Y se crearon plataformas como Transfermóvil y Enzona que permitirían manejar estas cuentas desde un teléfono móvil, a cualquier hora, día o ubicación dentro del territorio nacional. Además, se colocaron varios cajeros automáticos en distintas zonas para facilitar el acceso al efectivo o realizar trámites si no se cuenta con el dispositivo móvil.
Por otro lado, varias entidades establecieron el pago de sus servicios de manera digital como la Empresa Eléctrica, Etecsa, Correos, el Minjus, la Onat, Acopio y muchos otros que facilitaría la vida diaria sin necesidad de tener el dinero físico para efectuar pagos. Incluso, entidades de Comercio como las bodegas, los coppelia y otros podrían facilitar el efectivo recaudado a la población a través de La Caja Extra.
Un engranaje bien pensado pero que la mayoría de las veces no funciona como se soñó. La realidad no siempre cumple con nuestras expectativas, mucho más en circunstancias como las actuales: de inflación, de más demanda que ofertas, de desabastecimiento en los locales estatales y de una dolarización parcial de la economía que fija en muchos casos, los precios de productos básicos como alimentos o aseo.
A esto se le suma cajeros automáticos defectuosos y carentes de piezas para su reposición o mantenimiento. Eso sin contar que casi nunca tienen efectivo o se apagan por falta de fluido eléctrico, lo que limita su utilización hasta para realizar trámites de pago de servicios.
Lamentablemente a quienes más golpea esta situación es al anciano que vive de su chequera, que carece de un teléfo- no móvil -la mayoría de las veces- y se desgasta en colas en el banco para poder cobrar y no siempre lo consigue por la falta de efectivo en estas instituciones o solo le dan una parte de lo que cobra.
Por otro lado las entidades que deben prestar servicio de Caja Extra la mayoría de las veces “no tienen efectivo”: Los vendedores particulares no aceptan transferencia o si lo hacen por la presión estatal que se ejerce a través de los inspectores que la exige “es solo para un producto” “o mitad efectivo y mitad transferencia” o “no hay corriente y así no hay conexión y no funciona ni Transfermóvil ni Enzona” o “aceptamos, pero el dueño no está aquí”, “ya llegamos al límite de hoy” (aun cuando sean las 9:00 a.m.).
Un sinnúmero de respuestas que te dejan frustrado y con la sensación de que el dinero por el que trabajas todo un mes no tiene ningún valor.
Las razones -según explican a los usuarios- es que en los bancos no pueden después sacar todo el dinero que necesitan para invertir, por la falta de este en las instituciones. O quizás, es porque el efectivo no deja huellas y es más fácil esquivar los pagos tributarios. Lo cierto es que la mayoría de las veces no puedes conseguir lo que te urge, a pesar de tener el dinero en la tarjeta, y como me dijo un vendedor hace unos días cuando le pregunté si aceptaba esa modalidad del pago: “la transferencia es la ruina del negocio”.
A este contexto se les suman personas “pillas” que “amablemente” te cambian tu dinero digital por efectivo ya hasta con un 30 % por encima. Y como lo vi yo hace unos días en mi comunidad quienes más acuden a estos son los ancianos que apenas saben usar el cajero, pero ellos se encargan hasta de hacer las transferencias y marcan en las colas para cuando lleguen sus “clientes”. Y al final, lo que les queda en sus bolsillos, apenas les alcanza para subsistir todo un mes.
Existen esfuerzos gubernamentales y el tema ha estado en la agenda política durante varios meses buscando alternativas para que la bancarización no sea un proceso sangrante.
Incluso en las últimas semanas se han dado a conocer números de teléfonos para denunciar a los negocios que no acepten transferencia. Pero como me dijo una vecina: “puede ser que vengan, pero yo he visto cómo les ponen multas y siguen sin recibir transferencia cuando los inspectores se alejan”.
Todo esto debilita la fe en el proceso, que en vez de ser un agobio debería fluir para mejorar la calidad de vida del cubano. Y su funcionamiento en las actuales circunstancias es tarea de economistas muy capaces que encuentren cómo hacer palpable lo que una vez se soñó y que hoy se ha convertido en una pesadilla.
Números telefónicos donde puede llamar y denunciar si no aceptan las transferencias, si quieren cobrar porciento por encima del precio, o si no ponen a disposición el código QR para el pago: 22 645488 y 22 646625