El balance del año 2025 le nace a sin pausa, porque el capítulo ha sido una fragua. Prueba de ello son el premio anual nacional de la Academia de Ciencias de Cuba, varios lauros provinciales de la propia academia, y nada menos que seis resultados científicos reconocidos en el 58 aniversario del Premio Anual de Salud Pública.
Pero detrás de los números hay letra impresa: dos libros de sus miembros, uno de ellos trata el tema que este año marca la efeméride: las células T reguladoras. Y aún más: dos nuevos doctorados en Ciencias, dos investigadores titulares, un investigador auxiliar, docentes que escalaron a profesores titulares y auxiliares —dos y tres, respectivamente—, y hasta una maestría asumida. Todo, insiste, con un único beneficiario: la salud del pueblo.
Ese entramado de saberes no se teje en un solo sitio. Las universidades son el primer pilar: la de Ciencias Médicas, con sus cinco facultades, y la Universidad de Oriente, que suma grupos de investigación con resultados que tributan directamente a la salud.
Ahí están el Centro de Estudios de Biotecnología Industrial, el de Electromagnetismo aplicado, los de farmacia, todos con la inmunología como brújula. Y también los laboratorios de anticuerpos —Labex—, que pertenecen al Centro de Inmunología Molecular de La Habana y que en Santiago son fundadores. Pero la mirada de la doctora Robinson se detiene luego en los hospitales.
Habla del Hospital Provincial, con su grupo de inmunoalergia que ha mostrado garra y calidad; del Banco de Sangre, puntero en inmunohematología, donde todavía flota la huella imborrable del profesor Pedro Orlando González Corona, el padre de esa especialidad en el territorio; del Hospital Clínico Quirúrgico Juan Bruno Zayas Alfonso; del hospital militar; y de un grupo que ella echa de menos en la conversación, el cual impulsa la medicina regenerativa y la terapia celular. Un mapa vivo de la inmunología santiaguera, humilde pero con resultados que han resonado nacionalmente.
Y sin embargo, cuando se le pregunta por los retos, la respuesta no tarda. Hay que organizarse más, se lo ha dicho el director general de salud y ella lo repite casi como un mantra. Hay que desarrollar la toxicología en los hospitales, porque la cantidad de fármacos lo exige y para enfrentar el flagelo de las drogas. Hay que seguir apostando por la terapia celular y la medicina regenerativa, que ya han dado frutos extraordinarios.
Y hay que formar especialistas -en los hospitales, en los centros de investigación-, sabiendo que algunos se quedan y otros se van, porque así es la vida. Pero el tono no se quiebra. Al contrario, se enciende. Ella mira a los jóvenes profesionales que perseveran y siente que con ellos se puede hacer ciencia. Porque la inmunología santiaguera no solo atesora premios: tiene con quién pelear el futuro. Y eso, más que orgullo, es pura energía.