Oscar y otros patriotas, junto a su esposa Manuela, habían sido hecho prisioneros tras un asalto español al campamento mambí de La Caridad, cercano al histórico poblado de Guáimaro.
El mando español, en esa ocasión, quiso utilizar el chantaje con el progenitor del joven Oscar, proponiendo la liberación del prisionero si el padre desistía de la lucha y abandonaba el país.
El padre de Oscar no era otro que Carlos Manuel de Céspedes, el máximo jefe del alzamiento revolucionario del 10 de Octubre de 1868, quien dio libertad a sus esclavos y se lanzó a la lucha por la independencia cubana.
Siendo Presidente de la República recibió una carta del Mando español con la insultante propuesta. "En mi poder, prisionero por fuerzas a mi mando, su hijo, Oscar de Céspedes. En sus manos de usted queda su salvación, dígame por el punto que quiere embarcarse para darles absoluta garantía. Por el portador puede darme la contesta".
Entonces la respuesta fue dada por la dignidad. "Primero perecerá toda mi familia y yo con ellos que traicionar a mi Patria. Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueren por nuestras libertades patrias".
Por ese hecho a Carlos Manuel de Céspedes se le reconoce en Cuba como El Padre de la Patria. Oscar fue fusilado, pero su padre ganó a millones de hijos que continúan venerándolo como el hombre que inició la Revolución continuada luego por José Martí y conducida al triunfo por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 1ro. de enero de 1959.
Los cubanos recordamos a Oscar y a Carlos Manuel como símbolos del espíritu inclaudicable de la familia cubana en defensa de su libertad e independencia.