Santiago de Cuba,

La luz que intentan apagar, es inextinguible

03 February 2026 Escrito por  David Alejandro Medina Cabrales
Cubadebate

El decreto que firmó este jueves el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no es solo un papel con una firma. Para nosotros, los jóvenes cubanos, es el calor sofocante que sube del asfalto mientras caminamos kilómetros bajo el sol, porque no hay transporte.

Es la oscuridad total que envuelve el barrio de noche, apagando no solo la luz, sino también el internet, el estudio, la conexión con el mundo. Es la impotencia de ver a tu madre, una ingeniera con décadas de experiencia, calcular minuciosamente una gota de aceite para cocinar, porque el aceite, como el diésel, es ahora un recurso de guerra. Esta nueva medida, que castiga a quienes nos vendan petróleo, es la mano que estrangula nuestro presente y pretende robarnos el futuro. La llaman “presión económica”; nosotros la vivimos como violencia cotidiana.

Caminar, en la Cuba de hoy, se ha convertido en un acto, yo diría, que de resistencia. Caminamos porque el combustible escasea. Caminamos hacia la Universidad, hacia el trabajo, hacia el hospital. En cada paso, sentimos el peso concreto de este bloqueo recrudecido. El “emperador del mundo”, desde su torre de cristal, firma órdenes pensando en balances geopolíticos. Mientras, mi amigo Luis, estudiante de medicina, recorre a pie 7 kilómetros para llegar al hospital donde hace su guardia. ¿Dónde está aquí la “amenaza a la seguridad de Estados Unidos” que ellos alegan? La amenaza está en nuestra fuerza, en nuestra negativa a doblegarnos. La culpa de nuestro sufrimiento diario tiene un nombre y una dirección: 1600 Pennsylvania Avenue, Washington D.C.

Pero en cada joven que llega sudado a su destino, hay un gesto de desafío. No caminamos con la cabeza baja. Caminamos, a veces, cantando. Caminamos conversando, compartiendo la rabia y la esperanza. Esta generación, la que nació en un periodo complejo, no se rinde. No nos han dado lujos, pero nos dieron una historia: la de Girón, donde en menos de 72 horas un pueblo entero, incluidos jóvenes como nosotros, derrotó a la invasión mejor armada. Ellos creen que el cansancio físico quebrará nuestra voluntad.

Por eso, este ataque, que busca paralizarnos, en realidad nos moviliza. Nos moviliza hacia una unidad más férrea, hacia la creatividad más audaz. Si nos quitan el combustible, pedalearemos más bicicletas, montaremos en coche. Si nos oscurecen las calles, encenderemos las ideas. Si quieren asfixiarnos, aprenderemos a respirar de otra manera. La Revolución no es solo la de nuestros abuelos; es esta, la que hoy defendemos con pasos firmes sobre la tierra caliente.

A Trump y a sus cómplices les decimos: no podrán. Porque la juventud que ha aprendido a caminar sin parar, también sabe hacia dónde va: hacia adelante, sin miedo, construyendo el futuro que ustedes, con sus decretos miserables, nunca podrán bloquear. La luz que intentan apagar no está en los postes del tendido eléctrico; está aquí, dentro de nosotros, y es inextinguible.

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