Milei ni siquiera tiene un anclaje en la real politik.

Y si no hay dignidad, y tampoco pragmatismo, lo que hay es ridículo. Porque hay un presidente que dice que quiere que la Argentina sea el primero en sellar un acuerdo de reciprocidad comercial con Estados Unidos, pero Trump le acaba de poner aranceles del 25 % a las importaciones de acero y de aluminio, sin ninguna distinción con otros países.

EL ESPEJO UCRANIANO Y LAS CRIPTO

La realidad de Ucrania, y de su presidente, Volodímir Zelenski, debería servir de experiencia, pero no es así. Maquiavelo decía en su libro El Príncipe que hay gobernantes que saben y saben que saben, el peligro es que caigan en la soberbia; hay otros que no saben y saben que no saben, pero pueden aprender; y finalmente están los que no saben, pero piensan que sí saben, esos son los peores. Es el caso de Milei, que sigue sin ver lo que se le aproxima.

Zelenski ha sido usado por los poderes imperialistas atlantistas para esmerilar a Rusia, para sentar las bases del saqueo de Ucrania, y para debilitar a Europa. Hoy, que ya no les sirve más, le sueltan la mano y lo descartan. No está lejano el día en que estos mismos poderes hagan lo mismo con Milei, aunque él no lo vea venir.

El escándalo de la criptomoneda pareciera ser un torpedo que ha golpeado justo en la línea de flotación de Milei, porque involucra a poderosos que han perdido mucho dinero con esta estafa, de la cual él fue partícipe necesario. Hay más de 200 denuncias penales en Argentina y Estados Unidos, y el Presidente argentino está siendo investigado hasta por el fbi.

En Argentina se empieza a notar que algo se rompió, sobre todo el poder que antes le garantizaba blindaje mediático, ya no se lo garantiza. Antes en la calle le gritaban de todo, pero eso no parecía afectarle, porque no cree en los derechos humanos. Pero ahora le gritan por lo que consideran un robo, una estafa, y eso lo afecta mucho más.

¿Cuánto tiempo pasará para que lo dejen a su suerte?

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