«Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Porque tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo. Pero es la acción del pueblo la que será decisiva para alcanzarlo».
En estas palabras plasmadas en el Testamento Político del inolvidable José Antonio Echeverría, quedaron expresados el sentido revolucionario, el desprendimiento y la grandeza de ideales de los atacantes del Palacio Presidencial, cuyo ejemplo inmortal se inscribe con letras doradas, fundidas con balas y con sangre, en la tradición de rebeldía, intransigencia y dignidad de que es heredero nuestro estudiantado, y constituye estímulo y bandera para la tarea gigantesca que aún tiene por delante, como dijo Fidel, la de preservar la Revolución, la de construir el socialismo.
Los combatientes del 13 de marzo fueron al asalto y a la acción con el compromiso contraído en la Carta de México entre el Directorio Revolucionario y el Movimiento 26 de Julio –que ya desarrollaba su energía vital en la Sierra Maestra–, con el compromiso contraído de sus convicciones revolucionarias, y con el compromiso contraído con el pueblo.
Esos compromisos representaban una militancia antimperialista, una continuidad de las tradiciones de lucha de lo más puro del estudiantado cubano, y una identificación con las masas populares y sus aspiraciones. Y representaban enfrentar a los verdugos del pueblo y desafiar la cal viva de la tiranía, y convertir la idea en fragua, la voluntad en mármol y en acero los principios revolucionarios. Representaban retar la muerte y estar en disposición de realizar el acto supremo del patriotismo: dar la vida por la Patria.
Los combatientes del 13 de marzo –hay que decirlo alto, en el tono que ellos en la muerte le imprimieron a la vida– cumplieron sus compromisos. La huella de los mártires está entre nuestros estudiantes, en nuestros recintos universitarios.
En ocasión de la fecha, podría repetirse lo que Fidel expresó en el acto de recordación celebrado en la escalinata de la Universidad de La Habana, el 13 de marzo de 1961: «Muchas son las fechas que podríamos conmemorar, mas, hay algunas que son como símbolos; y esta fecha del 13 de marzo es una de esas fechas símbolos, que la patria debe recordar siempre».