Santiago de Cuba,

En Santiago de Cuba descubren “cementerio sumergido” a los pies del Castillo del Morro

25 December 2023 Escrito por 

Un equipo de especialistas e investigadores del Centro Regional de Gestión y Manejo del Patrimonio Natural y Cultural Subacuático (CUBASUB), con sede en Santiago de Cuba, encabezado por el Dr.C. Jesús Vicente González Díaz, acaba de descubrir una suerte de “cementerio submarino” a los pies del Castillo del Morro San Pedro de la Roca.

El punto está con exactitud, en la zona este de la también conocida como “boca del Morro” o entrada-salida de la bahía santiaguera, donde se unen los terrenos del Castillo con el mar, y a unos 10 metros de profundidad.

En el inhabitual camposanto sumergido, reposan decenas de ánforas, lanzadas allí con las cenizas de difuntos, o luego de esparcir estas sobre las olas, última voluntad de quienes previamente habían pedido “su reposo eterno” en el fondo marino.

Ocurre, que junto a las ánforas aparecieron, además, cañones de la etapa colonial española; lo que fueron cajas, que conservan su forma, con balas de piezas de artillería; otros implementos de guerra… todo visto luego de quizás siglos sumergidos.

El equipo de CUBASUB en verdad, no buscaba ni vestigio de armas y mucho menos de un “cementerio bajo las aguas”, sino que lleva adelante una labor de prospección, relacionada con el cable submarino de comunicación, que en Santiago de Cuba todo el mundo conocía como “el cable inglés”.

Para ser más ilustrativo: cuando alguien en esta ciudad necesitaba enviar un mensaje con suma urgencia, le decían “mándalo por el cable inglés”. ¿Dónde estaba la oficina para hacerlo, que al mismo tiempo era el sitio hasta donde se internaba el cable en la ciudad?

En lo que es hoy un espléndido hotel; un hermoso edificio pintado de verde claro, en la calle Enramadas, esquina a Cuba, exactamente a una cuadra de la Avenida Jesús Menéndez, o Paseo Marítimo, o Cristina, o Lorraine.

En esas labores de investigación submarina estaba el equipo de CUBASUB, cuando se topó con el cementerio y el resto de los implementos. Pero ¿ánforas mortuorias junto con cañones?

Durante años, un sinuoso camino nos llevaba a unas grutas -más bien cubículos, sin duda labrados por el hombre, debido a su trazado casi perfecto- en los terrenos bajos del Castillo del Morro; también esos trillos nos conducía hasta un sitio que siempre nos llamaba la atención en nuestras aventuras juveniles, casi infantiles, por esos lugares próximos a la “boca del Morro”: un pescante -que ya no está allí- se proyectaba desde tierra, varios metros sobre el mar, con una argolla de hierro en la punta. Y es que por ese lugar, con un sistema de cables y maquinaria manual, los militares españoles extraían de embarcaciones, avituallamiento diverso para la guarnición del Morro, incluidas balas, cañones y otras armas, y también se embarcaban otros recursos.

En esos trajines estarían los hispanos cuando por accidente, algún que otro cañón o cajas con balas para estos, u otras pertenencias españolas, fueron a dar al fondo del mar.

Y como el paraje siempre tuvo condiciones excepcionales para la meditación y también se conservó el camino que bordea el castillo en ascenso o descenso desde el mar hasta la fortaleza o viceversa, pues dolientes de algunos difuntos, durante años, han optado por ir al lugar que tiene una suerte de plataforma, para desde allí lanzar las ánforas con las cenizas de sus muertos.

Esta práctica no tiene nada de misterioso ni se ha hecho ocultamente, solo que en verdad muy pocos sabían que tantos difuntos hechos cenizas, fueran a parar al mar y en un sitio tan estratégico como la “boca de la bahía” y exactamente debajo del emblemático Castillo del Morro.

A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre ha utilizado numerosas maneras de “enterrar” a sus difuntos, incluso de “enterrarlos en el mar”. En tierra hasta de pie los han sepultado; otros en posición fetal; en nichos (sepulturas en paredes), en osarios, en columbarios, directamente en la tierra, en panteones; en cuevas, en necrópolis; en el mar, en diferentes maneras: esparciendo las cenizas sobre las olas; quemando al difunto (al estilo vikingo) junto con la embarcación al pairo; o lanzando el cadáver al mar, directamente.

DEL CABLE, ÁNFORAS Y CAÑONES

Los de CUBASUB hurgan en el fondo marino detalles sobre el llamado “cable inglés”, que para finales del siglo XIX era lo más novedoso en comunicaciones, a partir de la gestión de la entidad británica "The Cuba Submarine Telegraph Company LTD" llegada a Cuba en la segunda mitad de la centuria y que tendió un cable desde Batabanó hasta Cienfuegos y de ahí hasta Manzanillo; otro, de la Perla del Sur hasta Santiago de Cuba, y de aquí hasta Haití y Jamaica desde estos sitios hasta otros países del mundo.

Cuando la guerra hispano cubano norteamericana de 1898, la marina yanqui cortó el cable; luego fue restituido y aunque con equipamiento obsoleto se mantuvo en funcionamiento hasta 1975.

Pero toparse con tantas ánforas funerarias y cañones, balas… a los pies del Morro ha constituido un “regalo” para los exploradores de CUBASUB con el inefable Vicente González al frente, quien aseguró que ya realizan un “trabajo de campo” con algunas personas del entorno, que han “depositado” en el mar, las cenizas de sus muertos.

Para más claridad sobre el tema, y porque seguramente “el descubrimiento” no quedará en eso, solamente, aquí reproducimos el fragmento final de un artículo del Dr.C. Jesús Vicente González Díaz, sobre el aniversario 26 del Castillo del Morro San Pedro de la Roca como Patrimonio de la Humanidad, con referencia ese segmento, al tema del cementerio sumergido:

“El castillo que forma parte del sistema defensivo, junto a los restos arqueológicos de los fuertes y baterías de la Estrella, La Socapa, Santa Catalina han sido muy bien estudiados en diferentes épocas y acompañan estas investigaciones: planos, mapas, grabados, fotos y todo tipo de documentación, sin embargo, algunos temas salen al escenario patrimonial muchos años después.

UN CEMENTERIO SUMERGIDO

“Descubrimiento de un cementerio” sumergido en el mar, en un lugar especial del Morro. Algo nuevo que surge a partir de la espiritualidad humana…

Circunstancialmente, batallas navales, contingencias meteorológicas, grandes accidentes han llevado a sucumbir bajo las aguas decenas de seres humanos en diferentes coyunturas históricas convirtiendo esos pecios en tumbas perpetuas que recuerdan los trágicos acontecimientos.

También el hombre a través de la historia y atendiendo a costumbres, supersticiones, tradiciones o religiosidad, entre otras, ha concebido el destino final de sus restos mortales o el de sus familiares, muchas veces atendiendo a circunstancias de la vida, el cargo, el rango, la categoría o incluso el poder del difunto. Estos elementos no solo nos conducen a majestuosas pirámides, siniestras catacumbas o grandes mausoleos; el mar y la magia que lo rodea, han sido acreedores de la espiritualidad de los hombres y concebidos como lugar de reposo de sus muertos.

Haciendo una prospección y reportaje en los frentes submarinos del Morro y con el objetivo de inventariar el laberinto que conforma la trama de líneas del “cable inglés” ese antecesor de la fibra óptica que nos permitió la comunicación telegráfica por una centuria (1875 a 1975) , evaluando la salida de los ramales hacia la Mole, en Haití, y Jamaica y los que en diferentes épocas nos enlazaron con Cienfuegos y el resto del mundo. Y en el propósito de redimensionar su estudio y registro arqueológico, con pasmoso asombro hicimos un inusual hallazgo: UN CEMENTERIO SUMERGIDO” en el fondo del mar, casi a los pies del imponente castillo entre 8 y 10 m de profundidad, entre vetustos cañones colmados de concreciones, ruedas de cureñas, balas y disimiles herrajes, una impresionante cantidad de ánforas mortuorias en diferentes estados de conservación… ngangas con ofrendas, botellas de ron, restos de altares… y cualquier diversidad de ofrendas diseminadas por el batir del mar.

TRAS UNA EXPLICACIÓN DEL HALLAZGO

La ubicación del morrillo, es la extensión más sobresaliente de la plataforma baja del castillo, el nivel más cercano al mar, donde otrora existió una estructura en V de dos grandes pedestales de troncos de madera que se usó de “grúa pescante” con aparejo para la multiplicación de la fuerza a partir de motones y polipastos y por donde se subían desde el mar todo tipo de recursos y avituallamientos incluido armamentos (lo que explica el residuario arqueológico), facilita hoy llegar por tierra al extremo más cercano al mar de la fortaleza, en un solitario entorno cautivador y evocativo desde donde familiares, hermanos de religión y amigos peregrinan a arrojar los restos de los fallecidos junto a ofrendas flores y objetos rituales.

Se incorpora así, al valioso patrimonio de la espectacular estructura defensiva, algo nuevo que la espiritualidad del pueblo enriquece e interactúa en un entorno de sobrecogedora belleza y encanto. Entre el Batir de olas, la luz del alba y los ocasos se alza casi indiferente al tiempo ese centinela de la historia, sus muros de piedra, testigos de penurias y glorias de su pueblo, hoy hace honores y gala como guardián de sus muertos”.

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MsC Miguel Angel Gainza Chacón

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