Santiago de Cuba,

El deber cumplido

21 January 2026 Escrito por 
Foto: Cortesía de la entrevistada

Iliana Noemí Aguilera Ruiz, Licenciada en Enfermería, con especialidad en Terapia Intensiva y Jefa de Brigada de la colaboración médica cubana, compartió su experiencia tras regresar a Cuba luego de 17 meses de misión en el estado de Zulia, Venezuela. Con una misión anterior en Aragua (2015-2017), Aguilera relata anécdotas que reafirman el poder de la solidaridad por encima de las diferencias políticas.

Iliana Aguilera llegó al municipio Colón, Santa Bárbara, en el estado Zulia, el 31 de julio de 2024. Su destino fue el CDI Hugo Rafael Chávez Frías. Antes de pisar suelo zuliano, le advirtieron que se trataba de una región con una fuerte presencia política opositora. “Llegué con otra expectativa, no con miedo, sino con la disposición de trabajar y enfrentarme a esa comunidad”, recuerda.

Pronto, una experiencia la marcaría profundamente. Durante una guardia en terapia intensiva, asumió temporalmente la atención en emergencias debido a la ausencia del personal venezolano. Ingresó un paciente con dificultad respiratoria e hipertensión arterial. Con presteza, Aguilera le administró oxígeno, lo estabilizó y buscó al médico de guardia venezolano. La atención fue rápida y eficaz.

Solo después, cuando el paciente se recuperó, supo quién era: un concejal de la oposición, quien durante una campaña electoral sufrió un pico de presión y acudió al CDI por ser el centro de salud más cercano. “Él pregunta quién lo atendió. Le dicen que fue la cubana”, narra Aguilera.

El hombre, ya recuperado, fue personalmente a la sala de terapia intensiva para buscarla. “Me llama aparte para agradecerme”, relata Aguilera, aún conmovida. “Nunca pensó que sería atendido por un personal cubano. Me dio las gracias con palabras muy bonitas sobre la atención y la preocupación, independientemente de los ideales políticos”.

Para Iliana, ese momento fue decisivo. “Me marcó como profesional. No porque fuera opositor, sino porque ellos vieron la parte de la atención, el profesionalismo y la solidaridad de nosotros, los colaboradores cubanos”.

El gesto no quedó allí. El concejal envió una felicitación formal a la dirección del centro, reconociendo la labor de los médicos cubanos. “Me llamaron para informarme", cuenta con orgullo.

Aguilera desmitifica cualquier idea de hostilidad. “Yo tengo muy buenos recuerdos de la población de Santa Bárbara. A pesar de ser una población de opositores, no tengo quejas”. Al contrario, destaca que muchos vecinos preferían la atención en el CDI antes que en clínicas privadas. “Decían que se sentían mejor con los médicos cubanos”.

La razón, explica, radica en un trato humano que trasciende las condiciones materiales. “Con los pocos recursos que teníamos, brindábamos atención con preocupación genuina. Ellos lo veían. Se atendía a pobres y ricos por igual, y esa equidad la valoraban con cariño”.

Ese respeto se tradujo en protección mutua. “Ellos siempre estaban pendientes de nosotros. Yo me sentía como en familia, agradecida de que, tan lejos de tu país, un extranjero se ocupe por tu bienestar”.

Consultada sobre la tensión política y las recientes escaladas de conflictos en Venezuela, Aguilera enfatiza la disciplina y la seguridad que siempre sintió. Como Jefa de Brigada, su labor incluía reportes constantes a los asesores de la misión. “Nunca hubo una preocupación por parte de los asesores. Lo primero es preservar la vida del colaborador”.

Vivían en una zona alejada, a nueve horas de Maracaibo, donde “se vivía una paz y una tranquilidad cotidianas”. Siguieron al pie de la letra las restricciones de movimiento y estuvieron siempre informados por los medios y las orientaciones de sus superiores. “Nadie sintió miedo”.

Incluso ahora, desde Cuba, mantiene contacto con sus compañeros. “Todo está tranquilo, trabajando con normalidad”.

Iliana Aguilera es clara al opinar sobre los eventos que han conmocionado a Venezuela. “Yo repudio lo que ha ocurrido. De una forma u otra, ha sido un vandalismo haber invadido un país y secuestrado a un presidente legítimo. Es un atropello contra todas las leyes internacionales”.

Cree firmemente en la resiliencia del pueblo venezolano. “Ellos tienen mucha fe de que su país volverá a tener estabilidad emocional, social y económica. Yo también lo creo”.

La mayor satisfacción para esta enfermera llega en forma de llamadas desde Venezuela. “Mis pacientes me escriben preguntando cuándo regresamos. Dicen: ‘Dígannos si es verdad que la misión se acaba. La necesitamos’”.

Esas muestras de afecto son su recompensa. “Te das cuenta de que tu trabajo nunca fue en vano. Es la satisfacción del deber cumplido. Llegué a la población y ellos ahora, desde allá, me dicen: ‘Te necesitamos’”.

Iliana Aguilera finaliza con una convicción: “Ellos abogan porque nosotros, los cubanos, sigamos allí, dando atención médica. Y esa es la mejor prueba de que la solidaridad y la humanidad pueden construir puentes mucho más fuertes que cualquier diferencia”.

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Daniela Verdecia Castillo

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